A's profileUniverso de APhotosBlogListsMore ![]() | Help |
|
November 06 Reinas trágicas IIParte 2
-Isabel II de España (1830-1904): Si las anteriores Reinas os han parecido trágicas, es probable que ninguna supere a Isabel, cuya tragedia comenzó incluso antes de su nacimiento, y durante toda su vida se vio rodeada de verdaderos monstruos de ambición (lo cierto es que recuerda mucho a las heroínas románticas de las novelas de su época: La Regenta, Fortunata y Jacinta...), mientras ella, bondadosa por naturaleza, lo perdonaba todo; sí, con razón acabó siendo llamada por el escritor Benito Perez Galdós "la Reina de los tristes destinos".
Sí, antes de nacer Isabel, reinaba Fernando VII de Borbón, dinastía que había traído consigo de Francia la ley sálica (ley que impedía y negaba derechos a las mujeres sobre un trono, la cual se había instaurado definitivamente para evitar guerras tales como la de los 100 años; aunque en España no venía a nada, pues si bien había primacía del varón, la mujer nunca estuvo excluida del trono); el monarca, que tuvo que pasar por hasta cuatro esposas para tener hijos, con la última, María Cristina, vio por fin cumplido su deseo de la esperada descendencia, aunque fuese femenina, afortunadamente, años antes, la ley sálica había sido abolida a favor de la pragmática sanción, que permitía a las mujeres heredar; pero había alguien que no estaba dispuesto a admitirlo, el que se había visto como heredero durante todo ese tiempo, el Infante Carlos, hermano del Rey, que rápidamente, a pesar de las ordenes del monarca, no aceptaría a la niña recién nacida como heredera y esperaría pacientemente su momento, un bebé no iba a acabar con sus pretensiones, y la recién nacida Isabel, aún apenas nacida, ya tiene un archienemigo que hará lo que sea para arrebatarle el trono y que no dejará de cuestionar sus derechos. El nacimiento de una segunda hija de este matrimonio (la Infanta Luisa Fernanda), consolidará la posición de Isabel y reforzará las ideas del Infante Carlos y de sus partidarios. Fernando VII, no obstante, ya se ha asegurado de que todo sea legal para que su hija pueda reinar, pero entonces, enferma. La Princesa de Asturias (es decir, Isabel, la heredera) no tendrá más de dos años y aunque el testamento dice que la Reina deberá de ser la regente de España durante la menor edad de su hija, pronto varios intrigantes la hacen creer que no tiene el apoyo de la nación, la Reina está aterrada, y es convencida de que debe de hacer revocar a su marido, en su supuesto lecho de muerte, la pragmática sanción, y que su hija no gobierne, Fernando VII, totalmente débil, accede. La Princesa parecía haber perdido el trono a favor de su tío, pero para sorpresa de todos, el Rey se restablece, y naturalmente, vuelve a imponer a su hija como heredera; mientras tanto, la hermana de María Cristina, la Infanta Carlota, la pone verde y la califica de “regina de galleria”; pero todo ello sólo ha demostrado la falta de carácter de la regente, que nunca se sentirá segura si no es teniendo al ejército a su favor; y que irá acumulando cada vez mayor manía hacia su hermana, que parece obsesionada con gobernar. Mientras, Isabel, en cuestión de semanas, ha perdido y recuperado el trono con tan solo dos años. A los tres años pierde a su padre, la primera de sus grandes perdidas; pero no será la única tragedia del momento, mientras la Reina pasa a ser la “Reina gobernadora”, el Infante Carlos no pierde el tiempo y comienza una guerra civil (primera guerra carlista) con el objetivo de hacerse con el trono y deshacerse de su sobrina de tres años. Isabel, es proclamada inmediatamente Reina a esa edad, pasando a ser Isabel II (y siempre se vería comparada con la primera Isabel, la católica), no todos los países la reconocen, dando así esperanzas a los carlistas. Realizar la ceremonia con una niña tan pequeña es complicado, pero eso es lo menos importante, puesto que todos empiezan a notar en el besamanos, la especial aspereza de la piel de la nueva Reina, claro síntoma de mala salud. La Reina gobernadora intenta mantener el absolutismo heredado de su marido, pero no puede, lo cierto es que no tiene aptitudes políticas y sólo sabe rodearse de camarillas sin fuerza suficiente para imponer su voluntad; por encima, la mayoría de los conservadores que podrían apoyar la opción que ella desea, se han puesto de parte del Infante, y pronto ve que no queda más remedio que hacer una aproximación a los liberales; y se hizo, con una especie de constitución, el estatuto real, que apenas recortaba las prerrogativas reales (y aún dentro de sus partidarios encontrará gente muy decidida a derrocarla, como su propia hermana Carlota, que alejada del poder, no parará de intrigar incesantemente, aún después de haberse ido a Francia). Los jefes de gobierno se suceden (algunos son detestados por la Reina gobernadora), y las revoluciones también, en 1835 y 1836; que obligan a una mayor liberalidad (puesto que los liberales se dividen en moderados y progresistas); María Cristina trata de imponer siempre a los moderados, pero finalmente tendrá que cargar con un progresista demasiado popular: el general Espartero (que ha acabado con la guerra carlista); sí, la Reina gobernadora ha conseguido hacerse impopular (y por encima se ha vuelto a casar en secreto con un militar) y cada vez resulta más humillante que siempre que aparecen juntos el Duque de la Victoria y ella, él salga más aclamado; Espartero además no se deja seducir por ella; con lo cual acaban declarándose la guerra cuando la monarca sanciona una ley a sabiendas de lo en contra de ella que estaba el general. El resultado acaba siendo que ante la inmensa popularidad de él, ella acaba renunciando a la regencia (hay versiones sobre si Espartero la obligó a ello o si ella lo hizo para dejarle a él como un monstruo que separa a una hija de su madre); es así, como Isabel II ve partir a su madre a los 10 años, probablemente sin entender gran cosa. Hay un punto que es importante aclarar, que la ya Reina madre se haya exiliado a la corte de Luís Felipe (pariente suyo) en París no significa en absoluto que deje de hacer política, no, en absoluto, ella tiene el deseo de volver, y de hacerlo triunfante; pero mientras tanto, ha sacrificado cruelmente a sus hijas, que se quedan aunque no en la teoría, sí en la práctica huérfanas; porque lo cierto es que a partir de ahí, Isabel II no tendrá influencia positiva de ningún tipo, nadie a quien seguir, y sobre todo, nadie a quien entregar todo el amor que ella posee (muestra de ello, es que cuando la condesa de Mina, asignada por los progresistas para ser la aya de la Reina se presenta ante esta, esperando un recibimiento frío, puesto que ha sido su partido el que le ha arrebatado a su madre, la niña, se lanza sobre ella y le da un abrazo como bienvenida). Sí, Espartero será el regente, pero es frío; y lo cierto es que ni en palacio la pobre niña puede estar tranquila, donde sólo hay espías, partidarios de uno u otro partido; sí, lo cierto es que todo son intrigas, y todo el mundo intenta llevar a la joven Reina hacia su lado, su propia madre, urdirá un plan para secuestrar a su hija y llevarla con ella, para luego volver triunfante, pero los generales que asaltan el palacio sólo consiguen llegar a la despensa. Detenido este incidente por otros generales progresistas, el regente le pide a la Reina que les conceda unos honores, por ser súbditos tan fieles que la han protegido; tan pronto la niña se va a cambiar, una de sus criadas le dice que de ningún modo debe darle honores a esos traidores, que piense en su pobre madre y que a quien debe de honrrar debe de ser a otras personas; la pobre niña, no sabe que hacer, ¿Cómo saber quien tiene razón?. Todo eso se acentúa cuando los asaltantes son condenados a muerte, hay quien en palacio le ruega por ellos, que son personas leales a ella y a su madre, otros le dicen que son traidores, todo el mundo la acosa, y cuando del agobio la pobre chica no puede más, rompe a llorar; la Reina sin embargo, siempre bondadosa, pide que no se les condene, pero el regente no hace caso. Durante ese tiempo, a pesar de que hubo quien dijo a la tutora “siga formándonos una Reina Victoria”, lo cierto es que nadie se preocupa realmente de la educación de la Reina de España, baste con decir que si había algo que suprimir eran siempre las lecciones y que entre ellas estaba el coser y el bordado (algo muy útil para una mujer burguesa de la época, pero lo que es para una Reina de España…); aunque con lo que Isabel realmente disfruta es con las lecciones de canto, en las que se revela como una gran mezzosoprano (es posible que hubiera sido una gran cantante de ópera), con su hermana acompañándola al piano, formando una pareja encantadora. Espartero pierde el poder y entran los moderados una vez más de una forma poco apropiada en esa incipiente democracia (las constituciones cambiaban con cada partido), y aunque hay personas con buena voluntad como Narváez que sí desea la alternancia de partidos, los ambiciosos no faltan, y no tendrán ningún problema en implicar al trono para defenderse, todo vale. Un gran ejemplo, es la proclamación de la mayoría de edad de la Reina, allí se tiene en cuenta cualquier cosa excepto si la Reina está o no preparada (tenía tan sólo 13 años), existen múltiples facciones, a María Cristina le interesa sumamente que suceda, así podrá volver a España, a los moderados partidarios de Olozága también; a los de Cortina en cambio no, porque se llevan mal con la Reina madre; y los progresistas también están divididos. Mientras, Isabel II, no puede sino lamentarse “¿y como voy a gobernar si yo de eso no sé nada?”. La pobre acaba siendo nombrada mayor de edad. Hay intentos de alternancia, se hace que un progresista Olozága, sea presidente del gobierno, pero a pesar de los acuerdos firmados entre partidos, rápidamente los olvida una vez en el poder, y hace firmar a la Reina una disolución de las cortes para poder reorganizarlas a su modo (¿por obligación?), cuando al día siguiente Isabel II se lo comenta a su aya, la marquesa de Santa Cruz, esta exclama “¡vuestra majestad ha firmado la sentencia de muerte de la monarquía!”; Olozága saldrá, naturalmente muy perjudicado políticamente, y nunca se lo perdonará a la Reina, por lo que, a partir de ese momento, hará todo lo posible para hacerla caer. Narváez, acabará haciéndose con el poder, e inaugurando una de las etapas más estables (las de los moderados siempre lo fueron); María Cristina vuelve a España y vuelve a ver a sus hijas después de tantos años (aunque se irá de vez en cuando, cuando no esté de acuerdo con el jefe del gobierno). Pero la tranquilidad nunca llega, pronto se suscitará otra importante cuestión: el matrimonio de la Reina, que de inmediato se convierte en una cuestión internacional en la que todo el mundo opina, todo el mundo claro, excepto la Reina Isabel II; la cual sólo oye leves rumores de posibles candidatos y pregunta “¿es cierto que me van a casar?”. Una vez más todo el mundo tiene intereses (y ninguno a favor de la joven Reina); la Infanta Carlota ha hecho firmar hace años a su hermana un papel en el que destina a sus dos hijas a los dos hijos de ella, y defiende su legalidad una y otra vez (e incluso ha llegado hasta el punto de ir a palacio a presentarle a su hijo mayor en secreto a la Reina); María Cristina no puede ni ver a su hermana, y no quiere bajo ningún concepto casar a sus hijas con sus sobrinos, por el contrario, quiere casarlos con los hijos de Luís Felipe I de Francia que tan bien la ha recibido en Francia; pero a ello se opone radicalmente Inglaterra y Alemania, hasta el punto de que las naciones realizan el tratado de Eu según el cual Isabel deberá casarse con un descendiente de Felipe V (primer Rey de España de la rama Borbónica); ¿pero para que están los tratados si se puede negociar en secreto? Los moderados, María Cristina, los progresistas buscan candidatos en todas partes; aunque los hay que piensan que lo cierto es que no es realmente importante con quien se case, puesto que es una niña con mala salud, y probablemente no tenga hijos (aunque Isabel II demostrará que, aunque siempre conservará su enfermedad de la piel, en lo demás estará enteramente saludable; fue una gran amazona que nunca se cayó de un caballo), así que nada de que la Infanta Luisa Fernanda se case (con Montpensier, como deseaba la Reina madre; que aunque nadie podía sospecharlo, sería uno de los principales artífices de la caída de la Reina) hasta que su hermana mayor esté casada y tenga hijos. El elegido gana porque nadie lo apoya realmente: Francisco de Asís, un gran triunfo para el hijo de la Infanta Carlota, que no lo ve porque está muerta. La Reina es casada a los 16 años. Francisco de Asís, homosexual o como mínimo bisexual, y no podía tener un temperamento más contrario al de su mujer; retraído, en ocasiones mezquino, orgulloso y frío, sólo se muestra cariñoso con su esposa cuando quiere algo de ella (también será uno de los que intriguen en contra de su propia mujer). Sobre él existen varias anécdotas contadas por la propia Isabel II, en las que, con su modo de hablar tan castizo, tan gracioso, se dijo que cuando le anunciaron quien sería su marido, ella respondió “¡con Paquita no!” y por si esto fuera poco, también declararía, a un embajador mucho tiempo después hablando de su marido: “pero excelencia, ¿qué se puede decir de un hombre que en la noche de bodas llevaba más puntillas que yo?”. El matrimonio ha sido acordado por los moderados y por eso ya hay muchos interesados en que fracase; y no es difícil, la real pareja, con caracteres tan distintos no se lleva bien; Isabel es buena, generosa, abierta, encantadora, trata de acercar a la gente a sí misma, amante de la equitación y de las salidas al aire libre siempre ha sido así y nadie puede cambiarla; él es todo lo contrario. Así pues, cuando el Rey consorte mantiene "amistades" masculinas y femeninas, la Reina también decidirá hacer lo mismo; cosa que la condenará para la historia (¿cuántos la han acusado de ninfómana?, pero en cambio, ¿hay algún Rey del que se haya dicho que padecía satiriasis?); y todos esperan sacar tajada de ella, que ingenua y generosa a más no poder, da lo que se le pide ¿qué el gobierno le dice que les perdone la deuda millonaria que tienen con la Casa Real y que tan necesaria será de ser cobrada cuando nazcan los hijos? perdonada, ¿que pide dinero? concedido, ¿qué se necesita traer una máquina del extranjero para crear una fábrica? por supuesto; la gente no se cansa de pedir y ella tampoco de dar. Así, su primer amor, “el general bonito” Serrano, es un escándalo público, él se afilia a los progresistas, y se oyen vivas a la Reina en el teatro, en la calle, como aplaudiendo su elección; el Rey consorte se enfada, se marcha al Pardo y abandona a la Reina durante meses por más que ella le suplica y le pide perdón, todo Madrid ve las lágrimas de la Reina (que sigue cumpliendo puntualmente, y a pesar de todo, todos sus compromisos) y el consorte nunca será popular después de eso (aunque protagonizará más altercados de este tipo a lo largo del reinado, cada vez que tiene un capricho, cosa que Narvaez no le consiente y llega a ponerlo bajo arresto). La Reina tendrá cinco hijos que llegarán a la edad adulta (tuvo otros abortos e hijos que murieron siendo niños). Isabel II continuará un reinado sumamente complicado, en el que todo el mundo tiene algo que decir, y que se resume en sus propias palabras: “alguien me decía, debes hacer esto, luego otro decía, no debes hacer lo otro, y luego llegaba un tercero que decía, ni lo uno ni lo otro, debes hacer aquello”; incluido un golpe de estado progresista con un gobierno que duraría dos años; y en el que se incluirían desamortizaciones a la Iglesia que Isabel II como buena católica no era capaz de admitir (especialmente porque llegó a ser dominada por su confesor y por la monja sor patrocinio; así, la Reina tanto pasaba de una devoción fanática a tener un nuevo amante); por lo que le regalaría al Papa una nueva tiara, al recibirla, este la despiezó y entregó el dinero a los pobres. Los moderados volverían a gobernar, pero Isabel II está más que decidida a gobernar y a ejercer como Reina, pero poco a poco se irá quedando sola cuando sus partidarios vayan desapareciendo; muchos ya traman contra complots contra ella (incluidos familiares), y se acaba acordando que no se sabe que pasará luego, pero hay que derrocar a Isabel II. Se manipulará al pueblo para que organice una revolución “la gloriosa”, hay muchos interesados en que la monarca caiga, porque saben que de no ser así, nunca podrán acceder al gobierno (o al menos no como desean hacerlo), así que empezarían a oírse por las calles gritos en contra de la dinastía. Los republicanos, como no, terjiversan (por no decir que crean directamente una realidad alternativa) todos los acontecimientos de la forma más absurda y olvidan cuidadosamente todas las muestras de bondad de la monarca. A la Reina se le anuncia el comienzo de la revolución, a lo que ella responde "y bien, que remedio hay?", a lo que le responden "colgar a los traidores", ella inmediatamente responde "eso no lo hago yo aunque me cueste el trono", así será, una vez más se aprovecharan de la afabilidad de Isabel II. Revolución, batallas, Isabel II acaba teniendo que abandonar el trono, se marcha a París donde vivirá exiliada, allí, protagonizará varias anécdotas: como cuando decide regalarle a una doncella un vestido, cuando esta lo usa, descubre un fajo de billetes dentro, así que, honradamente va a devolvérselos a la ex-monarca, la cual le responde, “quédatelos, son un adorno del vestido”. Su generosidad era tan conocida, que un abogado, tras representarla, le dijo que no aceptaría regalos valiosos, así que ella le pidió que al menos aceptara un retrato, a lo que el le respondió, “de acuerdo, pero sin joyas”; efectivamente, Isabel le mandaría un retrato en la que ella aparecía sin ninguna joya y con una nota "ya veis, sin joyas", pero el marco, era de la más fina pedrería, el abogado, aceptó el retrato y devolvió el marco. Desde París, vería también como su dinastía era sustituida por los Saboya, pues España, lógicamente, era incapaz de proclamarse república; debido a la poca resistencia de Amadeo I, que renunció al trono y abandonó el país con la frase “me parece estar volviendo de un viaje a la luna” (inestabilidad absoluta); teniéndose que proclamar el país, en palabras de un político, “una república sin republicanos”, que afortunadamente sólo duraría unos meses. Isabel II debía de hacer ahora la mayor renuncia, si quería que se restaurase la monarquía, debía abdicar en su hijo Alfonso, perdiendo de ese modo y para siempre la posibilidad de volver a reinar; lo hizo, y Alfonso XII fue proclamado Rey, lo que vino compensado con otro disgusto, la mujer que su hijo había elegido era su prima, hija de aquel Montpensier que no había parado de intrigar para derribarla; lo que empeoraría mucho las relaciones con su hijo. Con la muerte, a los pocos meses de esa esposa, Isabel iría y vendría a España, y podría ver la consolidación de la monarquía con el sistema canovista: Alfonso XII, la regencia de María Cristina y después el principio del reinado de Alfonso XIII.
-Sissí (1837-1898): Conocida por ese apodo, Isabel de Wittelsbach no estaba destinada a ser la consorte del emperador de Austria, todo se le vino encima y aunque muchas veces no dudó en ayudar a las causas que creía justas, sobre todo trató de huir desesperadamente en busca de la felicidad (de una forma muy parecida a la de su primo Luís II, que conocemos por el relato de aquí en Universo de A, La herencia del Rey loco). A pesar de que Sissí pertenecía a la dinastía real de Baviera, lo cierto es que sus primeros años y su vida estuvieron muy alejados de una vida “de Princesa”, no, ella vivía en una casa familiar en el campo, donde podía practicar deportes, hablaba sin ningún problema con todos los habitantes del lugar y no estaba constreñida a ningún tipo de norma, ella y sus muchos hermanos. Pero esa vida idílica acabaría por sorpresa a los 16 años y de la forma más inesperada; su madre, Ludovico, llevó a una buena parte de la familia a ver a su hermana, la Archiduquesa Sofía, con la esperanza de presentar y ya planificar un enlace de la hija mayor: Elena. Eso nunca ocurriría; el joven Emperador, Francisco José se quedaría prendado de Sissí, su gusto fue respetado, y la pareja se casó enamorada. Antes de continuar, es bueno saber algo más sobre la corte vienesa de la época y como había llegado a esa situación; El anterior Emperador había sido bastante inútil y no estaba capacitado para su puesto, conscientes todos de eso, y sabiendo que el siguiente hermano que ostentaba los derechos (y con el que estaba casado la archiduquesa), no era nada más allá, Sofía pronto vio claro hacia donde iría todo: su hijo, Francisco José, este fue extremadamente disciplinado, y su madre le impuso un modo de hacer tremendamente ordenado que conservaría el resto de sus días; sí, ahora sólo cabía aguardar la esperada abdicación. Y sucedió, la Archiduquesa había triunfado, y nada más nombrado su hijo como Emperador, se alzó como jefa de palacio y no permitió que nada se moviera sin su consentimiento, extremadamente conservadora, mantenía todas las tradiciones con rigor, pero Europa estaba, o más bien, había cambiado (por primera vez en la historia de la nación se atentó contra el Emperador cuando este paseaba libremente por la muralla; lo que fue asombroso, pues durante toda la historia, todos los extranjeros no cabían en su asombro al ver como la Familia Imperial se paseaba sin ningún tipo de escolta por toda Viena; en todo caso, aquella intentona nunca fue perdonada por la Archiduquesa). Sissí, como se habrá adivinado, era todo lo contrario, y rápidamente empezaría a tener problemas de adaptación a la estricta etiqueta de la corte, aquella permanente vida pública resultaba agotadora e insufrible para la joven que no soportaba que cualquiera pudiese entrar en sus habitaciones cuando quisiese para los “cercles” por el hecho de tener un alto rango. En cuanto a Francisco José, se dice que no tardó en tener amantes, y la joven Emperatriz vio como tendría que aguantar eso, quisiera o no. Naturalmente se enfadó con su marido, y volvió a su casa en alguna ocasión, pero allí le hicieron ver rápidamente que ella había dejado de ser quien había sido y ahora era la Emperatriz de Austria, tendría que resignarse. Pero esos serían pronto los menores de sus problemas, cumpliendo con su principal deber como consorte, proporcionó una posible heredera al Imperio, una niña llamada Sofía; la archiduquesa, inmediatamente quiso ponerla a su cuidado, debía de hacer tan buen trabajo como con su hijo, y no paró hasta arrebatársela a la pobre Emperatriz, pero Sissí no estaba dispuesta a ceder, esta vez sí que no, volvería con sus padres, pediría su intercesión, rogaría a su marido, haría cualquier cosa para recuperar a su hija, que debía criar ella pues era su madre; la archiduquesa Sofía no dejaba de argumentar la escasa preparación de la joven Emperatriz y la necesidad de un constante cuidado de una posible heredera del Imperio, pero finalmente los argumentos maternales pudieron más. Desgraciadamente para Sissí, su hija murió en un viaje a Hungría a los dos años. Aprovechándose de esta circunstancia, la archiduquesa Sofía vio su gran oportunidad para declarar la incompetencia de la Emperatriz y el absurdo de haber sometido a una niña tan pequeña a semejante viaje; Sissí débil, y el Emperador escarmentado, además de una madre con una influencia casi absoluta, lograron que la Emperatriz no pudiera volver a criar a sus hijos, que se le arrebataban nada más nacer entregándolos a la archiduquesa, y fue así como Sissí vio como sus hijos crecían como auténticos desconocidos que se dirigían a ella con toda la formalidad y el cariño que el protocolo permitía, Gisela primero, y luego Rodolfo. Sissí por otra parte, seguía sin integrarse en la corte a pesar del tiempo que pasaba, y todo el mundo a quien conseguía entregar su confianza parecía traicionarla (su cuñado Luís Víctor por ejemplo); si a eso complementamos el hecho de que supo como su querido primo Luís II de Baviera, tan parecido a ella moría en circunstancias tan extrañas, pues todo eso no ayudaba. Quizás por eso empezó a obsesionarse con su fijo, sí, todo el mundo diría que era rara, pero también dirían que era perfecta y hermosa; así empezó a obsesionarse con no pasar de los 45 kilos, y a pesar de las advertencias médicas practicaba dietas exhaustivas y practicaba ejercicio sin descanso, ya fuera al aire libre con kilométricas caminatas o en sus habitaciones donde había ordenado poner aparatos de gimnasia (que aún se pueden ver en el palacio de Holfburg); eso sin nombrar sus arreglos personales, el peinado de su pelo llevaba cuatro horas; pero, el mito de su hermosura ha perdurado a través del tiempo (y también de su supuesta anorexia, aunque no creo que se pueda decir tal cosa). Pero Sissí estaba muy lejos de preocuparse sólo por el físico, de grandes inquietudes intelectuales: era una gran liberal, escribía poemas, leía a los grandes autores, estudiaba todo tipo de cosas (durante sus largos peinados), incluidos idiomas, algunos no muy del gusto de su suegra, como el húngaro, nación por la que llegó a sentir un gran aprecio (estudio su cultura, la visitó, disfrutaba descubriendo nuevas cosas…), hasta el punto de influir en su marido para que, viendo el cada vez más creciente nacionalismo, ser coronados como Reyes de Hungría y de ese modo apaciguar la situación, nacía así el famoso Imperio Austro-húngaro. Desgraciadamente, esas influencias en política sólo la volvieron más impopular en Viena, donde se llegó a inventar el malicioso rumor de que la última hija que había tenido, María Valeria, era hija de Andrassy, un destacado conde nacionalista con el que la Emperatriz había tenido una buena relación y gracias a la cual se había facilitado el dialogo evitando problemas mayores; y lo cierto es que efectivamente Sissí quería mucho a María Valeria, pero eso era porque era la única a la que se le había permitido cuidar. Pero a esas alturas Sissí ya se había decidido a ignorar totalmente a aquella corte que ya hacía mucho tiempo que odiaba y cumplir sólo con lo justo, ya estaba aburrida de todos, les había dado herederos para el imperio, cumplía con las funciones básicas, su trabajo estaba hecho, o al menos ella así lo consideraba. Quizás por eso, debido a esa fobia a la horrible corte vienesa, y al cada vez mayor alejamiento de su marido, tuvo problemas de salud, por lo que tuvo ir a balnearios, pero esos sólo fueron los primeros viajes, puesto que estes pequeños traslados se irían convirtiendo con cada vez más frecuencia en incansables periplos por toda Europa (dado que a Hungría no podía ir para que no se rumorease); sí, adiós a la siempre pérfida corte donde no tenía ningún aliado y donde a sus damas fieles (como la húngara Ida Ferenzy) se las maltrataba y se les trataba de hacer trampas todo el rato; se acabó el espionaje constante (y una vez muerta la archiduquesa Sofía mejor que mejor), ahora por fin alcanzaba la libertad que tanto anhelaba, viajando, conociendo, disfrutando. Sólo llegaría a acomodarse en la isla de Corfú (Grecia), donde construiría una villa, a la que le tendría gran aprecio, dedicada al heróe Aquiles, y en la que pasaría largas temporadas. Tal vez en esa huída constante, Sissí había alcanzado algo de felicidad, pero por mucho que huyas, las desgracias siempre te alcanzaran, estando en Viena, la Emperatriz recibía la noticia más terrible que puede recibir una madre: la del suicidio de su hijo. Pobre Rodolfo, aquel chico sensible que había heredado tantas características de su madre; educado estrictísimamente por ser el Príncipe heredero, no faltarían los tutores crueles, como militares con pocas actitudes pedagógicas, crecería abocado a un gran liberalismo, y como gran enemigo de la Prusia y de su Emperador, por eso sería un disgusto y una frustración permanente que su padre no le dejara intervenir de ningún modo en el gobierno (quizás porque el Emperador sabía que se juntaba con radicales peligrosos); todas estas circunstancias, y una frustración continua llevaron a que el Príncipe heredero se suicidara de un modo planificado en el pabellón de caza de Mayerling con su joven amante, una baronesa. Sissí fue la primera en recibir la terrible noticia, cuando lo hizo, vio que el Emperador estaba a punto de cruzar la puerta, y le pidió que no lo hiciera para acabar de oírla y tratar de dársela ella con el mayor tacto posible; cuando el Emperador lo supo se lamentó mucho, no sólo había perdido a un hijo, sino al heredero del Imperio, y sospechaba, y con razón, que se estaba muy cerca del fin, la poderosa dinastía de los Habsburgo que había ostentado las coronas más poderosas y prestigiosas de Europa pronto daría su canto de cisne; Francisco José nunca se recuperaría. Sissí por su parte, aunque llegó a pensar en vender su apreciada villa de Corfú, finalmente decidió ya viajar casi permanentemente, abandonando aquella Viena a la que ya nada debía; incluso acabó aceptando que su marido tuviera amantes e incluso se las buscó, como la actriz Katharina Schratt, a la que ambos en privado llamaban “la amiga”, y que se convirtió en uno de los grandes consuelos durante toda la vida de Francisco José. A partir de determinada edad, ya no permitió que se la retratase o fotografiase, interponiendo siempre un objeto (un abanico, por ejemplo) en caso de que se intentase, para que la idea de su belleza juvenil siempre perdurase. Así siguió usando sus viajes como método de huída, pero, como no, la última desgracia la encontraría de nuevo; Sissí, en Suiza, firmando siempre con un nombre falso (especialmente si iba a algún Reino, quería evitar recepciones y ceremoniales a toda costa) era sobradamente conocida; por eso, no le fue difícil de identificar a un anarquista que llevaba mucho tiempo preparando un crimen que le llevase a la primera página de los periódicos y que le hiciese entrar en la historia, la víctima era el Rey de Francia, pero este había cancelado su viaje; no importa, está la Emperatriz de Austria-Hungría, cierto que es algo conocido su talante liberal, ¿pero no es una Emperatriz acaso?; con una aguja hecha con un hueso en la cárcel dónde había estudiado anatomía sin descanso, y un simple empujón en la zona adecuada, el anarquista habiendo hecho un simple agujero en la piel, pero sin embargo una perforación en órganos vitales; Sissí y su dama no notaron nada pensando que aquello había sido para robarle el reloj, Sissí se desmayaría en el barco y entonces se descubriría como se iba desangrando poco a poco, moriría en el hotel donde se hospedaba, y el anarquista se suicidaría en su celda con su cinturón. Finalmente, Sissí no pudo huir más, pero al menos, fue su última desgracia.
Bueno, espero que haya resultado interesante, sí, ya sé que muchos diréis que no son sólo estas las únicas trágicas, ¡pero es una selección! (como por ejemplo, yo ya hecho de menos a Catalina de Aragón, primera esposa de Enrique VIII o a Alejandra Fiodorovna, última Zarina de Rusia), vamos, que no están todas las que son, pero sí son todas las que están; en cualquier caso, si queréis aportar vosotros también alguna Reina trágica, tal aportación es muy bienvenida; y ahora una pregunta un tanto frívola, ¿cuál os ha parecido más trágica de las cinco sobre las que he escrito?. Comments (5)
TrackbacksThe trackback URL for this entry is: http://universodea.spaces.live.com/blog/cns!41716E4AA9C70F65!9914.trak Weblogs that reference this entry
|
|
|