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    May 30

    Relato corto: Cuento para contar a los mismos niños cuando se hagan mayores (2ª parte)

          Bueno, pues aquí llega la 2ª y última parte del relato corto que empezó como un cuento de hadas y continúa… en fin, leedlo y descubridlo. Sólo os adelanto que reflexiona sobre la moral de los cuentos de hadas en nuestro mundo y sobre la idea de que los finales felices son historias inacabadas; en cualquier caso, ahora cuando leáis las dos partes podréis elegir si queréis que el cuento sólo esté formado por la primera parte o si os gustan las dos partes juntas; bueno, comenzamos:     

     

         Mucho tiempo después de la boda real, el Príncipe Lam aún seguía volando en su dragón, pues su insaciable codicia le impedía ver que el mundo de las hadas estaba justo bajo sus pies, obligando al dragón a volar incansablemente (y este no podía hacer otra cosa puesto que no podía bajar debido a que no podía habitar en un mundo de bien absoluto) y tan rápido y desesperado era su viaje hacia ningún sitio que empezó a perder las cosas que llevaba, pero la más importante, fue el último artilugio mágico que le había robado a la bruja: un collar que tenía el poder de transportar a la persona que se lo pusiera a un lugar totalmente opuesto al que estaba.

          Ese collar cayó en una aldea del reino, y los agentes de seguridad, tras tener el collar expuesto en el ayuntamiento y dar noticia de ello a todas las mujeres para saber a quien pertenecía, como no era reclamado y puesto que la belleza de la joya era increíble, decidieron ofrecérselo como regalo a su adorada soberana: la Reina Neib.

          Ella, naturalmente aceptó el obsequio y tras agradecérselo al alcalde, decidió esperar el momento adecuado para lucirlo. Tras un tiempo, esa ocasión llegó, eran el aniversario de la fundación del pueblo, y decidió ponérselo en medio del gran baile, para que todo el mundo pudiera admirarlo y ella pudiera agradecer el regalo públicamente.

          En la apertura de la danza, ella pronunció su discurso y se dispuso a ponerse el collar encima del vestido más bello que jamás se halla tejido, pero, tan pronto lo hizo… ¡desapareció!, para extrañeza de todos los invitados.

          Al principio creyeron que era parte de las sorpresas de la noche, pero rápidamente, la bruja que la había conocido cuando era Princesa, y que ahora formaba parte de la corte, se acercó corriendo al estupefacto monarca, pues conocía bien aquel objeto que había sido suyo.

    -Señor –dijo mientras le hacía una reverencia- debemos hablar inmediatamente en privado.

          El Rey accedió, y a solas la anciana le desveló el poder de aquel poderoso objeto.

    -Debéis saber, que ese collar tiene el poder de enviar a quien se lo ponga a un lugar que sea todo lo contrario del que está, y dado que nuestro mundo todo es bondad, generosidad, belleza y virtud, sólo puede ir a un mundo donde todo sea maldad, avaricia, fealdad y defecto.

    -¡Pero eso es terrible! –dijo el monarca aterrado- las hadas no podemos pisar lugares donde haya malicia, ¡no podremos rescatarla de tan terrible lugar!.

          El soberano se sintió terriblemente triste, nunca se recuperó y sólo era capaz de sonreírle a sus hijos por sus alegrías y porque le recordaban a su desaparecida esposa.

          Efectivamente, Neib fue a parar hacia el lugar que había predicho la vieja, un mundo sin corazón, un lugar donde los sueños no se cumplen, donde la virtud nunca triunfa, donde no existen los finales felices: nuestro mundo.

          La Reina apareció en medio de un campo, vió una casa y decidió acercarse para poder preguntar donde estaba pues se sentía muy desconcertada. Cuando llegó llamó a la puerta y vio que había una especie de extraño agujero por el que un ojo la miraba, nadie abría por lo que ella volvió a llamar; finalmente una voz bramó tras la puerta:

    -¿Quién es usted!, ¡lárguese son las tres de la mañana!

    -Perdone señor –dijo Neib con su mejor educación- es que estoy perdida y me gustaría saber donde estoy y si puede darme cobijo o sabe de algún lugar donde pudiera quedarme.

    -Lo que faltaba, -gritó el hombre- ¡una puta vagabunda!, ¿pero de que vas disfrazada?, ¡largo de aquí o te hecho a patadas joder! –gritó mientras cogía un palo y se disponía a utilizarlo contra la asustada joven.

         Ella huyó llorando de miedo y no paró tras varias horas hasta caer rendida en un bosque medio cortado. La despertó un perro que ladraba y que estaba a punto de morderla sino fuera por un guardia de seguridad que le gritaba:

    -¿Pero que coño hace una borracha aquí, oiga, como ha llegado?

          Neib se levantó viendo como su hermoso vestido había quedado horriblemente sucio y bastante destrozado por el día anterior y se lamentó pensando en el tiempo que pasarían sus modistas rehaciendo los adornos que con tanto cariño habían bordado.

    -Estoy perdida, no se donde estoy –imploró la Reina- y tengo hambre.

    -Claro, claro, lo que quieras, pero… un segundo, vale te doy algo de comer a cambio de la bisutería que llevas puesta, así tendré algo que regalarle a la parienta, que sino me echa de casa.

         Neib aceptó, confiando en que tales regalos lograrían despertar la generosidad de que aquel hombre y que la ayudara. No fue así.

    -Bien, aquí tienes una magdalena, que todo eso no vale más –dijo el hombre, que aún sin conocer el valor exacto de las piezas sabía que valían incontablemente más- y ahora vete.

         La Reina estaba sorprendida por la escasa cortesía de aquel mundo, pero siguió andando hacia una carretera, por allí caminó esperando llegar a algún lugar y haciendo señas a los coches (que ella no sabía que eran pero veía a personas dentro) para que pararan y la ayudaran. Todos la miraron, pero nadie se detuvo, y sólo en uno se oyeron palabras de compasión hacia Neib:

    -¡Mira papá!, ¡mira mamá! –dijo un niño- pobre señora, ¡parece una princesa de cuento! A lo mejor necesita ayuda, ¿paramos?

    -Sí claro, que no tengo mejor cosa que hacer –dijo el padre- anda, cállate y escucha música, que para eso te compramos el mp4 de las narices.

    -¡Pero pobrecita! –protestó el niño- ¿por qué…

    -Cariño –contestó diplomáticamente la madre- tenemos prisa porque sino no llegaremos para el cumpleaños del jefe de papá y tenemos que llegar primeros y entregar el regalo; además esa señora no es una Princesa, sino una vagabunda mala y con enfermedades ¿y tu quieres que una mujer fea y peligrosa se meta aquí dentro y nos haga daño?.

    -Pero ¿porque vamos? Si papá odia a su jefe, siempre lo dice…

    -¿Ves como no teníamos que haber traído al niño?

    -Tu calla, ¿que crees que el resto no van a restregar las familias perfectas?, anda que ya soltaremos lo del hijo que no acabó la universidad de tu compañero de departamento….

         Su discusión continuó hasta que llegaron a su destino, momento en que todos volvieron a sonreír como nunca.

         La Reina tuvo que seguir andando hacia una gran ciudad, algo como nunca había visto, ahora ya sólo le quedaba el collar culpable de su situación, y su deteriorado vestido. Pronto perdería uno de ellos, pero no sería lo que más lamentaría.

         Caminó por las calles de aquel lugar, y pronto descubrió que no se podía hacer absolutamente nada sin dinero, todo el mundo la trataba a patadas, al menos fue así hasta que una tasadora, que vio como la expulsaban de otro lugar más ante la risa o la indiferencia de la gente que pasaba; se acercó a ella puesto que había visto su collar y se preguntó si ella conocería el valor de la pieza.

    -Señorita –preguntó el hombre- levántese por favor, quiere acompañarme, la llevaré a comer.

    -Gracias buena mujer –dijo entre lagrimas Neib- ¿es que no hay piedad en este mundo que acabo de conocer?, me han dicho que necesito dinero.

    -Claro, pero para eso hay que trabajar –respondió ella.

    -Y lo he intentado, pero luego me piden algo así como un currículo y mi nacionalidad y no se que cosas y como yo no se nada y nadie me ayuda; no consigo nada.

         La mujer no necesitaba más para darse cuenta de que no le iba a ser nada difícil conseguir la joya.

    -Bien, yo la ayudaré –dijo con una sonrisa falsísima que cualquiera hubiera detectado excepto la ingenua Reina- le proporcionaré dinero por el collar que lleva, creo que podría valer… ¡un par de monedas!.

    -¡De verdad! –dijo entusiasmada Neib!- ¿y eso es mucho?

    -¡Muchísiiimo! –dijo la avida estafadora- ya verá como no se arrepentirá.

         De repente Neib tuvo sus reservas, sabía que aquel collar la había traído allí y a lo mejor tenía la formula para devolverla, así que le expuso eso a la mujer que tan generosamente la estaba ayudando.

    -Querida, un objeto que tantas desgracias le ha causado debería de desaparecer inmediatamente de su vida, démelo y yo personalmente me desharé de él, y además, ¿sabe que? –dijo ya impaciente harta de tanta tontería- le mandaré a su domicilio dos monedas cada día para que pueda vivir como una Reina…

    -¡Pero si eso es lo que soy!

    -Perfecto –dijo cortante- ¿donde vive?

    -En ningún sitio, ¿usted podría ayudarme en eso?

    -Bueno, pues entonces le mandaré las dos monedas a este buzón.

    -¡Vale! –dijo, y le entregó el collar y la mujer le dio dos monedas, las únicas que recibiría, a pesar de que Nieb volvería una y otra vez al buzón a mirar si llegaban más.

          En cualquier caso, tras ese encuentro se fue muy contenta a buscar casa a una inmobiliaria en la que no le dejaron entrar por su aspecto y a pesar de que ella gritaba una y otra vez “¡tengo dinero!, ¡tengo dos monedas!” para su desesperación la echaron una y otra vez de todos los sitios.

          Se hizo de noche y poco a poco fue quedando menos gente en la calle y cuando llegó a un puente, vio como un hombre bien vestido se subía a él, aunque no estaba muy segura de lo que iba a hacer, su naciente intuición se lo dijo y corrió gritando:

    -¡No lo haga!, ¡no lo haga!

    -Ja, ja, ja –rió el suicida con ganas- y eso me lo dices tú, un esperpento de las cloacas.

    -Escúcheme, no debe hacerlo, no debe acabar con el regalo más preciado que le han dado.

    -¡que regalo! –gritó el hombre- la crisis económica ha arruinado mi negocio, mi mujer se ha divorciado y exige una pensión que no puedo pagar, ¿acaso se puede sobrevivir sin dinero?, ¿acaso alguien me va a ayudar? –vociferó a los cuatro vientos- Asumámoslo, no.

         La Reina no pudo evitar quedarse callada, no sabía que contestar, sólo pudo mirar con tristeza al individuo; el cual, a continuación se tiró y se mató.

          Nieb aunque no podía justificar lo que había hecho el suicida, si terminó por comprenderlo.

          Entonces se puso a llover, y decidió refugiarse en un túnel que llevaba al metro, allí había un mendigo borracho que hablaba sólo y que se acercó a ella.

    -Este mundo es una mierda, ¿no crees princesa?

    -No creo que debiera hablar así señor, y no soy Princesa, sino Reina.

    -Tú esta noche vas a ser las dos cosas guapa.

         Y dicho esto se lanzó sobre ella y la violó, pese a sus gritos desesperados, nadie acudió a su rescate; cuando el brutal hombre acabó, le dio un puñetazo y la dejó inconsciente, sólo una lágrima se movía bajando por su cara.

          Cuando recuperó la consciencia al día siguiente, decidió Seguir caminando para alejarse de aquel horrible lugar, hasta que tropezó y un estudiante, el cual, apiadándose de ella la ayudó a levantarse.

    -Muchas gracias señor, llevo mucho tiempo caminando buscando un sitio en el que me admitan estas monedas y no sé si me desmayaré de cansancio.

         El estudiante la llevó a una cafetería donde sabía que ese presupuesto llegaría y acabó por invitarla, allí, ella le contó toda su historia. El estudiante sintió una enorme compasión, una parte de él la creía profundamente, pero su sentido de la realidad rápidamente se interpuso en la visión que le ofrecía su corazón, diciéndole que aquella mujer estaba loca.

         Con el objetivo de ayudarla, decidió buscar la forma de internarla en un hospital psiquiátrico, enseguida llamó a la policía y aunque ella se resistió en principio a ir con los agentes, rápidamente se vio consolada por el estudiante que prometió visitarla y le aseguró que esos hombres la ayudarían.

         Efectivamente, meterla en ese centro médico no costó mucho, una afirmación tan rotunda de que ella era una Reina que había conseguido unir el reino mortal con el de las hadas no dejaba lugar a mucha duda, al menos no para esos hombres que la veían como un objeto de estudio.

          En el psiquiátrico la sometían a continuas preguntas y ella empezó a pensar que no la creían, por otra parte, aunque le ofrecían comida, también le daban pastillas que la hacían dormir mucho tiempo y las visitas del estudiante, que seguía preocupado por ella, no eran suficientes pues no parecía estar recabando información de cómo regresar a su reino, tal y como ella le había pedido. Frustrada, gritaba la cuerda entre los locos afirmando que era la Reina y que estaba segura de que volvería a ver a sus súbditos mortales y hadas muy pronto, momento en el cual la sedaban y dormía el resto del día.

         Un día decidió escapar, y lo hizo a pesar de las dificultades durante la noche; corrió por las calles con lo que quedaba del que fuera su vestido del baile con la esperanza de encontrar esta vez la forma de regresar, pero entonces, un hombre encapuchado la paró diciendo:

    -¡La pasta o la vida! –decía mientras le temblaba la mano- ¡la pasta o la vida!, ¡necesito pincharme!, ¡estoy mu loco y muy desesperado!, ¡así que dame el dinero puta!

    -Perdone señor, pero no le entiendo, ¿qué es pasta? –dijo la inocente Nieb.

    -¿Me tomas el pelo chorba?, al Jona nadie le toma el pelo, ¡nadie! –y dicho esto le clavó el primer navajazo en todo el vientre, mientras una persona que pasaba por allí cambió el camino para volver a su casa no fuera a ser que también quedara implicado- y menos una puta como tu, ¿lo entiendes? –dijo mientras le clavaba una y otra vez la navaja brutalmente- ¡nadie!, ¡nadie!, ¡NADIE!.

         Nieb ni siquiera se molestó en gritar mientras era asesinada bestialmente; y, tras diez estocadas, el yonqui se cansó y se alejó gritando:

    -La culpa es tuya, yo sólo quería el dinero, ¡maldita sea!.

          Al día siguiente los vecinos encontraron horrorizados el cuerpo muerto de la que no sabían, era la Reina de las hadas y de los mortales de un mundo mágico, el estudiante, que casualmente pasaba por allí para ir a clase, observó la escena con horror, y entonces oyó lo lógico que era que una mujer de su condición terminara así; entonces no pudo evitar gritar:
    -Esta mujer probó ser más que virtuosa, pues no hay otra cosa que no sea bondad, lealtad, dulzura, compasión, constancia, valor, tolerancia, generosidad y otras innumerables cualidades que la honran enormemente, en un mundo en el que sólo existen un insaciable egoísmo, avaricia, codicia, soberbia, avaricia, envidia y crueldad infinita.

         ¡Ved!, -dijo el estudiante-, como el bien es siempre vencido por la maldad y la vileza, que siempre premian a quienes siguen sus dictados en nuestro mundo.

         Y nadie fue feliz

         Y colorín colorado, este cuento, continua todos y cada uno de los días.

    May 29

    Relato corto: Cuento para contar a los niños (1ª parte)

          Por fin, tras mucho tiempo desde la última publicación, Universo de A vuelve a una de las secciones favoritas de este espacio, Grandes relatos. En este caso, es un relato corto dividido en dos partes inseparables; la primera de ellas, observaréis que es un cuento de hadas; lo que ha resultado muy emocionante de escribir, puesto que  es un género en el que la gente ya no se suele adentrar, si es que los grandes cuentistas, los hermanos Grimm, Perault, Andersen, Leprince Beaumont; ¡parecen pertenecer al pasado!, y por eso me encanta poder resucitar estas grandes historias que se quedan para siempre en nuestro imaginario. En fin, espero que lo disfrutéis, y no lo olvidéis, no puede ser comprendido totalmente sin la segunda parte que próximamente publicaré; aquí comienza:

     

         Erase una vez, hace mucho tiempo, en un lugar muy lejano un viejo Rey que sabía que pronto moriría, pero su gran problema era a quien dejarle el trono, pues tenía sólo dos hijos gemelos: el Príncipe Lam y la Princesa Neib; el primero era ambicioso y tramposo, pero era capaz de ocultar esas cualidades bajo una cuidada hipocresía, y escondía, entre otras cosas, el deseo de que su padre muriera para poder heredarle; por el contrario, su hermana era dulce e ingenua, adorada por todos por sus interminables virtudes.

         Un día, el Rey que conocía bien a sus hijos (sabía que su hijo podía imponer un sistema muy autoritario pero también sabía que su hija quizás era demasiado débil para el gobierno) tras pensarlo mucho, tomó una decisión, y llamó a sus herederos para comunicársela:

    -Hijos míos, mi tiempo en este mundo se acaba, y ya he tomado una decisión acerca de mi sucesión. Sabréis sin duda que hace siglos nuestro mundo mortal y el reino de las hadas estaban muy unidos…

    -Pero dinos padre –dijo el codicioso hijo- ¿Quién heredará todo tu poder?

    -Sin embargo –prosiguió el anciano monarca- por alguna razón se perdió ese contacto con el tiempo, y de ello, sólo queda el anillo real –dijo mientras enseñaba la hermosa joya de su dedo- que fue realizado por los mágicos seres y que todos nuestros antepasados han llevado. Pues bien, en cuanto yo muera, el anillo se desvanecerá y volverá directamente a los que lo crearon. El de los dos que encuentre el reino de las hadas y por tanto el anillo podrá pedirle un deseo, que será, supongo, el de heredar el reino, y por tanto así será coronado el que sea más adecuado para el puesto, pues sólo el que posea las cualidades para ser el nuevo monarca podrá encontrarlo.

         El Rey sólo vivió unos meses más, y un día, que él ya esperaba, su profecía se cumplió, y todo el mundo supo que había muerto.

          Según sucedió, el Príncipe Lam, que llevaba meses esperando, planificando y buscando el paradero del reino de las hadas en secreto, le dijo a su competidora:

    -Hermana, el reino no puede permanecer en el desgobierno, por tanto, me marcharé inmediatamente a buscar el anillo; pero tú debes quedarte y organizar los funerales de nuestro padre, un monarca tan glorioso debe de tener un prolongado duelo.

        La Princesa Neib, nada interesada en la corona no dudó en seguir el consejo de su hermano mientras él salía con un ejército a la búsqueda del mítico lugar. Neib llevo a cabo el duelo con sinceridad, y cada día que pasaba echaba más de menos a su padre; y su tristeza aumentó cuando supo que su hermano estaba arrasando todo el país en su búsqueda desesperada.

          Eso provocó que cada vez más personas dijeran que Lam no estaba preparado para reinar, además el reino estaba desgobernado porque Lam y sus corruptos partidarios no permitían el acceso a nada que tuviera que ver con dar algún tipo de orden a la hermana regia y los súbditos se quejaban continuamente de los desastres que estaba provocando el hijo del que fuera tan gran Rey; visto esto, la joven Princesa llego a la conclusión de que su hermano debía volver cuanto antes para que fuera consciente de la nefasta situación y pudiera arreglarla.

         Así pues, decidió salir a su busca, desgraciadamente, su hermano se había encargado de complicarle la salida, así que tuvo que ir con un reducidísimo séquito. En los caminos sólo oía, para su desesperación, el deseo de que volviese el anterior Rey y que con él nada de eso sucedía.

         Finalmente encontró a su hermano mientras saqueaba la casa de una mujer mayor.

    -Maldita vieja bruja –gritaba Lam- ¡dime donde está el reino de las hadas o confiscaré todos tus materiales mágicos y te haré quemar!

    -¡No soy una bruja! -gritaba la desvalida- ¡por favor señor!

    -¡Detente hermano, te lo ruego! –gritó la princesa- ¿no ves que no sabe nada? Ella no te podrá ayudar.

    -¡Da igual!, nos llevaremos todos tus artilugios mágicos y así podremos averiguar algo, y tú, métete en tus asuntos,-dijo a Neib- y vuelve inmediatamente al castillo, aquí no estás segura podría pasarte algo, que no tenga que obligarte a cumplir mis ordenes –y dicho esto partió con todo su ejército.

         La Princesa en cambio se quedó consolando a la anciana y ayudó con su séquito a la reconstrucción de la casa.

    -Que buena sois, deberíais ser nuestra Reina –dijo la anciana- sois como vuestro padre.

    -No es así, pero cada vez veo que se le echa más de menos.

    -En ese caso, deberíais de pedirle al anillo real su vuelta –dijo la vieja.

    -¿Qué?, ¿cómo conocéis su poder?

    -Yo lo sé todo.

    -Entonces mi hermano tenía razón, sois una hechicera

    -Así es –y dicho esto cogió su bastón, lo ondeó y su casa volvió a estar impecable- pero vuestro hermano es malvado y no le he ayudado, en cambio vos lo merecéis; vos debéis de conseguir el anillo y hacer lo que corresponda con él; por eso os favoreceré.

    -Muchas gracias, longeva mujer, así mi padre podrá ayudar a mi hermano a ser el Rey que todos deseamos.

    -¿Veis esta campana? Pues bien, tiene el poder de hacer desaparecer el mal, y como bien sabréis, el país de las hadas es un lugar de bien absoluto, así que según lleguéis a un lugar que sea perfecto, es seguro que según la hagáis tintinear, seréis inmediatamente trasladada a aquel reino, pues sobre lo muy bueno sólo está lo sublime. Pero, ¡ah!, sed prudente, puesto que la campana mágica sólo puede tocar tres veces, y a la tercera se le caerá el badajo y ya no podréis usar su poder nunca más.

         Dicho esto, la anciana dejo la campana a Neib y a continuación le guiñó un ojo mientras tanto ella como su casa desaparecían con un fuerte viento.

         La princesa se sintió alegre y triste a la vez, por una parte vio con claridad que podría ayudar a su reino, a su hermano y volver a ver a su amado padre, pero por otra, estaba asustada ante tan gran aventura; en cualquier caso, decidió continuar.

         Y así comenzó un largo viaje por el Reino, en el cual le preguntaba a todo el mundo si sabía de algún lugar ideal, que rozara la perfección para poder encontrar el reino de las hadas. Todo el mundo la reconocía, sabían que era su Princesa y deseaban ayudarla, pero desgraciadamente habían perdido ese conocimiento hacía mucho.

         Finalmente llegó a una ciudad principal en la que todos los habitantes lloraban porque el Príncipe había llegado y había convertido a todos los niños en gigantes, le contaron a la sorprendida Princesa como su hermano, usando unas hechicerías que había robado, había transformado a todos sus hijos para que formaran parte de su ejercito y así poder mirar por encima de los cielos y de las montañas.

         Neib sintió una enorme compasión por aquellas madres desesperadas así que, aunque los que la acompañaban se lo desaconsejaron, ella decidió tintinear la campana por primera vez.

         El sonido fue delicioso, celestial, y automáticamente unos rayos de luz bajaron del cielo, eran los niños que volvían a sus casas con su familia. La ciudad loca de agradecimiento gritó vivas a la Princesa y se comprometieron a ayudarla a buscar el reino, de modo que algunos pasaron a formar parte de su séquito.

         Sin embargo, la Princesa, pese a estar orgullosa de su acción no olvidaba que tenía menos oportunidades para volver a ver a su padre.

          Días después llegaron a un bosque totalmente en cenizas, Neib horrorizada, recordó por los mapas, que aquel era el lugar más verde de todo el reino, fue entonces cuando vio a unas ardillas llorando y se acercó a consolarlas.

    -Es que –sollozó una de ellas- el Príncipe Lam liberó con algún tipo de magia un poderoso y terrible dragón y él con su fuego ha destruido nuestro hogar.

         En seguida Neib vio como se acercaban más animales llorosos; así que, aún siendo consciente de lo que ello significaba, decidió tintinear por segunda vez la campana. El hermoso sonido volvió a surgir y automáticamente todo el bosque volvió a lucir como nunca antes, todos gritaron vivas a la Princesa, aunque una parte del séquito tenía miedo, sólo quedaba una oportunidad.

         Entonces todos vieron una terrible figura oscura en el cielo que empezó a bajar con enorme rapidez; al poco todos reconocieron lo que era y escaparon horrorizados: era el dragón y el Príncipe Lam iba montado en él demostrando su poder absoluto sobre la bestia. Nadie sabía que iba a pasar hasta que el dragón se lanzó sobre la Princesa mientras Lam gritaba:

    -Ya te dije hermana que te metieras en tus asuntos, ¿crees que realmente me puedes arrebatar el trono? –vociferaba enloquecido mientras el monstruo atacaba a la vulnerable joven- ya te dije que si no volvías al castillo podría pasarte algo, ¡y ya ves! -dio mientras ría cruelmente.

         Neib sostenía con fuerza la campana, no quería tocarla aún a riesgo de su vida, porque sabía que sino nunca podría traer a su padre y ayudar a su hermano, por tanto se resignó a gritar de miedo y dolor.

         Pero eses lamentos llegaron inmediatamente a las personas y animales que habían huido y rápidamente dijeron:

    -¿Acaso vamos a permitir que se ataque a nuestra Princesa?, ¿la que salvo a nuestros hijos, nuestros hogares y nuestro bosque?, ¡la salvaremos!

         Y llenos de buena voluntad también los aldeanos cercanos cogieron todo lo que tenían a mano pues ya sabían de las buenas acciones de Neib, así pues, todo el séquito, los aldeanos, plebeyos y nobles e incluso los animales del bosque atacaron al monstruo; este, agotado y rendido por el propio Príncipe que le había hecho recorrer miles de kilómetros diarios sin pensar en su descanso, tuvo que salir huyendo para no desfallecer.

         Todo el mundo gritó victoria y la Princesa se levantó diciendo:

    -Mi hermano ha sido poseído por esa bestia, debemos de salvarlo cuanto antes.

         Y dicho esto continuó su camino, esta vez hacia el mar, para ver si allí conseguía encontrar ese mítico lugar perfecto.

         Finalmente llegó a una aldea donde toda la población lloraba a gritos porque Lam había dado de comer y de beber a su dragón en el río y ahora no quedaba ni agua ni peces, su principal medio de supervivencia y de comercio; por encima había saqueado el lugar y las casas habían sido destruidas por el dragón.

         La Princesa vio con rapidez que era lo correcto, su séquito la advirtió inmediatamente de lo que suponía salvar a esa aldea. Neib comenzó a llorar amargamente la decisión que debía de tomar, debía escoger entre volver a ver a su padre o dejar morir a sus subditos, finalmente, acabó dándose cuenta de cual era su deber Real, y pensó que tendría que seguir buscando el reino de las hadas sin la mágica campana.

         Así que tintineo por última vez el objeto, que sacó el más melodioso de todos los sonidos que se hayan escuchado jamás. Automáticamente, el pueblo volvió a ser más que perfecto, el río se llenó como nunca, los peces saltaban a las pescaderías del mercado y las casas parecían mansiones.

         Aunque todos le gritaron vivas y le juraron que la ayudarían a encontrar el mítico reino de las hadas, ella observó con tristeza como la predicción de la bruja se cumplía: el badajo de la campana se cayó al suelo.

         Y entonces de repente todo se transformó, una gran luz la iluminó para llevarla a otro lugar lleno de encanto y de una belleza absoluta, entonces algo que pronto se dio cuenta de que no era un hombre, sino un hada (puesto que tenía alas), se acercó a ella con toda una comitiva.

    -Sed bienvenida Princesa Neib al reino de las hadas.

    -Pero, ¿Cómo?, yo no lo desee y la campana se rompió.

    -Cierto, pero, ¿es que acaso no sabéis que el modo de llegar al reino de las hadas no es ni por un camino, ni a través del aire, ni de otra forma que no sea mediante la virtud y la buena intención? Sí se tiene eso se entrará seguro, y nadie lo podía merecerlo más que vos. Pero además, cuando se cayó el badajo de la campana, sonó una última nota, que a pesar de no ser en principio lo suficientemente poderosa para conceder un deseo, se vio altamente incrementada por todo el bien que habíais hecho en vuestro reino que se había vuelto perfecto (además del deseo unánime de todos vuestros subditos de que nos encontraseis) y por tanto lo ha acercado al mundo de las hadas, que ahora podrán volver a pasear entre los mortales, pues sólo pueden tocar lugares donde el mal no exista.

    -Gracias por recibirme entonces, pero deseo reclamar el anillo real para poder resucitar a mi padre y así devolver el buen gobierno y ayudar a mi hermano que ha sido poseído por una bestia.

    -Pero, ¿es que acaso no sabéis que cuando los mortales mueren viven en el reino de las hadas?, ¡Aquí está vuestro padre!

         La Princesa abrazó entre lagrimas a su amado padre y a su querida madre muerta ya hace más tiempo.

    -Y como habéis probado ser más que virtuosa, pues no hay otra cosa que no sea bondad, lealtad, dulzura, compasión, constancia, valor, tolerancia, generosidad y otras innumerables cualidades que os honran enormemente, deberéis ser la Reina y yo os ofrezco además la corona de este reino para que gobernemos juntos ambos lugares y que nunca vuelvan a separarse; si me aceptáis por esposo, claro, puesto que yo soy el Rey de las hadas.

         La Princesa, que no había podido evitar enamorarse profundamente del apuesto desconocido, le respondió que sí, pero antes preguntó:

    -¿Y mi hermano?, ¿no lo salvaremos de la malvada bestia?

    -La bestia no es sino la encarnación de la maldad de vuestro hermano, y puesto que en nuestros reinos sólo puede existir el bien, no podrá bajar del cielo al que subió con el dragón hasta que se reforme de su insaciable egoísmo, avaricia, codicia, soberbia, avaricia, envidia y crueldad infinita por lo que mucho me temo que se quede allí para siempre.

         Los primogénitos de ambas Casas Reales se casaron en una magnífica boda en la que el anillo real fue utilizado como alianza y que fue recordada para siempre por ambos estados y a la que acudieron todos sus subditos en una celebración sin par.

    -¡Ved!, -dijo el nuevo Rey de ambos reinos al final de la boda-, como el mal es siempre vencido por la bondad y la virtud, que siempre premian a quienes siguen sus dictados.

         Y todos fueron felices y comieron perdices gracias a aquel sabio consejo

         Y colorín colorado, este cuento, se ha acabado.

                                                   

    January 09

    Quinta parte de Notas de aburrimiento

            ¡Y lo prometido es deuda!, dije que el siguiente volvería a ser Notas de aburrimiento y así es (muy especialmente después del éxito del especial de navidad), por lo tanto, preparaos para conocer que se nos cuenta en esta ocasión (próximo lanzamiento será por cierto, uno nuevo de La herencia del Rey loco):

     

    Nota 15:

     

    Tengo que asumir que tengo que ir al instituto, seguro que recibí una impresión equivocada de todo su personal e incluso, probablemente Torquemada no era ni tan asesino ni tan gran inquisidor.

     

    Nota 16:

     

    Creo que tengo algo de fiebre, ¿Dónde está el termómetro?

     

    Nota 17:

     

    No me puedo creer que me esté poniendo excusas tan absurdas a mí mismo, he subestimado mi propia inteligencia.

     

    Nota 18:

     

    Vale, seguro que en realidad lo que vi ayer era producto de mi imaginación y de una indigestión con unos coco krispies caducados

     

    Nota 19:

     

    Los coco krispies no están caducados, no puedo creer que aquello fuera real, bueno se acabó, hay que ir.

     

    Nota 20:

     

    ¡Eh, quizás los he juzgado mal a todos!, resulta que cuando llegué por la tarde Mari estaba de lo más amable y encantadora:

    -¡Hola Abe!, ¿Qué tal la comida?; oye por cierto, se dice por ahí que tu hijo va también a este instituto, ¿Quién es?.

    -Se llama Ildefonso, pero llámale Fonso que sino se cabrea, pues sí, está en la ESO y vino conmigo.

    -Seguro que es tan encantador como tú, y como su mamá, que por cierto, ¿no trabajará por aquí también? –dijo medio riendose

    -Digamos que no –dije sin incomodarme demasiado, es curioso, hoy en día ver a un padre soltero (no viudo, es distinto) es como ser un animal escapado del zoo, así que me he acostumbrado a los interrogatorios.

    -¿Y en que trabaja su encantadora esposa?, ¿o no están casados?, yo lo respeto absolutamente todo, ¡sólo faltaría!

    -Bueno, es una historia un tanto larga…

    -Cuente, no tengo nada que hacer –dijo mientras yo miraba unos cinco libros pendientes de fotocopiar.

    -Pero no tienes que hacer…

    -¡Oh vamos nene! Ni que fueras novato en lo de ser funcionario, ya se hará, a los libros no se les va correr la tinta, ¿no? Pues eso; además, me encantan las historias.

          Así que le conté toda mi historia con Julia, pidiéndole, naturalmente discreción y que tratáramos de evitar el tema, sobre todo por Ildefonso

    -¡Que historia más curiosa!, pero ahora debe irse, ¡tengo tanto trabajo por hacer y usted me ha entretenido tanto tiempo!, además, ¿usted no debería irse a trabajar también?, ¡Debería de tratar de ganarse su sueldo! –dijo de una forma que me pareció en broma- y quédese tranquilo, en este instituto nadie habla de la vida de los demás, anda, ¡como sino tuvieramos nada mejor que hacer! –y dicho esto, me fui al despacho y a hacer diferentes tareas.

     

    Nota 21:

     

    ¡No puedo creerlo, juro que no puedo creerlo!, iba a volver a ver a Mari para ayudarle con las fotocopias y me la encontré hablando con la que por lo visto, es la orientadora del instituto, decían:

    -Pues sí, Visi, tal y como te lo cuento –decía Mari, mientras, yo no sé porque, opté por oír la conversación.

    -¿Me estás diciendo que la mujer lo abandonó según tuvo a su hijo?, que escándalo, que escándalo de verdad, me pinchan y no me sale sangre, ¡me has dejado helada! –dijo la otra

    -Tal cual lo oyes, yo creo que era una pelandrusca de tres al cuarto –continúo la reprógrafa.

    -Pues mira, yo creo que alguna culpa tiene él, una madre no deja a su hijo así como así, para mi que él la maltrataba, ¡a ella y al niño!.

    -Pero que dices, ¡si el niño no había nacido!

    -Eso no importa, podían ser maltratos psicológicos, hazme caso que yo conozco muy bien a la gente…

    -¡Ah, si Visi, que tu tienes carrera y sabes mucho de la pisicología esa!, cuenta.

    -Pues yo creo, que él, insultaba al niño a través de la barriga de la madre y le ponía música heavy metal en vez de Mozart, te lo digo yo, lo tengo bien calado –continúo la tal Visi con todo descaro- y vete a saber como tuvieron al hijo, ¡seguro que la violó y la secuestró!.

    -No sé yo Visi, es que se casaron, y a mi él me parece bastante calzonazos, que quieres que te diga. Además, ¡ella se fue con una lesbiana!

    -¿Qué se casaron?, ¡Pero si ella era una furcia!, seguro que le quería por el dinero, ¡irse con una lesbiana!, menuda mujer, y él, ¿Cómo está?

    -Pues la verdad, me lo contó con mucha naturalidad…

    -¡Claro, es que tiene un shock que no puede con él!, si es que necesita de mi revisión médica, pobre hombre, que trauma más grande, créeme, el sufrimiento lo lleva todo dentro, ya le veía yo cara de buena persona al que le habían pasado cosas malas, hazme caso que yo conozco muy bien a la gente.

          No podía creer lo que estaba viendo y oyendo, Mari no sólo se lo había contado todo a la orientadora, sino que habían rellenado la historia con datos que ni yo conocía, ¡esto es increíble!, ahora mismo entro e interrumpo la conversación.

     

    Nota 22:

     

    Después de entrar se quedaron mirándome con la misma compasión con la que se miraría a un niño tercermundista hasta que se hizo un silencio incomodo, entonces, la orientadora intervino:

    -¡Siento tanto que su mujer se liara con una lesbiana travesti! –dijo como si me estuviera dando el pésame- sabe, soy la orientadora, me llamo Visitación, pero llámeme Visi, y venga a hablar conmigo cuando pueda, debemos solucionar su terrible trauma.

    -¡Y el de su hijo Visi, no te olvides del pobre huerfanito! –intervino Mari con todo descaro.

          Aquello era demasiado, así que, dominando mi furia dije:

    -¡Mari, se suponía que no debía de contárselo a nadie!, ¡y en todo caso, si alguien lo cuenta debería de ser yo!

    -¡Oiga, por quien me toma! –dijo Mari con la misma indignación que si la hubiese insultado- ¿por una cotilla de barrio?, lo que pasa es que Visi tiene mucha pisicología de esa y lo ha adivinado todo con tan sólo mirarle, ¡hombre por favor, no iba yo a tener mejor cosa que hacer que andar contando su vida!

    -Tranquila Mari –dijo la orientadora conciliadora- ¿no ves que el pobre está sufriendo?, de vez en cuando tiene que soltar su rabia o explotará, ahora bien, debemos encontrar formas más instructivas para sacarla, ¿no le parece Abelardo?

    -Bueno, -dijo la reprógrafa- le perdono porque está traumatizado, que sino…

          No puedo creer tanto descaro, estas personas tienen que creerse sus propias mentiras porque sino no hay explicación.

     

    Nota 23:

     

          La directora ha venido inmediatamente a hablar conmigo:

    -¡Ay Abelardo!, mi buen Abelardo, no sabe cuanto siento su pérdida.

    -¿Perdón?

    -He sabido lo de su dulce esposa, esa encantadora monjita que abandono los hábitos para casarse con usted pero perdieron la inmensa fortuna de su padre, y ahora, por si no tuvieran ya bastantes desgracias, ¡ha muerto hace un mes!, parece de película…

    -Y tanto –dije yo

    -Le doy mis condolencias, por mi parte, y por la alta institución a la que represento; y ya sabe que yo soy su buena amiga.

          Y se fue, creo que debería aclararlo, aunque no estoy seguro de que nadie quiera saber realmente la verdad.

     

    Nota 24:

     

           Ha venido la que faltaba, la jefa de estudios:

    -¡Abelardo, Abelardo!, ¿Por qué no me dijo usted que era homosexual?, ¡si yo soy una gran defensora de las minorías!, no como cierta dictadora; eso sí, siento mucho que descubriera que el hombre travesti con el que se casó, fuera en realidad, ¡una mujer!, ¡que horror!, ¿es que ya nadie respeta nada?, con razón la mató…

    -¿Pero que está diciendo? –lo de la monja vale, pero esto ya es demasiado, debo aclararlo ahora mismo- no, mire… -da igual, sigue hablando y tanto le da lo que diga.

    -eso sí, ni se le ocurra enterrarla en su jardín, ¡será el primer sitio que mire la policía!, yo conozco un par de descampados que pueden ser útiles, al final de la tarde sin falta le paso una lista, ¡chao!.

          Y se fue tan campante. Voy a encerrarme en el despacho.

     

    Nota 25:

     

          Están petando de tal modo en el despacho que parece que vayan a tirar la puerta, y aquí son capaces de hacerlo, será mejor que abra. En la puerta ha aparecido la secretaria que dice que vaya inmediatamente a reprografía, pues hala, porque no.

     

    Nota 26:

      

          En reprografía me he encontrado a Mari, la directora y la jefa de estudios; la segunda ha preguntado inmediatamente:

    -¡Oiga Abelardo!, ¿es cierto que esta –dijo señalando con desprecio- mujer ha ido a hablarle de su tragedia?

    -¡No Abelardo!, ¿es cierto que esta ha ido a hablarle de su tragedia?

    -Sí, vinieron las dos amablemente, pero en realidad, la historia que les contaron…

    -Esto no puede ser –gritó la directora- es un ultraje, ¿pero quien te has creído que eres?

    -¡Una defensora de las minorías!, ¿verdad Abelardo?.

    -¡Bruja!

    -¡Furcia!

          Y dicho esto empezaron a tirarse de los pelos y a pegarse hasta acabar revolcándose por todo el poco espacio de suelo que hay en reprografía, de modo que Mari y yo no nos podíamos ni mover; mientras, ellas seguían a lo suyo gritándose todo tipo de insultos. Entre tanto, un alumno llegó y dijo:

    -Mari, dame las fotocopias de sociales anda.

    -Sí claro –dijo ella con toda naturalidad, como sino pasara nada- aquí tienes, son 15 céntimos.

    -¿Pero es que nadie va a hacer nada? –dije desesperado- ¡se van a matar!, o por lo menos a hacerse daño.

    -Jaja –rió el alumno- ¿este es el nuevo no?, tranquilo tío, hacen esto un par de veces al mes.

    -Cuando se cansen ya pararán –dijo Mari sonriente.

    -Por cierto –dijo el alumno- siento mucho que tu novia resultase ser tu hermana y que la cogiesen para el programa espacial de la NASA.

    -No te preocupes, yo ya no lo hago –dije ya casi con indiferencia.

     

    Nota 27:

     

          Media hora después aquellas dos mujeres se levantaron por fin del suelo.

    -Esto no puede continuar así –dijo la directora.

    -No, no puede seguir así –dijo la jefa de estudios.

    -¡Y toda la culpa es suya Abelardo! –gritó la directora furiosa, y yo temblé ante la posibilidad de que aún le quedaran fuerzas para pelear conmigo- esto sucede porque usted no ha inclinado la balanza.

    -Sí es verdad, ¿Cómo puede hacernos esto? –gritó la jefa de estudios.

    -Decídase, ¡tiene que decidirse ya! –dijeron a la vez- ¿a quien va a apoyar?

          A estas alturas estaba totalmente desconcertado, sin embargo, saqué algo de razón para decir:

    -Lo siento pero yo no quiero saber nada de esta guerra, soy neutral, no tengo intereses en ningún lado ni los quiero tener –dije contundentemente.

    -Un segundo –gritó Mari triunfal- ¡eso es perfecto!, como es el único neutral, ¡es el mediador perfecto!, ¡servirá como juez y como ayuda para todas las acciones diplomáticas del instituto!.

    -¡Tiene razón! –dijo Alicia

    -¡Es brillante! –gritó Almudena- bien, en todo caso, para puesto tan honroso necesitaremos una gran ceremonia, de las que hacen época, ahora mismo me voy a constituir un gabinete de protocolo de instituto; ya hablaremos Abelardo, y por favor, cómprese ropa.

    -Y por cierto –dijo Alicia- tratemos de ocultar en todo lo posible la historia de su mujer, ¿eh?, para un puesto así hay que tener una gran altura moral y ser intachable.

    -Si usted lo dice –dije yo.

         Menudo día, menudo instituto.

     

    Continuará…


    December 22

    Notas de aburrimiento: especial navidad

         Bueno, es navidad, y Universo de A lo está celebrando a lo grande, como es costumbre (sólo hay que ver las fotos y los videos), pero esta vez creí que no era suficiente (quizás porque el aniversario del espacio no tuvo homenaje de todas las secciones) así que, y sin que sirva de precedente, voy a lanzar un especial de navidad de uno de los relatos más queridos del espacio: Notas de aburrimiento (básicamente, porque hacerlo de La guerra de Daisy o de La herencia del Rey loco hubiera sido ridículo); que no es exactamente un capítulo de la historia, sino, digamos, un extra, el próximo capítulo llegará lo antes que pueda, de momento, disfrutad de las nuevas aventuras y desventuras de Abelardo:

     

    Nota navideña 1:

          ¡Es increíble! Las luces están puestas desde noviembre, ¡desde noviembre!, y luego el ayuntamiento decía que iba a reducir gastos; aunque bueno, las tiendas tampoco se quedan atrás, por lo visto es porque venden más cuanto antes ponen la decoración, a este paso tendrán los árboles con luces durante seis meses, o, ¿Por qué no explotarlo a fondo y ponerlos todo el año?, que aburrimiento, y por encima, los precios suben como la espuma del champán que estoy valorando si comprar.

     

    Nota navideña 2:

         Vale, se acabó, sucumbiré a la fiebre consumista general y compraré… ¿50 euros?, ¡¿por un turrón?!,¡Que escándalo!, la expresión de hacer el agosto está anticuada, ¡ahora se hacen las navidades!. Y por encima está sonando la música “All I Want For Christmas is You” que dice algo así como que no me importan los regalos ni las cosas porque sólo te quiero a ti por navidad; ¿se estarán riendo de nosotros?.

     

    Nota navideña 3:

         ¡Pero que precios!, ¡Uvas a 6 euros la uva!; creo que todo esto de la navidad es un truco para amortizar el gasto extra de luz de los escaparates, y como la ponen para que la gente compre, ¡es la pescadilla que se muerde la cola!.

     

    Nota navideña 4:

         He vuelto a casa, no he comprado nada con la excusa de reducir gastos y que así no haya cuesta de enero; y de paso, que voy a pasar de la navidad. Pero entonces, Ildefonso me ha echado la bronca con estas palabras:

    -¡Pero papá!, ¿como puedes pensar en dinero cuando celebramos el nacimiento de nuestro señor Jesucristo?, ¡¿como puedes dejar de lado unas fechas tan esenciales para la cultura occidental!?, sino es por religiosidad (y si es por eso, no olvides que irás al infierno sino las celebras como debes), ¡debes hacerlo  por la tradición, por una de las bases que sustentan nuestra cultura, y que se verá dañada si no mantenemos nuestros símbolos!.

         A lo que yo rápidamente contesté:

    -Tranquilo, tendrás tus regalos en Reyes.

    -¡Ah vale!, entonces haz lo que quieras –contestó con indiferencia- ¿para que me haces soltar todo este rollo para nada? –dijo con enfado-, ¡como sino tuviera mejores cosas que hacer!, ¿sabes? las listas de regalos no se hacen solas –dijo como si estuviera diciendo lo más obvio del mundo.

         Empiezo a cuestionarme la educación de mi hijo, convertido en un consumista atroz que ha olvidado el verdadero significado de estas fechas, en fin, supongo que es un digno hijo de esta sociedad.

     

    Nota navideña 5:

          Como Ildefonso no parece querer poner el Belén (como me gustaba cuando era niño, le hacía ilusión y lo ponía él solito mientras yo miraba, que pena que haya dejado de ser mi incondicional esclavo ponedor de belenes) tendré que hacerlo yo, pero hace tantos años que no me acuerdo, ¿Quién demonios estaba en el portal?, si claro, demonios evidentemente no había. A ver, una mula y un buey, ¿realmente esto es indispensable para contar la historia del nacimiento de Cristo?.

     

    Nota navideña 6:

          He decidido pasar de la mula y el buey; supongo que la cuna está en el centro, pero, ¿la Virgen está a la derecha o a la izquierda?, ¿los padres del niño están juntos o separados por la cuna?, ¡que lío!.

     

    Nota navideña 7:

         He consultado por Internet todas las obras de toda la historia del arte que he podido, y en un 70% la Virgen está a la derecha del niño, ese debe ser el sitio correcto.

         Ahora he encontrado pastores y Reyes, ¿pero cuanta gente vino a ver a Cristo en una misma noche?, (menos mal que no había medios de comunicación, que agobio) ¿y quien llegó antes?.

     

    Nota navideña 8:

         Me he visto obligado a coger una Biblia para representarlo todo con precisión histórica, pero esto me lo está haciendo más difícil porque hace unos años compramos un precioso castillo (de Herodes), y según lo que he estado investigando, para reproducir bien la escala de la maqueta, a nivel de distancia del portal, el castillo debería de estar, ¡en la puerta de entrada de casa!, ¡no puedo poner un castillo en la puerta de casa!, ¿Cómo pasará la gente? Y lo que es más importante, ¿Cómo pasaremos nosotros?.

     

    Nota navideña 9:

         ¡¡¡¿¿¿Pero dónde se ponen los ángeles???!!!, en unos cuadros aparecen en el portal y en otros no, ¡¿entonces donde estaban en este momento tan importante?!, ¡Que poca seriedad, de verdad!, Dios naciendo y nadie sabe donde están, ¿serán funcionarios? (genial, he blasfemado poniendo un belén).

     

    Nota navideña 10:

          ¡Se acabó, esto es una tarea imposible!, ¡San Mateo y San Marcos se están contradiciendo en si la anunciación a los pastores fue antes o después de la llegada de los  Reyes!, ¿y porque en todos los cuadros de antes del renacimiento San José aparece durmiendo?, ¡yo no tengo un San José durmiente, el mío está totalmente despierto!, ¿Cómo voy a comprar una figura nueva a estas horas? (y ahora que lo pienso, no he visto nunca figuras de San Joses durmiendo).

          Odio la navidad.

     

    Nota navideña 11:

         He decidido relajarme yendo a uno de los conciertos gratuitos que se dan por todo Madriz, umm, este suena bien, es de jazz, lo que sea con tal de escapar de esta insoportable fiebre navideña.

     

    Nota navideña 12:

          Nunca imaginé que pudiera haber tantas versiones del “We wish you a merry christmas”, ¡por Dios, si hasta hicieron una de “Campana sobre campana”!, ¡en versión gospel!.

    Después empecé a mirar el folleto de actividades y de exposiciones, pero encontré: “Belenes”, no, esto bajo ningún concepto; “el autobús de la navidad”, si hombre, lo que me faltaba; vale, miremos los museos y las exposiciones temporales: “Museo nacional del campo: exposición de todos los cuadros de belenes de todos los siglos”, ¿y algo más moderno? Los artistas de hoy se preocupan de otras cosas, seguro que hay largas exposiciones que critican la sociedad capitalista, “Reina griega: exposición de fotografías de varios autores en forma de felicitaciones navideñas”… argggggggg, ¿es que no hay alguna forma de escapar de esta fiebre?.

     

    Nota navideña 13:

          He vuelto a casa sin haber podido huir de la navidad.

          Vale, pondré la tele, así me relajaré y olvidaré todo.

           No hago una nueva nota porque no he estado ni medio minuto en lo que dije; en “la primerísima” ponen “Mira como bailan edición navidad”, en la que lo único que se hace es bailar villancicos (¿¿¿pero es que eso se puede hacer???); he puesto la “1+1” pero estaban dando ¡Pero que bello es vivir!, clásico de navidad por excelencia; ¿es que no se puede ver la televisión sin este acoso insufrible?; cambio, en la “tres cosas” dan Love actually; finalmente me rindo a “telecin” donde dan un programa de cotilleo, menos mal, odio estos programas normalmente, pero esta vez lo veré, al menos me servirá de descanso navideño, parece que están entrevistando a alguien que se lió con otro alguien, o algo así, no estoy muy enterado así que a ver si entiendo lo que dicen:

    “-María Pato: mira, tu dirás lo que quieras, pero yo tengo documentos que certifican que tu te acostaste con…

    -Famoso cuya vida es supuestamente interesante:¡eso no es verdad, no es verdad!, ¡yo a esa persona la odio, la odio a muerteeeeeeee!

    -Carmen Horno: ¿y entonces porque apareces en la revista Que me cuentas morreándote con él?

    -María Pato: Carmen no te enteras, ese es el invitado siguiente; este es al que pillaron haciéndoselo con el diseñador de los árboles de navidad de Madriz.

    -Famoso: ¡que monos quedaron!, ¿verdad?.

    -Presentador: la verdad es que sí, creo que ese debería ser el tema principal de la noche.

    -María Pato: bueno, yo tengo documentos que certifican que un cantante de operación éxito se fotografío con ellos el otro día…”

         Cambio a “24 horas sabiendo lo que hicisteis”, pero me encuentro con un monólogo sobre la navidad. Ahora a “telemadriz”, ¡¡¡un documental de cómo tomarse las uvas en año nuevo sin atragantarse!!!, ¿pero que broma es esta?.

         Ya sé, cambiaré a esa cadena donde sólo ponen series americanas y un programa de misterios; umm, un capítulo de Abogada Mcbeal, este no lo he visto, vamos a ver. Un segundo; arbol de navidad, decoración en las calles, ¿Qué pone ahí abajo? “maratón de capítulos navideños de series americanas”, ¡¡¡no puede ser!!!.

     

    Nota navideña 14:

         Teniendo en cuenta que salir a la calle no me va a relajar (decoración por doquier), será mejor que escuche la radio.

     

    Nota navideña 15:

         Estoy llorando, literalmente, por más que busque, sólo ponían villancicos, de toda clase y condición, pero villancicos, ¡hasta en radio clásica tenían que poner el Adeste fideles!

     

    Nota navideña 16:

         He acudido a un abogado, pero creo que no se ha tomado muy en serio mi pretensión de denunciar a la navidad por acoso, aunque dijo que estudiará mi caso.

     

    Nota navideña 17:

         He ido a un tribunal, y el juez me preguntó a quien denunciaba realmente, así que yo respondí:

    -A la navidad, y a todos los que tengan que ver con ella.

    -Bien, eso incluye al gobierno, las comunidades autónomas, los ayuntamientos, las empresas privadas, los particulares que pongan belén en su casa (supongo, ¿no?) e incluso a la Casa Real porque el Rey da un discurso en navidad; es decir, a todo el país y una buena parte del extranjero sobre el que no tenemos jurisdicción, porque supongo que querrá incluir la religión ortodoxa, la protestante y la anglicana que también celebran la navidad, ¿no?.

    -Exacto –dije dispuesto a mantenerme en mis trece pasara lo que pasara.

    -Dígame, señor Bueno, ¿ha celebrado la navidad con anterioridad?, ¿tiene algún adorno navideño en su casa?.

    -Sí, bueno, no los he quitado todos por mi hijo.

    -Bien –dijo el juez impasible- le declaro culpable de celebrar la navidad.

    -¿Pero que dice?, yo sólo quiero acabar con esta fiebre consumista y capitalista que nos abrasa –dije lanzando mi discurso tremendo- ¿Por qué no hay justicia en el mundo? –dije sintiéndome como James Stewart (genial, el protagonista de Pero que bello es vivir tenía que ser).

    -Claro, deberemos empezar por usted, le cobraremos 1000 euros por adorno; a menos claro, que decida retirar la denuncia.

          Me di cuenta de que mi causa James Stewart sólo triunfaría en una película de Frank Capra, así que decidí abandonar.

    -Genial –prosiguió el juez- voy a buscar mi tronco de navidad, en mi casa pedimos todos un deseo y luego lo quemamos, ¿sabe?

         ¡Maldito juez corrupto!, ¡las navidades lo han comprado, seguro!, ¡son como una mafia terrible de la que no puedes escapar!

     

    Nota navideña 18:

          Le he dicho a Ildefonso que nos íbamos de vacaciones a China, naturalmente, él ha dicho que bajo ningún concepto, que tiene muchos compromisos estas fiestas y que tiene la agenda repleta hasta el 7 de enero, que tal vez después.

          Pues me iré solo, lo que sea con tal de escapar de la navidad.

     

    Nota navideña 19:

          Umm, China, budismo, ciudad prohibida (como otras tantas cosas que no tienen nada que ver con los monumentos), ¡ya he llegado!.

     

    Nota navideña 20:

          He salido del aeropuerto, ¡no puede ser!, en los carteles ponía “China se vuelca en sus relaciones con los países occidentales dejando un espacio para celebrar la navidad”.

          Por lo visto, el partido comunista, ha decidido celebrar su unión con algunos países de occidente, decorando las calles, haciendo sonar villancicos, e incluso poniendo un belén gigante… ¡por toda la muralla china!.

          No pude reprimir gritar “Noooooooooooooooooooooooo” como los malos de las películas mientras les enfocan en un plano cenital.

     

    Nota navideña 21:

         He vuelto a casa, ¿y sabéis que? he decidido que ya que no puedo vencerla, me uniré a ella; sí, volveré a leer Cuentecito de navidad de Dickens, iré al cine a ver el estreno de Gisney, lloraré de nuevo con Pero que bello es vivir, veré por milésima vez Maria Poppins, cantaré villancicos, me atragantaré con las uvas en año viejo, acudiré a las grandes celebraciones como la cabalgata de Reyes (a los que les escribiré la carta)… etc. Sí, volveré a ser inmensamente feliz en navidad, dejando que el espíritu navideño me guíe y me saque una sonrisa para todos mis semejantes y bueno, al fin y al cabo, sólo es una vez al año (y menos mal).

    December 11

    La guerra de Daisy: capítulo 7

         Acabo de descubrir, para mi enorme sorpresa, que resulta que nunca llegué a estabilizar todos los capítulos en un mismo número, porque, ¡La guerra de Daisy va ni más ni menos que por el capítulo 7 cuando el resto no sólo llegan al 4!, visto esto, y teniendo en cuenta la menor popularidad de este relato, no dejaré de avanzar en los demás hasta alcanzar ese mismo número de capítulos, decisión que estoy seguro que será del agrado de muchos. En fin, ¿donde lo habíamos dejado? Ah, sí:

     

    Capítulo 7:

     

         El inmenso trasatlántico cruzaba el océano majestuosamente, mientras Daisy, apoyada en una barandilla de estribor fumaba tranquilamente un cigarro con boquilla, mientras observaba el magnífico barco, el mar y de donde venían (aunque la tierra inglesa ya había quedado atrás hacía días) y a donde iban.

         A Daisy le encantaban aquellos barcos inmensos, sobre todo porque eran como un mundo cerrado, un lugar donde no puedes hacer realmente nada de lo que podrías hacer en el mundo exterior y que por unos días se paraba totalmente mientras uno tenía tiempo a relajarse, pensar… etc; allí no había que preocuparse por memorizar interminables coreografías o leer pesados contratos, y mucho menos en que el espionaje inglés pretendiera ficharla para averiguar algo de algún pasajero. No, allí todo era paz, tranquilidad y armonía, algo que a la joven le hacía falta desde hacía días, aunque a ella le daba la impresión de que habían sido meses, y no era para menos.

         Allí, mirando el negro e inabarcable mar apenas iluminado por la luna y las luces del trasatlántico podía recordar su feliz llegada a aquel barco que detendría el mundo para ella durante unos días. Recordó su llegada, y como inmediatamente dos pasajeros ingleses y otros norteamericanos la reconocieron y le pidieron un autógrafo; como llegó a su lujoso camarote de primera clase en el que dio la inmediata orden de que no le pasasen ningún mensaje y mucho menos si venía del telégrafo del barco; aquellos deliciosos baños oyendo el sonido del mar, mmm, ¿podía haber algo más maravilloso y relajante, mejor medicina para olvidar?, si, olvidar y descansar. Rememoró también como fue invitada a la mesa de un Lord, buen amigo de la Señora Henderson, y que había quedado admirado con la actuación de Daisy en Londres, y claro, como un barco es un sitio pequeño, como una diminuta sociedad en la que todo el mundo se conoce, rápidamente todos sabía quien era Daisy Grover y el enorme talento que tenía; pero a ella no le importaba ser reconocida, de hecho le encantaba, ¿para que se compra una ropa tan cara si no es para lucirla delante de alguien?, así pues, a sacar los grandes sombreros, las plumas y los collares largos casi hasta el suelo, los vestidos cortos y atrevidos, al menos tener la última oportunidad de ser frívola, porque Daisy vivía en parte ese viaje como sus últimos momentos.

         Y naturalmente, ser el centro de atención pronto llevó a que el propio capitán pidiera a la artista que actuara para todos ellos, ella se hizo de rogar, naturalmente, durante un par de días, pero finalmente cedió tal y como realmente deseaba. Su actuación fue memorable, y el periódico del barco pronto la transformó en el objeto de la mayoría de las noticias, más incluso que la boda celebrada a bordo de Sir Lionel Perrymore conde de Essex, y consiguió acaparar gran parte de la portada con los consejos de moda y de donde comprar las mejores prendas en América.

         Así, vivía una vida relajada entre largos baños, lecturas en su habitación, largos paseos por la enorme cubierta y fastuosas reuniones de sociedad, que, inteligente como era, podían ser muy útiles para conocer a la gente adecuada y asegurar inversores en futuros espectáculos o al menos, protectores si algo no iba bien.

         En todo esto pensaba Daisy, en lo afortunada que era por llevar esa maravillosa vida que terminaría al día siguiente, cuando desembarcarían en el mundo real, un mundo en el que ella había elegido estar sola, nadie la recogería al bajar del barco ni la acompañaría a su casa victoriana (una de las pocas calles que quedaban en la isla de Manhattan con ese tipo de edificaciones, pues la ciudad empezaba a optar cada vez más por los nuevos y altísimos edificios llamados rascacielos); por eso tampoco Daisy tenía demasiada prisa por llegar.

         Pero de repente, algo interrumpió sus pensamientos, era alguien al que no podía ver, y no sabía porqué, ya que cerca de allí había una potente luz, sin embargo, aquella persona de la que no lograba distinguir tan siquiera si era hombre o mujer, se movía de tal modo que su figura siempre quedaba en las sombras, y era imposible distinguir, ya no un rasgo de su cara, sino tan siquiera su físico. Su habilidad para esconderse y para el disimulo llamaron enormemente la atención de Daisy, que sintió un escalofrío que nada tenía que ver con la fría noche; decidió concentrarse de nuevo y pensar en algo alegre, se esforzó, pero no había manera, aquella figura no estaba dispuesta a irse de allí, pero decidió seguir ignorándola con la débil esperanza de que se marchara.

    -¿Daisy Grover, verdad? –dijo la misteriosa figura.

    -Lo lamento, se equivoca, pero creo haberla visto en el comedor hace un rato, vaya, seguro que la encuentra –dijo con seguridad absoluta, demostrando la magnífica actriz que es.

    -Entonces debe estar equivocada toda la tripulación –dijo una voz de hombre, pero eso era lo máximo que llegaba a distinguir, por si fuera poco, se había colocado de tal modo que ni siquiera se notaba que estuvieran teniendo una conversación, aquello iba de mal en peor pensaba Daisy.

    -Mire, si quiere un autógrafo ahora no es el momento, ¿vale? –dijo y empezó a irse con paso rápido.

    -Preferiría uno del jefe de Scotland Yard y otro del nuevo jefe del MI6, sino le importa –respondió con rapidez.

    -Vale, dígame lo que quiera y déjeme en paz –dijo volviéndose e intentando ver tan siquiera la cara de su interlocutor, cosa de la que fue incapaz por más que lo intentó, aquel hombre, fuera quien fuera, era muy pero que muy hábil.

    -Sé que tuvo una reunión con esas personas, quiero saber que sucedió exactamente.

    -No sé de que me habla.

    -Pues yo sí, le propusieron dedicarse a su negocio envenenado, ¿verdad? –dijo irónicamente- le han dicho que se lo piense y que de una respuesta definitiva pero realmente no le van a dejar pensarlo ni le van a dar opciones, ¿o no es acaso lo que hicieron en esa primera reunión ya empezando con la táctica del desconcierto arrastrándola a un tenebroso edificio oficial fuera de horario de oficina y justo después de su actuación?, no se deje engañar, ahí está todo muy previsto, muy calculado, son maestros en saber como actuarán las personas, en eso consiste su trabajo, muestra de ello es que la encontraron aún cuando intentó huir del teatro.

    -Ya está bien –dijo enfadada- no se quien es usted, pero no quiero continuar esta conversación.

    -Soy una persona que quiere ayudarla…

    -Sí claro –dijo Daisy interrumpiéndole- como todos, últimamente me sobran las ayudas, ¡es fabuloso! –dijo sarcásticamente.

    -Debe decir no.

    -¿Perdón?

    -A la propuesta que le van a hacer, debe dar un no rotundo y absoluto, sin dudas, sin vacilaciones, con una total seguridad, sino aún pensarán que pueden convencerla.

    -Mire, creo que eso no es asunto suyo –dijo mientras intentaba marcharse de nuevo

    -Escuche, cuando uno entra en ese negocio nunca sale, ser espía no es como en las novelas, no se acaba un caso y adiós muy buenas; eso nunca termina, sólo se van almacenando enemigos y más enemigos, de modo que se acaba huyendo de todo el mundo, ¿quiere usted pasarse la vida vigilando su espalda? Pues eso es lo que le espera.

         Daisy estaba muda, sin embargo alcanzó a decir:

    -¿No le parece imprudente hablar de algo así aquí?

    -¿Algo así?, sólo somos dos viajeros que contemplamos el mar y que, quizás de vez en cuando intercambiamos algún comentario sobre el tiempo, ¿Qué se creía usted?

         Daisy calló, seguía pensando que todo aquello le venía grande.

    -¿Cómo sé que me puedo fiar de usted? Ni siquiera me deja saber quien es –insistió.

    -Siga mis instrucciones –dijo en tono imperativo- cuando vea a quien le han mandado para obtener su respuesta insista en esto “sigo sin explicarme porque contactaron conmigo, yo soy norteamericana, no soy inglesa, no me interesa en absoluto esa isla”, insista en ello, es la clave para su salvación, tendrán que soltarla y buscar a otra. Aunque es evidente que están muy interesados en usted…

    -Pero ¿por qué?

    -Porqué es usted idónea en todos los aspectos, es la estrategia perfecta; ahora bien, no sé hasta que punto desean tenerla entre ellos, esa gente puede ser muy retorcida –y dicho esto empezó a marcharse- recuerde lo que le he dicho.

    -¿Volveré a verle? –dijo Daisy sin saber realmente porqué lo preguntaba.

    -Por su bien espero que no, o al menos no en esta situación; siga adelante señorita Grover, le deseo todo tipo de suerte en su carrera artística, pero asegúrese de que sea suya, y no de otros.

         Y dicho esto se marchó. Daisy podría haber empezado a ejercer de espía y buscarle, encontrar su camarote y descubrir quien era el misterioso extraño, pero en el fondo sabía que no serviría de nada; una persona que es capaz de ocultarse aún cerca de una potente lámpara, sabrá proteger muy bien sus pasos y sus datos, estaba claro que la artista no tenía nada que hacer en semejante situación.

         Al día siguiente llegó a Nueva York, la gran ciudad la recibía con una espesa niebla que daba un aire de misterio y un clima lluvioso que recordaba mucho al tiempo inglés, tal ambiente parecía simbólico, incluso uno de esos extraños juegos del destino.

     

    Continuará...

    December 06

    Relato corto: El sueño

         En fin, bajo mi misión de conseguir crear más relatos cortos, he publicado otro, y así ya podréis votarlos en las encuestas y comentar si os gustan más que los largos. Notaréis que tienen temáticas y estilos muy diferentes. En fin, a ver que os parece:
     
    El sueño
     
          Alfonso acudió al teatro aquella noche, la gente iba a ver una obra por muchos motivos: ya fuera por pasar el rato, por hacer algo con tu pareja, porque un amigo te ha regalado las entradas... etc; pero los motivos de Alfonso para acudir a aquel gran musical eran muy distintos.
     
          Alfonso siempre había sido una persona soñadora; desde siempre había deseado grandes cosas y creía que tendría un gran destino.
          Todo comenzó desde pequeño, cuando conocía de pe a pa todas las más hermosas historias y siempre se imaginaba como el heroe de estas, creía que algún día sería aclamado por todo un reino por salvarles de un dragón.
           Luego fue al colegio, donde nadie entendía muy bien que clase de extraño mundo se inventaba una y otra vez; muchas veces jugaba solo, pero su imaginación hacía el resto. Sin embargo en aquella época se produjo el momento clave, la primera obra de teatro que hizo, y le descubrió su verdadera vocación: interpretar; él no quería ser un heroe, un mago, un animal o un ser de otra época, ¡él quería serlos todos!; y aún sin saberlo, pronto fue descubriendo que eso era precisamente lo que él quería hacer; siempre pensaba, por ejemplo, "algún día haré de vampiro"
           Se convirtió en el protagonista de todas las obras del colegio y empezó a documentarse sobre aquel mundo que le fascinaba tanto: cine, teatro, el método de Stanislawsky... nada escapaba a sus deseosas manos de aprender.
          Desgraciadamente, los sueños importan poco para algunas personas y pronto sus parientes vieron esa obsesión como algo peligroso; al fin y al cabo, el niño no podía dedicarse realmente a ese mundo del que sin duda no podría vivir, era mejor sacrificar su felicidad antes que arriesgarse. Y así se hizo, comenzaron a ocultarsele cosas relacionadas con ese mundo al joven Alfonso y a comentarle lo terrible que era, y, para asegurarse de que no tuviera más ideas extrañas, se le impusieron severas restricciones en todas sus actividades que tuvieran que ver un minimo con eso, ya no vería la televisión libremente, tampoco películas y mucho menos acudir al teatro. Protección lo llamaban.
          Pero por fin Alfonso vió un rayo de luz en el grupo de teatro del instituto, donde por fin podría desarrollarse como actor, su único sueño, y lo fue (a pesar de la clara oposición de sus progenitores), se convirtió en la estrella de las obras, lo que le dió una notable popularidad, pero se quedó ahí, amigo de todos amigo de nadie. Desgraciadamente para él, y siguiendo la estela de mala suerte que le acompañaría en la mayoría de su vida, el grupo se disolvió aquel mismo año. Él no lo sabía, pero nunca volvería a actuar para un público.
          Sin embargo, fue por aquel entonces cuando ya tuvo claro definitivamente lo que él quería ser, así que cuando se acercaba al bachillerato sus padres vieron esa aspiración como algo aún más peligroso y no como un simple sueño infantil que se empeñaban en creer que algún día desaparecería, al fin y al cabo, ¿no soñamos todos grandes cosas que luego con el tiempo olvidamos conformandonos con comer y dormir bien?, si ellos y tantas otras personas también habían alcanzado lo que creían que era la felicidad de ese modo, ¿porque no su hijo?. Sin embargo no dudaron ni por un minuto en asegurarse de sus buenas notas prometiendole una y otra vez que tan pronto acabara una carrera "normal" podría hacer su ansiado arte dramático. Eso nunca sucedería.
          Alfonso tuvo que elegir carrera, pero lo cierto es que no él sólo quería hacer una cosa, una sóla, ninguna otra: ser actor; así que decidió coger otra de puro despecho, básicamente por hacer algo; su amargura fue creciendo año a año y más cuando supo que sus padres no estaban realmente dispuestos a pagar su deseado sueño de hacer arte dramático.
          Quizá lo más practico para Alfonso hubiera sido que abandonase su sueño o lo dejara todo y se dedicara a perseguirlo, pero escogió la peor de las opciones: soñar, una y otra vez con que lo conseguiría, que todo se solucionaría, que algún día todos sus hermosos sueños se harían realidad, pero absolutamente nada viene por sí solo; y Álfonso seguía autoengañandose pues no tenía valor para dar un paso adelante, y cuanto más pasaba el tiempo peor era; mientras no dejaba de pensar "algún día haré ese papel".
           Cierto que hizo algunos vanos intentos por intentar dedicarse a eso, pero al no contar con el apoyo de nadie (de hecho sufría todo lo contrario), no fue capaz de seguir adelante por aquel tortuoso y complicado camino.
           Finalmente acabó la universidad odiando lo que había estudiado y una vez más, le dijeron que optara por lo más práctico. La suerte (por llamarlo de alguna manera) hizo que se presentara a unas oposiciones en las que había muchas plazas de funcionario y que las aprobara. Cuando vió la nota, se dió cuenta de que él mismo había cavado su propia tumba; ¿como iba a abandonar ahora un puesto seguro y para toda la vida por una inseguridad absoluta, por no saber si tendría pan para mañana?.
           En su realidad, Alfonso terminó resignandose a ser permanentemente infeliz, a hacer un trabajo que no le reportaba nada y a vivir el resto de su vida como si no la hubiese vidido, con un simple caminar hacia delante, al fin y al cabo, ¿que podía esperar ahora?. Pero en su fantasía todo era distinto, cuanto más pasaba el tiempo más necesidad tenía de creer en sus delirios de gloria artística, de fama desmedida, veía grandes obras de Broadway con su nombre en grandes luces de neón, películas que batían records de taquilla y oscares al mejor actor, veía una carrera magnífica que culminaba con todos sus sueños hechos realidad, forrado de dinero y con una gran mansión a la que llegaba siempre en limusina y en la que una conocida modelo le había dado varios hijos; todo ello lo pensaba cuando iba en metro a su destartalado apartamento que ni siquiera se molestaba en adecentar por la falta de visitas, y donde volvía a dormir a la espera de otro esteril día.
          Al principio se daba cuenta de que los años pasaban y que era imposible que sus sueños se hicieran realidad, sobre todo cuando sufrió una terrible fractura en una pierna que le dejo medio cojo para el resto de su vida, pero con el tiempo, decidió olvidar aquel accidente, y el sueño se hizo más poderoso que la realidad, ya no vivía en esta, sino que no dejaba e imaginar que todo se arreglaría y él protagonizaría los grandes musicales del momento.
          Ahora Alfonso gastaba la mayoría de su escaso sueldo de funcionario en sueños que lo distrajeran de su propio mundo que tanto odiaba, podía pasar días enteros sin comer con tal de comprar la mejor entrada para el teatro, donde, si le gustaba la obra, imaginaba que "algún día haré ese papel", aunque ni siquiera tuviese las características adecuadas para el papel, no importaba, su fantasía lo arreglaba.
          Pero esto sólo le llevó a sufrir más, pues empezó a envidiar profundamente a todos aquellos que estaban donde el tanto había deseado siempre estar, los odiaba por tener todo lo que el deseaba; y por tanto, ver una de aquellas ficciones era a la vez una bendición y una maldición.
          Acudió a un psicologo, a un psiquiatra, puesto que le obligaron a coger la baja por depresión pero no había nada que hacer, y cuanto más solo estaba en casa, más se deprimía. Finalmente, Alfonso tomó la decisión de renegar de la realidad y vivir en su sueño, su único consuelo.
          Desde entonces estuvo como sedado y lo veía todo como un reflejo de lo que iba a pasar, como un fantasma.
     
          Alfonso se hizo viejo, y con 80 años, ya jubilado y totalmente solo, acudió al teatro en el que se representaba un gran musical en el que un chico de veinte años vivía una comedia de enredo cuando visitaba a su prima. Cuando terminó, y todo el mundo estaba saliendo comentando lo mucho  que le había gustado y que si la puesta en escena era espectacular o que esperaba más de la actriz protagonista; Alfonso se quedó sentado y entonces dijo refiriendose al personaje principal:
    -Algún día haré ese papel -dijo con una sonrisa en los labios
          Nadie sabe exactamente como acabó su vida; la versión más piadosa es que murió en aquella misma butaca y con ese pensamiento en mente en un ataque al corazón; otra que fue atropellado por un coche (aunque siempre hay quien dice que él se tiró bajo el automovil); y  otra asegura que murió 20 años más tarde de manera natural, llorando por algo que nadie sabía, pero que él ahora entendía que nunca iba a suceder; pero, ¿realmente importa?.
    December 05

    Relato corto: El mundo ideal

    Pues llega a Universo de A el primer relato corto que ya llevaba todos estos 2 años, que estamos celebrando, publicar; por fin podéis votar si este os gusta más que los largos (y observaréis que es radicalmente diferente; en fin, espero que os guste:
     
    El mundo ideal
     

    Ricardo entró en su casa, como siempre aquel había sido un día horrible, plenamente insufrible...

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    Ricardo entró en su casa, todo era felicidad, dio unos pasos de claqué antes de aproximarse al espejo que le devolvió un reflejo brillante mientras cantaba "Oh what a wonderful morning, oh what a beautiful day!"...

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    Se miró al espejo y rápidamente apartó la mirada, no había nada que le gustara ver; así que decidió lavarse la cara, quizás porque era lo que siempre le habían dicho que hiciera después de llorar y así no tenerla sucia, pero a él no le importaba, seguía llorando, así que lo único que cambiaba era que sólo había más agua resbalando por toda su faz...

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    Sus amigos entraron con unas sonrisas de oreja a oreja, le dijeron que no se debía retrasar para su gran día, que todo era fantástico pues ya habían visto lo bien se había organizado todo...

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    Su gran día había llegado, llevaba mucho tiempo indecidiendose antes de hacerlo, muchas veces había llegado al último momento pero había abandonado a tiempo, por cobardía, pensaba Ricardo, pero lo cierto es que pronto descubrió que eso no tenía nada que ver, absolutamente nada...

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    Sí, se miró una vez más, su magnífico traje de novio, que, contrario a la tradición, era totalmente blanco, pero a Ricardo no le importaba, era exactamente lo que quería, era carísimo, pero podía permitírselo...

    ***************** 

    Había descubierto que el problema residía en la esperanza, "esa única y horrible cosa que quedó en la caja de Pandora" pensaba Ricardo cuando avanzaba hacia su destino determinantemente, mientras empezaba a torturarse por tener ese conocimiento, toda aquella sapiencia que sólo le había traído disgustos y que nunca había podido evitar, de forma que sus relaciones sociales nunca habían sido fáciles, y con el tiempo, se hicieron nulas, la congoja volvió a asaltarle...

    *****************

    Mientras iban en el coche hacia la Iglesia, Ricardo comentó que curiosamente el blanco era símbolo de luto en la India, y uno de los amigos bromeó diciendo que estaba claro que conocían los matrimonios occidentales; todos rieron...

    *****************

    Comenzó la autotortura, pues sabía que sólo con ella podría dar un paso tan definitivo, mientras miraba uno de los lugares en los que había tratado de obtener la paz pero nunca se había atrevido. "Estoy solo" recordó "nadie me quiere, todo el mundo me odia; estoy cansado, agotado. No me queda nada; mi familia me odia" (llevaba años sin relacionarse con ellos, aunque estos tampoco habían hecho el esfuerzo) "nunca he tenido amigos, ni los tendré; odio mi trabajo y a todos los que hay en él"...

    *****************

    El coche llegó a la imponente e increíblemente decorada iglesia; su familia le dio la bienvenida y sus múltiples amigos del trabajo (que era el que siempre había soñado) estaban allí para apoyarle. Atravesó la hermosa alfombra roja que llevaba al altar donde debía esperar a la novia, todo era perfecto, tal y como lo había soñado...

    *****************

    Ricardo abrió la ventana mientras un aluvión de lágrimas se desbordaba por toda su cara; recordó que ni siquiera había conseguido tener una relación medianamente decente, y a su amor platónico, la chica que siempre había amado, había descubierto recientemente que se había casado hacía poco con su novio de toda la vida; todo era horrible, nada era como el había soñado...

    ****************

    La coral cantaba, los asistentes también, era una especie de aleluya, y después todos cantaron, como en un musical de esos que tanto Ricardo adoraba

     

    Tras tanto esperar

    Ricardo se va a casar

    con su gran amada

    ¡verlo es una gozada!

     

    Era el triunfo de la felicidad...

    *****************

    Ricardo se empezó subir a la ventana "soy un fracasado" pensó "¿para que continuar con esta tortura? nunca seré feliz"...

    *****************

    Por fin, la triunfal marcha nupcial de Mendelsson comenzó a sonar, y con ella llegó la novia; totalmente radiante, que acababa de descubrir, después de tantos años lo mucho que amaba a Ricardo y que le cantó:

     

    No puedo negar

    que nunca he sabido amar

    a ti siempre he deseado

    no se como cuenta no me he dado

     

    Era el triunfo del amor...

    *****************

    Recordó la última burla de un compañero, como él le contó sus aspiraciones y le animó a seguir con ellas mientras después se las contaba a toda la oficina mientras se reían. Los odiaba a todos...

    *****************

    Todos salían de la Iglesia, la ceremonia había terminado; había sido perfecta. y los novios empezaron a cantar a dúo:

     

    Novios:

    Si pudiera tan sólo hablar

    si pudiera tan sólo mencionar

    pero como el amor expresar

    algo así no se puede contar

     

    Mientras todos los invitados miraban embriagados por la maravillosa balada que en sus voces sonaba como cantada por los ángeles. Era el triunfo de la belleza...

    ****************

    Recordó que sus sueños nunca se cumplirían, que estaba aburrido de imaginar, de esperar el final feliz en el que se daba el triunfo de la felicidad, el amor, la belleza y el bien; y entonces, por fin lo consiguió, saltó desde la ventana y no tuvo ni tiempo para pensar, sólo caer, hubo un grito ahogado, pero casi era de alegría, por fin iba a alcanzar la paz que tantos años llevaba deseando...

    ****************

    Afuera, los pocos ofensores que había tenido Ricardo estaban allí para pedirle perdón y empezar una nueva y mejor relación; Ricardo los invitó a la boda y todos se dirigieron felices hacia la verja

    Era el triunfo del bien...

    ****************

    Ricardo murió. Una mujer gritó. Un padre le tapó los ojos a su hijo que llevaba al colegio. Un periodista encontró su noticia. El cuerpo de Ricardo estaba tendido en la calle que quedó paralizada en todos los sentidos mientras la sangre que salía de la cabeza del suicida se expandía por la carretera hasta que la primera gota cayó por la alcantarilla. Aplastado contra el asfalto, Ricardo sólo pudo ver una última cosa, sólo una antes de que todo se oscureciera...

    **************** 

    Todos se unieron a la pareja con otra canción y una impresionante coreografía en la que los triples saltos mortales eran lo menos espectacular; giro, vuelta, plié... todas las maravillas de la danza se concentraron en ese gran número musical:

     

    Invitados:

    la boda perfecta ha sido,

    todos así lo han querido

    no existe ya ningún mal

    ¡es el mundo ideal!

    November 06

    La herencia del Rey loco: capítulo 4

         Pues bien, este capítulo es sin duda uno de los más importantes y uno de los grandes climax de la narración, las sorpresas están servidas, pero no creáis que se acaba aquí, oh no, hay mucho que explicar sobre lo que pasa en este capítulo (que se verá naturalmente en el capítulo 5), espero que os guste, ¡disfrutadlo!.
         Por cierto, con este capítulo se cumple mi ambición de que todos los relatos estén igualados, así que el próximo en ser publicado será de La guerra de Daisy, lo cual no será inmediatamente debido a que necesito reflexionar sobre la historia y como continua, además de leer una documentación muy interesante que he conseguido.
          En fin, sin más distracciones, pasemos a ver que hace el protagonista del más nuevo de los Grandes relatos:
     
    Capítulo 4:
     

          Pero Norberto no era de esas personas a las que les gusta autocompadecerse, de hecho, él a veces se comparaba a sí mismo con el ave fénix, que aunque se quema y es destrozado hasta ser reducido a cenizas, de eso resurge con más fuerza si cabe y con un nuevo ímpetu.

          Por tanto tardó poco en levantarse bajo el pensamiento de que después de todo lo que había pasado para conseguir aquellos permisos, desde luego, quedarse sentado y acongojado no le iba a tener ninguna utilidad, así que comenzó a sacar cajas y a mirar lo que había dentro.

          Y lo cierto es que lo que allí había desanimaría a cualquiera: las hojas mal cuidadas en algunos casos casi se deshacían a pedazos entre las manos del desesperado Norberto, fanático del cuidado de las obras.

          “que tenga cuidado, ¡ja!” pensaba “si ni siquiera me han dado un material minimamente apropiado”, eso ya sin nombrar lo peligrosos que podían resultar algunos documentos por haber sido hechos con sustancias tóxicas.

          Sin embargo Norberto era un experto y sabía como tratar estas situaciones, y teniendo en cuenta que parecía que todos los archivos del condado se habían trasladado allí, cualquiera se hubiera rendido, pero Norberto encontró algo que le mantuvo el ánimo, sino alto, al menos el necesario para continuar.

          Aquello era su abuela, una anciana mujer gallega (la familia paterna de Norberto procedía de allí) a la que su nieto iba a ver todos los veranos y le llevaba cuando era pequeño fotos del castillo pidiéndole continuamente que le contara cuentos que sucedieran allí; aquella señora no era especialmente imaginativa, sin embargo adoraba al hijo de su hijo y trataba de inventar historias de un castillo que no conocía y que ni tan siquiera sabía a ciencia cierta si existía o si era sólo una ilustración; pero para el nieto fueron suficientes, hasta el punto de que quedó fascinado por aquellas historias y muchas de ellas las seguía guardando con cariño en su mente, con el pensamiento (quizás un tanto ingenuo) de que algún día las publicaría consiguiendo que su abuela obtuviera un merecido reconocimiento.

          Aquellas historias maravillosas, eran por encima contadas en una casa antigua y de piedra, totalmente típica del lugar, rodeada de una verde naturaleza, en cierto modo, un lugar muy parecido al país donde estaba el castillo (desde luego más que en Madrid donde vivía habitualmente), en un antiguo reino ya de por sí rodeado de magia y antiguas leyendas de meigas y mouros, un lugar simplemente idílico para recrear historias de duendes, castillos encantados y príncipes que rescatan princesas.

          Y fueron esos cuentos y la buena de su abuela lo que le llevó a continuar, seguir los incontables paquetes, una tras otra bajo el pensamiento de que buscaría incansablemente entre esas cajas aunque sólo fuera para descubrir si allí se escondían las hadas de las que su abuela le hablaba.

          Desgraciadamente, muchas horas después, todas las motivaciones psicológicas no eran suficientes; el espíritu es fuerte pero la carne es débil, y cierto agotamiento físico empezaba a hacer que se resintiera muy seriamente: el ambiente irrespirable, las heladas corrientes y la escasa luz que había conseguido que ya tuviera los ojos totalmente rojos, no estaban contribuyendo a su gran búsqueda de lo desconocido; este agotamiento físico pronto llevó a un enorme agotamiento psicológico y Norberto pronto descubrió que ya no podía más, que aquello era insoportable; naturalmente aprovecharía los otros días que tenía concedidos, pero la jornada que acababa de hacer que en una biblioteca normal no hubiera sido tan extremadamente extenuante, aquí equivalía al triple de horas.

          Finalmente se dijo “vale, una caja más, sólo una caja más, ánimo” decía no creyendo demasiado sus propias palabras. Y abrió una nueva caja en absoluto diferente a las demás, puesto que a ninguna de ellas se habían molestado en marcarla de algún modo “malditos explotadores” pensaba Norberto “no dejan hacer fotos y sólo permiten visita guiada para supuestamente conservar el patrimonio, pero eso sí, todo el material impreso se puede guardar con enorme facilidad todo desordenado en cajas que no tengan ningún orden cronológico o temático, ¡como se puede ser tan incompetente! Si se dedicaran más a conservar la historia de verdad y menos a hacer que las cajas registradoras hagan clink, mejor nos iría, ¿pero que ha sido del humanismo” pensaba casi furioso.

          Y empezó a revolver en la caja, que no parecía contener nada especial, más hojas amarillentas, algunas medio borradas por la humedad, hojas impresas, algún que otro manuscrito con el menú que había en una posada del pueblo a principios del siglo XX… nada interesante “para variar” pensaba Norberto.

          Entonces sacó una sola hoja que le llamó la atención porque la calidad del papel era indudablemente mejor y su estado de conservación era muy bueno a pesar de las condiciones en las que había estado; todo debido a que en toda ella se habían utilizado los mejores materiales (hasta la tinta era buena) para asegurarse de su conservación, era, en cierto modo, como si ya hubieran previsto que aquel documento iba a pasar por muchos y diferentes avatares y que necesitaba conservarse a pesar de todo.

          Aquella hoja era un manuscrito, del que Norberto reconoció la letra inmediatamente, empezó a leerlo, y según avanzaba más y más, también se le abrían gradualmente más y más la boca y los ojos; de repente, desapareció todo el cansancio, ahora todo su mundo era aquel documento, ni siquiera un terrible estallido en la sala de al lado hubiera podido despertarle de la extremada concentración que estaba aplicando en la lectura de aquel documento; lo leía una y otra vez, y lo comprobaba todo de arriba abajo analizándolo de cabo a rabo, y no era para menos, en el aquella antigua hoja ponía:

     

          Yo, Ludwig Otto Frederik Wilhelm von Wittelsbach, proclamado Luís II Rey de Baviera; hoy a día 3 de Abril de 1886, en pleno uso de mis facultades físicas y mentales hago nulos todos los testamentos anteriores (o que se pudieran considerar como tal) convirtiendo lo escrito en este documento en mis últimas voluntades.

          Vivimos en tiempos difíciles, una época en la que no se valora el arte, la belleza y la nobleza de corazón pues sólo hay maldad, hipocresía y codicia que conllevan muerte y desolación provocadas por, en muy buena parte, guerras absurdas; yo he intentado durante todo mi reinado crear un país virtuoso (y espero que la justa Clío, musa de la historia, me juzgue así), he traído la música, las leyendas he incluso e creado bellísimos lugares con los que he tratado de embellecer mi reino hasta volverlo un lugar casi fantástico e ideal; pero mis ilusiones parece que desaparecen, el maravilloso lugar que trataba de crear podría desvanecerse para siempre.

          Con mi pobre hermano en estado de enajenación, no veo un digno sucesor al trono porque alrededor de este no veo sino ambiciosos políticos ansiosos de regalarle mi pobre reino a los infames prusianos y a familiares intrigantes dando vueltas como buitres diciendo todo tipo de terribles calumnias sobre mi persona.

          No, ninguno de ellos merece mi corona; mi sucesor debe ser capaz de todo por mi reino, debe ser capaz de hacer una gran búsqueda del conocimiento: una de comprensión hacia mi persona, de mi familia, mi reino y su historia, para entender porque he actuado como lo he hecho y que pueda seguir algunas de mis buenas obras y arreglar mis errores; de sabiduría, porque nadie sino un amante de las artes y de las ciencias debe ser mi heredero; y naturalmente religiosa, todo un peregrinaje, porque todo monarca bávaro debe ser un buen católico (yo hubiera deseado haberlo sido mejor, rogad a Dios por mi alma).

          No se que harán con mi querida Baviera, pero nunca volverán a coronar a otro rey que no sea mi elegido, mi sucesor verdadero, mi heredero el que obtendrá los símbolos de la monarquía bávara: las joyas de la corona; él y sólo él podrá coronarse, él y sólo él será el único y legítimo Rey de Baviera.

     

    --- C ---

    Todo tiene un comienzo, las historias, las leyendas…etc; por eso resulta curioso que yo recibiera el mayor de los presentes en el más grande de los regalos de cumpleaños.

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    La corona que anduvo recorriendo tantos lugares no descansará aquí; cuan irónico es que en el momento en que le consiguieron un hogar, otra vez se tuvo que marchar; la responsable mira silenciosa una tumba vacía

    --- S ---

    ¡Oh diosa exiliada! ¿Qué han hecho con tu casa? La han destrozado, apenas queda nada

    Sin embargo, quizás encuentres algo donde antes te alzabas

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    Podemos llorar sin fin de estas obras hechas por el hombre ya sólo nos queda una, pero cuidado, antes de llegar alguien las guarda, ve a su encuentro, pero tranquilo, el enigma ya está resuelto

    --- R ---

    Éxodo 6.2-8 y sin embargo ya no podemos sino lamentarnos.

    --- S ---

    Desde aquí salieron los descendientes de Essau y después los de Ismael a un nuevo lugar, encontrarás el tesoro justo en la puerta

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    En la casa del Rey presenciaron como en nombre del amor llego la belleza y en nombre del honor una terrible guerra desencadenó a la que los mismos dioses no pudieron permanecer indiferentes.

    --- C ---

    ¿Buscas a la culpable? No está aquí, se ha refugiado en una gruta donde siempre nadan los cisnes con Tannhäuser y Elizabeth

    --- S ---

    ¿Dónde está su más bello arte?, ¿el que fascinó a todos? Está donde Justiniano y Teodora nunca estuvieron en vida

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    Cuando esta ciudad apareció, un reino desapareció; el descubridor se marchará al palacio del que es el primer habitante; allí entre columnas encontrará a un emperador

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    Plus ultra encontrarás a la serpiente con plumas en la 3;33

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    Una ciudad arruinada de un imperio en el que ya se pone el sol, es culpa de guerras interminables, para cuando llegue la ronda de noche, la mayor parte habrá desaparecido

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    ¡que sarcasmo que el destronador de reyes cree un reino!, su ego no tiene límite, no deja que nadie le corone

    --- C ---

    El sol dejaba a todos sorprendidos desde el principio, cuando el emisario llegaba, abierta su boca quedaba, allí encontraba una fuente donde refrescarse del cansancio del viaje

    --- S ---

    No os conformasteis sólo con robar a los dioses que también se lo hacéis a los mortales; ni siquiera el mayor mausoleo creado por amor escapará a vuestro saqueo; pero nunca podréis quitar su significado, donde el monarca y su amada descansan ya por siempre.

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    De aquí partió un príncipe de un linaje que crearía un prospero imperio, allí ya no queda nada, lo cual es extraño, pues los únicos que lo habitan son el dios preservador y sus servidores; tal vez las respuestas se encuentren en la orilla del mundo

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    ¿Es posible que sólo dentro de murallas y prohibiciones se pueda uno sentar en suprema armonía?

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    Sólo aquí pudieron saber algo del imperio escondido, busca el agua pura en la antigua capital y descubre el secreto detrás de la cascada principal

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    Una ciudadela dentro de una ciudad, en la más importante de todas ellas encontrarás al patriarca y a los doce apóstoles

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    Desde aquí se puso fin a un imperio, a pesar de haber luchado como los leones que guardan el norte del palacio; pero ello no todo fue malo se inició una etapa de paz y desapareció el belicismo en esa nación.

    ----------------

    Sigue el camino del norte y contempla como el cristianismo vence al paganismo a través de una iglesia que Tristan pudo construir; allí encontrarás al león que vence a la serpiente

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    La acordada noche de 400 años comenzó renovada; sin embargo ahora todos están en el mismo sitio.

    --- C ---

    Tú me cantaste, tú me inspiraste, ahora quiero volver al lugar donde te vi por primera vez.

     

     

     

          No es posible”, pensó Norberto, “no puede ser que esto sea lo que creo que es” pensaba totalmente atónito por aquel increíble documento que acababa de encontrar

     

    Continuará…

    October 26

    La herencia del Rey loco: capítulo 3

          Y tal y como estaba prometido, hay dos capítulos antes del final de la semana (esto si que es un avance fulgurante), ¿que pasará ahora?, si lo quieres saber, sigue leyendo...

     

    Capítulo 3:

     

          Una vez dentro pudo observar aquel patio tan poco común en un castillo (un pequeño primer patio conducía a unas escaleras que daban a un segundo patio desde el que había una enorme escalera hacia otra puerta situada en la fachada principal, en la cual había dibujos de S. Jorge y el dragón, algo muy apropiado y caballeresco para el soñador Luís II), quizás, porque realmente, no lo era, al fin y al cabo no había sido construido para defender absolutamente nada, sino con el objetivo de ser hermoso, estético, de concordar con los alrededores, de ser, un bello y gigante cisne blanco que emerge del lago que hay atrás, no en vano el castillo se llama Neuschwanstein, es decir “Nuevo cisne de piedra”;

          “hay que reconocer que en romanticismo, ningún otro monumento puede igualar a esta maravilla” pensó una vez más Norberto mientras se dirigía a la taquilla para presentar sus acreditaciones, lugar donde siempre pensaba en lo curioso que resultaba que los descendientes de Luis II que vendieron el castillo al gobierno bávaro, pasando más tarde al alemán y lo bien que les había estado el hecho de que al final la cantidad por la que lo vendieron iguala a los ingresos anuales que el castillo obtiene de los turistas que vienen a visitarlo.

    -Hola, soy Norberto Bosco Cortes –dijo en un inseguro y nervioso alemán- y, ¿ve usted? Tengo aquí un permiso que me autoriza a ir a los archivos del castillo…

          La joven taquillera miró los informes sin demasiado detenimiento y con simpatía le dijo:

    -Ya, verá, es que la conservadora que se ocupa de estas cosas ha salido en su descanso, tardará aproximadamente 45 minutos, así que le sugiero que haga tiempo por aquí, si quiere le dejo pasar al interior mientras espera y yo ya la avisaré cuando llegue de que está usted aquí.

    -Bueno, lo he visto muchas veces, pero otra más será un placer.

          Y así Norberto volvió a hacer el itinerario tantas veces visto, aunque esta vez era diferente, esta vez vería nuevos lugares, atravesaría esas misteriosas puertas cerradas a la visita pública que nadie había podido atravesar y aunque sabía bien que de las 360 estancias del castillo, sólo 14 llegaron a completarse, se moría por descubrir sus secretos.

          Así pues volvió a empezar aquel recorrido que había hecho por todos los medios posibles: en fotos, virtualmente y finalmente por su propio pie; redescubriendo de nuevo aquel historicismo (algo tan típico en el XIX) en el que toda la decoración correspondía al S.XIV, lo cual no necesariamente significaba que concordara, pues el monarca había cogido estilos diferentes.

           Pero el castillo no se quedaba en simple decoración o belleza artística, Luís II era un amante del progreso e incluyó en él todos los avances que pudo, que conocía y que llegó a inventar; de hecho, contiene una completa red de luz eléctrica, el primer teléfono móvil de la historia (con una cobertura de seis metros), e incluso tenía calefacción central desde 1884 lo cual se lograba mediante un sistema de conductos de ventilación por los que circulaba el aire caliente por las habitaciones de los pisos superiores. Había grandes estufas, situadas cerca de la cocina, y se empleaba un montacargas para facilitar el transporte de las enormes cantidades de leña.

          Capítulo aparte merece la cocina, que aprovechaba el calor siguiendo reglas elaboradas por Leonardo da Vinci, Tenía agua caliente y fría y asadores giratorios automáticos para asar venados. Esto se lograba mediante el vapor caliente que ascendía por la chimenea y que movía una turbina; este movimiento giratorio se transmitía por medio de un engranaje al asador.

           Todo esto pensaba Norberto mientras volvía a atravesar aquellas salas, en las que hasta los muebles de las habitaciones del servicio habían sido hechos con sumo cuidado y en el que los gustos del monarca estaban pintados en cada una de las paredes, todas aquellas leyendas germánicas que su amado Wagner había plasmado en grandilocuentes óperas estaban ahí: en el vestíbulo inferior Sigfrido daba la bienvenida; y sin tiempo para respirar se estaba ya en la sala del trono, de estilo bizantino, dorada, hermosa, de dos pisos, arriba de todo, la cúpula estrellada de la que colgaba una impresionante lampara, en apariencia de oro y piedras preciosas, pero que no era sino latón chapado en oro e incrustaciones de cristal teñido de bohemia; y en el mosaico del suelo representan la Tierra con sus plantas y animales; en las paredes se pueden ver a algunos representantes de imperios precristianos; las pinturas de la zona del ábside muestran a Cristo, a los doce Apóstoles y a seis reyes santos, y las pinturas murales presentan hechos de los anteriores y de otros santos; se continuaba con el impresionante comedor hecho en su gran mayoría con roble y Como en todas las estancias privadas del rey, los textiles están trabajados de manera muy lujosa, aquí de seda roja con bordado en oro y orla; pero todo ello era superado por el impresionante dormitorio en el que Tristan e Isolda vivían una y otra vez sus aventuras reflejadas para la inmortalidad en los muros y en el que una bandada de objetos-cisnes decoraban la habitación; una preciosa capilla que reflejaba su unión hacia la dinastía borbónica continuaba la visita; además de un vestidor, un salón en el que Lohegrin volvía a ser un heroe; e incluso una gruta que daba a un despacho que custodiaba Tannhäuser y tantas bellas salas para culminar en la impresionante sala de los cantores, el proyecto predilecto del Rey junto con la sala del trono, y que es todo un monumento a la cultura caballeresca medieval.

          Fue entonces cuando Norberto se dio cuenta de que había pasado tanto tiempo revisando aquel hermoso lugar que el tiempo se le había pasado ampliamente, de hecho, iba llegar impuntual, y no había cosa que odiasen más los alemanes.

          Así que atravesó la innovadora cocina y volvió a salir para dirigirse al lugar de inicio, en donde la taquillera le guió por una zona de oficinas, que naturalmente nunca había visto “¡el viaje acaba de comenzar!” pensó. Una vez dentro de un despacho, la conservadora, mujer de aspecto rudo, gruesa y en general muy alemana; sin mediar palabra le cogió los permisos y empezó a examinarlos con las gafas que llevaba colgadas de una cadenita, probablemente de oro.

    -Espero que sepa el enorme privilegio que tiene accediendo a este lugar –dijo severamente y sin mirarle- aquí no se admite a cualquiera, y mucho menos a estudiantes; no obstante, los largos trámites burocráticos que inició casi desde su llegada a Alemania le han permitido llegar, debo reconocer que es usted un ejemplo de constancia, felicidades –dijo sin el menor sentimiento.

          Norberto nunca se había parado a pensar demasiado en como serían esos archivos, había pasado demasiado tiempo intentando acceder a ellos, pero ahora se daba cuenta de que debía ser casi un lugar de máxima seguridad, a saber lo que habría dentro, debería tener cuidado sino quería meterse en un lío.

          En ese momento una muchacha joven entró y tras saludarla le dejó una antigua llave encima de la mesa.

    -Bien, ya la han traído, procedamos, sígame.

          ¡Hasta que punto debían ser importantes si hasta las personas que trabajaban dentro estaban encerradas! “¡esto ni la biblioteca del Congreso de los EEUU!” pensó Norberto.

          Avanzaron por más oficinas hasta que ya se llegó a una parte claramente virgen, apenas tocada a partir de la muerte de Luís II, no había gran cosa pero las vistas eran una auténtica maravilla.

          Tras atravesar un largo pasillo, por fin llegaron a unas dobles puertas en las que aparecía un cartel moderno en el que ponía “archivos”, la conservadora metió la llave, que chirrió dentro de la cerradura hasta que por fin cedió y se abrieron las puertas.

    -Como es licenciado en Historia no debería tener que decírselo, pero siempre es mejor dejar claras las cosas, no ponga ningún documento bajo una luz demasiado fuerte, o se deteriorará, procure utilizarla de modo indirecto y mantenga las puertas cerradas.

          Y dicho esto le entrego la llave, cerró las puertas y se marchó, pero Norberto apenas la había oído, lo que tenía delante, los míticos y ansiados archivos de Neuschwanstein le habían dejado estupefacto, y por nada positivo.

          Lo que tenía delante no eran unos archivos, no era una biblioteca, ¡era un vulgar trastero!, una habitación sin ventanas, mal ventilada y claramente húmeda, muy poco apta para conservar nada, y mucho menos documentos importantes para la historia de un país; de repente comenzó a no extrañarle nada que no dejaran pasar a nadie, ¡aquello era una vergüenza!, ¡una auténtica infamia!. Fue entonces cuando toda la alegría que había sentido, la ansiedad que le corroía desde las pocas semanas antes en que le dieron la autorización empezó a derrumbarse totalmente “en esta situación, podría tardar meses, años, incluso décadas en encontrar algo minimamente interesante, y quizás, ni tan siquiera lo haya” pensó mientras miraba la horrible perspectiva de un lugar oscuro iluminado únicamente por una bombilla que le daba un aspecto aún más tétrico y deprimente a aquel lugar lleno de algunos muebles, cuadros y sobre todo de múltiples lonas blancas que cubrían cajas de cartón, probablemente llenas de archivos parroquiales amarillentos carentes de utilidad para él

          Se sentó acongojado en una silla estilo imperio del XIX que no estaba en demasiado mal estado. Entonces tuvo la necesidad de llorar, y aunque intentó evitarlo, una lágrima salió de sus ojos y resbaló por toda su cara.

     

    Continuará...

    October 23

    La herencia del Rey loco: capítulo 2

         A petición reiterada de la que es últimamente la comentarista más asidua de este universo, no he podido resistirme a escribir una nueva entrega de este nuevo relato para que todos puedan disfrutarlo (¡y comentarlo!), en fin, no me queda sino escribir:

     

    Capítulo 2:

     

          Norberto, un chico de una altura normal, de cabello castaño y ojos del mismo color que solía vestir siempre de una forma bastante clásica, no exenta de cierta sofisticación, aunque siempre con discreción; se bajó del coche sintiéndose como una estrella de cine, y no era para menos, no quería pensar ni en lo que valía aquel coche. Repentinamente sintió miedo a que se lo robaran, pero rápidamente se tranquilizó bromeando para sí mismo que para Herman perder ese coche era como perder un llavero, al fin y al cabo, sabía de buena tinta que su familia tenía una gran colección.

          Y allí estaba de nuevo el pequeñísimo pueblo de Schwangau, lugar que, como la mayoría de los pueblos centroeuropeos, era muy colorido, de los balcones colgaban flores e incluso a veces las paredes tenían pintados grandes dibujos o letras muy ornamentales anunciando que tipo de casa es. Lo cierto es que lo primero que le vino a la cabeza a Norberto la primera vez que lo visitó fue que era como un parque temático, y la verdad, no anda muy lejos de eso, no sólo debido a sus reducidas dimensiones y el hecho de que parezca algo casi artificial, sino debido a que al menos el 90% de los bajos eran tiendas de souvenirs, a las que acudían masivamente los turistas en el peor sentido de la palabra, allí, se podía encontrar desde llaveros y cojines con el emblema de la monarquía bávara hasta figuras de Luis II y Sissí; pero al fin y al cabo, de algo tenía que vivir ese pueblo perdido en medio de las montañas.

          Afortunadamente para Norberto, que odiaba profundamente a esos turistas de “información ligerita, foto y adios” (y que por encima eran los más frecuentes debido a las dificultades para llegar a ese lugar, con lo que los turistas iban gracias a los grandes grupos de viajes que organizaban excursiones másivas con horrendas visitas guiadas -que Norberto tuvo la oportunidad de vivir- en las que se iba a toda prisa, porque al fin y al cabo, detrás venía otro grupo) no estaban en temporada alta, con lo cual, tendría la oportunidad de revisitar esos paraísos de imaginación y soledad de Luis II tal como el monarca los había imaginado y deseado.

          Lo cierto es que, cada vez que iba allí y lo veía cargado de aquellos turistas no dejaba de pensar en la enorme vergüenza y horror que sentiría aquel Rey si viera sus parajes invadidos por semejante plebe inculta y sin ningún interés por aprender o entender; de hecho, Norberto había llegado a la cruel conclusión de que se había prostituido totalmente al monumento.

          Sin embargo, aquel día no estaba para premisas filosóficas, aquel era el día de su triunfo, y debía ser feliz, y sin duda lo era mientras contemplaba el pequeño castillo amarillo de Hohenschwangau, menos conocido que el otro con el que compartía el lugar.

           Y fue de aquella, y mientras continuaba su ascensión hacia su destino final, cuando no pudo evitar recordar la historia de Luís II y los tremendos paralelismos que encontraba consigo mismo.

          Lo cierto es que, aunque el monarca en principio no le fascinó demasiado, una vez que empezó a conocer más datos de él, llegó a entusiasmarle más que sus propias construcciones, porque lo cierto era que Luis II de Baviera, apodado por algunos “el rey loco” era una persona excepcional, y como la mayoría de los humanos que osaron serlo, tuvo una vida desgraciada y un trágico final, que según a los que les gusta la polémica y el amarillismo en la historia, ya venía de la maldición de su familia, una de las más antiguas de Europa,  los Wittelsbach.

           En cualquier caso el joven Luís fue educado severamente como Príncipe heredero (según algunos, de forma extremada, lo que favorecería el que necesitase evadirse) y sólo encontraba consuelo en los cuentos de su madre y principalmente de sus ayas acerca de las leyendas germánicas y los cuentos de hadas en general, de modo que pronto héroes como Tristan o Tannhäuser se adueñaron de su imaginación; en ello también influyó una institutriz que le hablaba de las glorias del Versalles de Luís XIV. A todo esto debe sumarse que se crió en aquel hermoso castillo amarillo rodeado de montañas como en las leyendas y cuentos que adoraba y desde el que soñaría con construir el futuro Neuschwanstein en aquel lugar llamado Condado de Ostallgäu, es decir, Condado del Cisne. Completaron también sus gustos algo que su familia había adorado tradicionalmente: el arte; de hecho, su abuelo Luís I (del que le venía el nombre) había recreado muchos de los grandes monumentos del mundo entero en la capital del reino, Munich.

           Y adoraba todas esas cosas, hasta el punto que empezó a volverse más introvertido porque según el mismo decía, le gustaba pasar el tiempo recreando cosas hermosas en su imaginación; sí, el Príncipe Luís era decididamente desde pequeño un amante de la belleza.

          Sin embargo, pronto todo cambiaría para aquel Príncipe que quería ser azul, puesto que su padre murió prematuramente, convirtiéndole en rey a los 19 años. Durante el entierro algunos dijeron que el hermoso rey parecía un ser de otro mundo, y pronto descubrirían que era así, ya que, el ya Luís II era un soñador incurable, un personaje sacado de un cuento de hadas condenado a vivir en el cruel mundo real, y lo que era más terrible, en el cruel mundo real del XIX europeo; así, Norberto pensaba, que aunque algunos historiadores decían que el monarca hubiera sido más feliz en la época de las monarquías absolutas a las que tuvo como modelo; lo cierto es que el creía que realmente Luís II sólo hubiera sido feliz si tuviera que besar a la Bella durmiente y a continuación vivir felices y comer perdices.

          Y quizás esta conclusión del joven historiador no andaba demasiado desencaminada, puesto que una de las primeras cosas que hizo Luís II fue ordenar traer al que él llamaba “el maestro Wagner” como fuera, eso era debido a que lo idolatraba y con él pensaba realizar su gran plan de llenar su reino de belleza, y ¿Quién discutiría que la música es una de las mejores opciones para tal propósito?.

          Y así sería, durante ese tiempo Richard Wagner haría algunas de sus mejores óperas que entusiasmarían tremendamente al joven monarca que no podía sino alabarle y pasar horas y horas con él, deshaciéndose en regalos y dándole todo lo que pedía.

           Y el vil compositor lo sabía, y viendo esto se aprovechó rápidamente de él, al fin y al cabo, sabía que el ingenuo monarca no le iba a negar nada, y él estaba tan seguro de su poder que no dudaba en enseñarlo con toda ostentación.

          Esto rápidamente provocó que se ganara enemigos por todas partes y que las presiones sobre el pobre y bienintencionado Luís II que no quería dar crédito bajo ningún concepto a ninguna mala opinión (por muy justificada que fuera) de su adorado compositor, estuvieran por todas partes; hasta tal punto que el consejo de ministros con el apoyo de la Reina madre amenazó con dimitir en pleno si Wagner no abandonaba el país. Y fue así como un dolidísimo Luis II vio marchar a su dios en la tierra.

          Pero esa no era la única resolución que el ministerio le exigía al Rey, era un imperativo que se casase cuanto antes. El Rey, que no tenía ni el más mínimo interés en el matrimonio, hasta ese momento sólo había adorado a una mujer, su buena y comprensiva prima, la Emperatriz Isabel de Austria y Hungría (conocida popularmente como Sissí), con la que siempre mantuvo una gran correspondencia (y que llegó a asemejarse enormemente a su primo, también pasó su vida huyendo de las hipocresías de este mundo, lo que solucionó viajando sin parar, no estableciéndose en ningún lugar, alejándose continuamente de aquella miserable corte de Viena a la que despreciaba y que la odiaba); pero naturalmente, ella no era una posibilidad, así que eligió a la hermana de esta que gozaba de cierto parecido, la prometida del Rey de Baviera se llamaba Sofía.

           Y lo que comenzó como una relación de gran romanticismo en la que Luís II veía a su prometida como la heroína o princesita de sus cuentos de hadas y a la que llegó a enviar cartas de amor firmando como Tristan o Lohegrin, no tardó en apagarse; básicamente porque el soberano o no se decidía o no quería decidirse, así que retrasaba continuamente la fecha de la boda; lo que llevó a que le padre de la joven novia le pusiera un ultimátum. El Rey bávaro canceló el compromiso.

          Y lo cierto es que era muy probable que ese desinterés por el matrimonio y por las mujeres en general se debiera a su homosexualidad contra la que intentó luchar toda su vida, al fin y al cabo, él quería ser un buen católico y la práctica de semejante aberración sodomita, aún sin poder impedirla, le llenaba de temor como relataba en sus diarios perdidos en la 2ª guerra mundial (aunque Norberto pensaba que habían sido oportunamente perdidos y ello era un capítulo importante de su tesis).

          Pero para desgracia del monarca, sus problemas estarían muy lejos de acabarse ahí; condenado a vivir en una época tumultuosa, se vio obligado a formar parte de la unificación alemana que proclamó emperador a Federico Guillermo IV, lo que disminuyó cuantitativamente su poder, y que arrastró al reino que ya no era capaz de reconocer a terribles guerras con las que estaba en total desacuerdo; sí, Luis II era un estandarte de la cultura, de la paz, aquellos delirios imperialistas y de grandes conquistas le tenían sin cuidado, él lo que quería era un reino de belleza y de arte, un reino de músicos, pintores, arquitectos, escultores… etc, pero como le habían arrebatado su reino aquellos políticos corruptos, aquellos horribles prusianos y aquel terrible Bismarck, y sabiendo que no podía abdicar debido a la locura de su pobre hermano Otto; decidió crear unos nuevos reinos, algo que ya no le podrían quitar, creado a su imagen y semejanza: sus hermosos castillos, que fueron Linderhof (un hermoso palacete rococó), Herrenchiemsee (una réplica reducida de Versalles) y Neuschwanstein (un castillo como sacado de cuento de hadas); castillos que, contrariamente a lo que muchos piensan, en ellos no se despilfarró el dinero del estado bávaro, sino la fortuna personal del monarca; y que estarían equipados con las más avanzadas tecnologías de la época, y algunas de ellas inventadas por el propio Rey.

          Ahora Luís II ya podía ser relativamente feliz, encerrado en aquel sueño en el que podía realizar banquetes con personajes imaginarios como María Antonieta o Madame de Pompadour; pero al fin y al cabo, un encierro es un encierro y no dudaría en criticar abiertamente tanto al gobierno como a la Casa Imperial; además de negarse a volver a Munich (lugar donde debía residir un número determinado de días al año).

           Por esas razones pronto aquel Rey se convirtió en un inconveniente, así que eso, y las ambiciones de algunos parientes provocaron que rápidamente, y sin examen previo se le declaró loco e incapacitado para reinar, por lo que una comitiva de ministros fueron a detenerlo, pero el monarca, que gozaba de simpatía entre el pueblo y los sirvientes fue avisado, pero en vez de huir a Austria o volver a Munich pidió suicidarse tirándose desde la torre más alta del castillo de Neuschwanstein donde llevaba residiendo varios años, algo por otra parte muy romántico y muy propio de una persona como era él.

          Finalmente, y en un segundo intento se consiguió detenerle y lo llevaron prisionero al castillo de Berg; su cautiverio en cambio no duraría demasiado, tres días después moría ahogado en el lago cercano; las razones serán siempre un misterio y son de lo más variadas, algunos dijeron que cuando daban en paseo el Rey ya sea por un ataque de locura o por voluntad propia asesinó al doctor que lo acompañaba y luego se suicidó; otra, más romántica, asegura que al otro lado del lago se encontraba veraneando su amada Sissí (que fue sin duda la más conmocionada por la muerte de su infortunado primo, al que dejaría un ramo de violetas en sus manos cuando estaba en el ataud y del que diría tristemente "El rey no estaba loco. No era más que un excéntrico que vivía en un mundo de sueños. Si lo hubiesen tratado con más suavidad, seguramente le habrían evitado un fin tan terrible") y que el pobre Luís intentó cruzar el lago para hallar refugio junto a su prima y que en el intento pereció; en cambio, la que más creía Norberto, era aquella que decía que, teniendo en cuenta el hecho de que Luís II era un gran nadador, era imposible que se hubiera ahogado, por lo que lo más probable es que doctor y paciente fueran asesinados muy oportunamente.

          Y, dejando de lado las cuestiones históricas, Norberto pensaba mientras subía, como siempre hacía, al puente que el mismo Luís II había hecho construir y desde él que se apreciaba una impresionante vista lateral del castillo que es una de las más conocidas y fotografiadas; que el personaje histórico y él tenían muchas cosas en común, así, Norberto también era muy soñador, odiaba la hipocresía y tenía unos fuertes valores morales los cuales le hacían bastante ingenuo y siempre bienintencionado; adoraba el arte y la historia por encima de todo, lo que le hacía un humanista moderno, y sentía verdadera fascinación por los mundos maravillosos e inexistentes que evocaban los cuentos de hadas en los que el protagonista al final siempre acababa perfectamente, el bien triunfaba y el mal perecía para que todos pudieran ser felices y comer perdices; todo lo cual, le había llevado más de una vez al igual que le había pasado a su admirado y trágico monarca, a darse de bruces más de una vez contra la realidad.

          En estas reflexiones se encontraba Norberto cuando por fin, cruzó el portalón del castillo para ver, por primera vez, habitaciones que muy pocas personas habían visitado, lo cual le emocionaba extremadamente.

     

    Continuará…

    October 18

    Cuarta parte de Notas de aburrimiento

          Ya han llegado nuevas notas de aburrimiento que no son nada aburridas… ¡a divertirse se ha dicho!:

     

    Nota 6:

     

          Vale, ya me acerco hacia el instituto, vuelvo a sentir terror, lo tengo a la vista y no se que hacer, ¡ay! ¡¿Que hago?!, odio los primeros días, no deberían de existir, debería de haber sólo segundos días (aunque si sólo existieran segundos días estos serían primeros días puesto que no habría un primero previo, y eso no solucionaría nada, ¡ayyy!); vale ya se, soy funcionario, haré lo que sabe hacer todo buen funcionario… ¡darse de baja por depresión!, así no tendré que ir en unos cuantos meses; aunque ya me lo imagino, después de un par de semanas el psiquiatra dictaminará cruelmente: “su problema no es mental señor mío, su problema reside en la dureza de su cara, más dura que el cemento”, y entonces le pasará un circular a la directora que se lo contará a todo el centro donde me mirarán y susurrarán a mis espaldas, y entonces caeré realmente en una depresión del agobio y del temor porque no conseguiré tener una relación social decente porque todos me considerarán un mentiroso; pero no servirá de nada, porque aunque tenga una depresión nadie me creerá ya que el horrible psiquiatra se habrá encargado de mandar otra circular a todos los médicos de la sanidad pública y privada para que tengan claro que soy un farsante y no me crean una palabra; y así yo, en la flor de la vida, moriré de angustia y desesperación por culpa de una depresión.

          Visto esto, sí, decididamente será mejor entrar; no puedo permitirme morir ahora y que Ildefonso se quede huérfano, o peor que encuentren a su horrible madre y se lo entreguen para que ella le pueda aprender a disfrutar del amor libre y de las ventajas que tiene el analfabetismo bajo el lema “¿Quién quiere estudiar cuando puede fornicar?”; ¡que horror, decididamente me voy a armar de valor y entrar de una vez!

     

    Nota 7:

     

          Err, antes repasaré mi nota de ánimo (la 3), a ver, a ver, era sobre Tomás de Torquemada, el nombre del instituto, digo así “en cualquier caso es un nombre que inspira tranquilidad, "Tomás de torquemada" creo que lo convertiré en mi buena señal del día, en el símbolo de mi bienestar, pensaré en todas sus grandes acciones (cuando me acuerde de una) y me las pondré como ejemplo de conducta para el resto de mi vida, si, decididamente necesito una figura de la que tomar ejemplo”; ahora si que siento valor, voy a entrar, ¡por Tomás de Torquemada!

     

    Nota 8:

     

          He leído el cartel del instituto (uno bastante antiguo), ponía lo siguiente “Instituto Inquisidor Tomás de Torquemada” y debajo aclaraba (por si fuera poco) “el martillo de los herejes, la luz de España, el salvador de su país, el honor de su orden”, repentinamente y como un rayo he recordado quien era; uno de los mayores asesinos de la historia española, el primer sumo inquisidor: torturaba y quemaba a la gente, expulsó a los judíos de España y durante su mandato fueron quemadas más de diez mil personas y otras veintisiete mil sufrieron penas infamantes… ¡Oh Dios!, ¡Y este iba a ser mi ejemplo vital!, ¡como voy a entrar en ese lugar teniendo como ejemplo a un asesino!, empiezo bien buscando mi buena señal desde luego.

          Pero la culpa no es del todo mía, ¿a quien se le ocurrió llamar a un instituto así?, bueno da igual, entraré y olvidaré todo esto, con un poco de suerte no me quemarán en la plaza mayor por ser padre soltero y porque mi mujer sea una furcia.

     

    Nota 9:

     

          Este lugar es sumamente extraño, tan pronto entré, vi pasar a una chica relativamente joven que se quedó mirándome, yo la miré y ella corrió hacia mí diciendome:

    -Oiga, ¿usted no será el nuevo conserje-reprográfo?

    -Sí claro, soy Abelardo Bueno, encantado –dije tendiéndole la mano.

    -Pero… ¡sí ha llegado usted un cuarto de hora antes!, ¡salga inmediatamente! –dijo casi gritando- tendremos que adelantarlo todo –dijo como si estuviera a punto de planificar la invasión de un país.

          Y estoy fuera del instituto, otra vez delante de la placa esperando a que sea en punto.

     

    Nota 10:

     

          Cuando entré la chica ya no estaba, ¡había todo un comité esperándome!; “que amables” pensé yo, aunque esa impresión se me sacaría bien pronto.

           Lo cierto es que estaban colocados de una forma muy especial, jerárquica, y en el centro y un paso por delante de todos había una mujer superpreparada a nivel de vestuario, maquillaje y peinado.

           Me quedé paralizado, no sabía que hacer, me sentía como si estuviese en un besamanos en el Palacio real y no supiera muy bien donde estaba mi sitio.

           Todos me miraban así que decidí avanzar, e iba a empezar a hablar cuando la superpreparada (que me fijé en que llevaba el mismo modelo que había llevado la Reina en un viaje oficial y que había visto en la portada de la revista Adios) se adelantó:

    -Bienvenidoooo –dijo con una voz tan melodiosa como falsa- Soy Almudena de Castro, la directora de este centro –en ese momento me pregunté si debería hacer la reverencia francesa o la austriaca- espero que perdone el desorden de esta ceremonia de recepción, pero lo cierto es que llegó antes de lo que pensábamos –me dijo con mirada acusatoria-, en cualquier caso, me alegro de que ya esté con nosotros, mire, le presento a la subdirectora Diana Vázquez, consúltela siempre que quiera saber algo sobre la dirección o acceder a mí –bien, ahora ya sé como pedir audiencia-, por cierto, ¿usted como se llama?, ni siquiera se ha presentado –dijo como si yo fuera la persona más descortés del mundo.

    -Err, sí

    -“Err” no es una palabra querido –me dijo con voz amenazadora- trate de no actuar así delante de los alumnos, ellos nos ven como ejemplos, por tanto debemos dar una imagen en todo momento, y la de seguridad en sí mismos es vital.

    -Abelardo Bueno, mi nombre es Abelardo Bueno

    -Desde luego no es una presentación muy correcta pero deberemos conformarnos mientras le adiestramos en el protocolo del instituto -¿protocolo?, ¿Dónde cree que estamos?- en cualquier caso, me parece usted encantador y muy natural –dijo con una sonrisa falsísima- y creo sinceramente que seremos muy buenos amigos, ¿no lo cree usted así? –afortunadamente no me dejo responder, puesto que hizo un gesto a lo Luis XIV con el cual daba por concluida la “ceremonia” y todos regresaron a sus puestos; todo muy majestuoso sí, pero nadie se había molestado aún en enseñarme donde trabajo, tendré que buscar reprografía yo solito.

     

    Nota 11:

     

          ¡Menos mal! Cuando se han ido al fin ha llegado una persona normal, es Mari, mi compañera de reprografía, una mujer rubia (de bote), ya entrada en años y bastante oronda por expresarlo de manera fina; ella me ha enseñado donde está la oficina del conserje que está anexa a reprografía, al menos están pegadas (no como en el otro instituto en el que tenía que ir andando de un lado a otro continuamente)

     

    Nota 12:

     

          No llevaba ni tres minutos en la oficina del conserje instanlándome cuando ha aparecido otra mujer joven que venía con aires de espía internacional:

    -Disculpe –dijo susurrando y cerrando la puerta con sigilo, mientras yo me temía que estuviera insinuándoseme sexualmente- ¿es usted el nuevo conserje?

    -Sí así…

    -¡¡¡No hable tan alto!!! –dijo muy alterada- escuche, debe venir conmigo, la jefa de estudios –dijo con voz grave- quiere hablarle.

          Por alguna extraña razón decidí seguir a la misteriosa mujer que parecía disfrutar imitando las películas de Bond, James Bond mirando en los bordes de las paredes y otras cosas por el estilo, sólo le faltó coger un cigarrillo con boquilla para completar la escena, quizás la próxima vez.

          Por fin nos paramos delante de la puerta del salón de actos (bueno, al menos seguir a esta tipa ha tenido la ventaja de conocer mejor el nuevo instituto), a continuación ella echó su melena rizada hacia atrás cual anuncio de chica pantene y me dijo:

    -Pase, le está esperando –en este momento no puede evitar recordar secuencias de El padrino.

          Entré mientras ella cerraba la puerta con llave y se quedaba fuera, con lo que empecé a asustarme de verdad, entre otras cosas porque el lugar estaba totalmente oscuro, aunque pude distinguir que era como un teatro, pues al final del todo había un telón con sus cortinillas.

          Después de aproximadamente medio minuto el telón se levantó y las luces del escenario se encendieron y yo pensé si debía sentarme a comer palomitas.

          En el centro del escenario, iluminada por todos los focos estaba otra mujer sentada en una silla escolar como las que había en todo el salón, era quizás algo más joven que la madura directora pero con pocos años de diferencia y que vestía más informal (además de ser más gorda que ella también); me sonrió, se levantó, descendió de donde estaba entronizada sonriéndome todo el rato y me dijo:

    -Hola, soy la jefa de estudios Alicia Peral

           Tuve miedo de deshacer el protocolo de esta nueva recepción (que no parecía demasiado oficial), así que me quede sin saber que hacer, finalmente me tendió la mano así que se la choque mientras decía:

    -Yo Abelardo Bueno, encantado.

    -Me alegro de tenerlo con nosotros Abelardo –es sorprendente la cantidad de gente que se alegra de que esté aquí, ¡estarían saturados de fotocopias o perderían las llaves del instituto continuamente, porque sino no se explica!- ¿sabe que es usted muy atractivo? –la forma descarada de hacerme la pelota de esta mujer está empezando a ponerme nervioso- en cualquier caso creo que seremos muy buenos amigos –creo que esta mañana he batido el record de amistades hechas en menos tiempo de toda mi vida- supongo que ya ha conocido a la de Castro –dijo con visible repulsa a pesar de que intentaba disimularlo- no le tome a mal su desprecio hacia usted ni esa forma de tratarle como si usted no fuera nadie…

    -Bueno, no creo que fuera… -intenté intervenir pero ella siguió a lo suyo.

    -la pobre tiene está muy enferma, es una megalómana obsesiva compulsiva y estoy segura de que usted opina que debería de retirarse por su bien, ya que así podremos contribuir a su mayor bienestar.

    -Verá, es que yo no soy psiquiatra ¿sabe?

    -Bueno –siguió sin escucharme- en cualquier caso ya tendremos tiempo de hablar con más detalle, si usted lo desea claro, ¡amigo mío! –dijo mientras se lanzaba sobre mí y me abrazaba fuertemente como si los menos de cinco minutos que llevábamos hablando fueran cinco años; decididamente el tiempo no corre igual en este lugar que en el resto del mundo – en fin, ¡tenga un buen día! –dijo mientras se volvía hacia el escenario, en donde se bajó el telón y se apagaron las luces de forma muy calculada (sólo les faltó poner humo para completar la escena)

          Entonces noté que la puerta de afuera se abría, pero cuando salí no había nadie, ¡esto es demasiado!

     

    Nota 13:

     

     

          Una vez que acabé de poner las cosas en su sitio fui a ver a Mari que ya tenía trabajo

    -¿Dónde estuviste? –me preguntó alegremente- si que te lleva tiempo desempaquetar

    -Me llamó la jefa de estudios  

    -¿la… jefa… de estudios? –dijo con una expresión que no sabría definir- mira, se que aún eres nuevo, pero tienes que tener mucho cuidado con la gente con la que te relacionas -¿pero de que habla esta mujer?, ¿Qué clase de lugar es este?- estamos en plena guerra, y tu vienes a desequilibrar la balanza –lo que me faltaba- de tu elección dependerá que gane el bando del poder único y legítimo o el de una golpista sin talento, una zorra ambiciosa resumiendo.

    -Creo que seré neutral en el conflicto –dije sin saber si decirlo en broma o no

    -¡¡¡No puedes ser neutralllll!!!, -dijo exaltada- aquí se juega mucho, debes decidir, ¡¡¡debes tomar una decisión!!!

          Reprimí mis deseos de decir “¡pero si estoy en mi primer día, dejadme en paz!, ¿que es esto, una cámara oculta?”. En cualquier caso, por mi bien decidí no decir nada más sobre el tema en lo que quedaba de día

    -Bueno –dijo, gracias a Dios, más calmada- voy a entregarle unos documentos a la directora

     

    Nota 14:

     

     

          Estoy seguro de que nadie a tenido más audiencias en un solo día con tantas importantes autoridades, la directora me volvió a llamar a su despacho, pero esta vez nadie sonreía, todos estaban serios y me miraban como si hubiese cometido un crimen de guerra.

          En el despacho estaban la directora, la subdirectora y… ¡sorpresa! La chica que me había llevado ante la jefa de estudios y que sorprendentemente era la secretaria de la directora, esto ya me desborda por completo.

           Iba a hablar, pero como de costumbre no me dejaron, esta vez de una forma menos amable porque la subdirectora dijo:

    -En ningún caso, y digo en ningún caso se dirija a la directora sin que ella lo haga previamente hacia usted; el tratamiento que debe darle es de Doña Almudena o Directora.

           Me callé, y estuvimos aproximadamente dos minutos callados, esto podía durar toda la mañana.

    -Tengo entendido –dijo la directora- que ha ido usted a ver a –dijo con repulsión no disimulada- la jefa de estudios

    -Si bueno, me llamo y…

    -Pensé que éramos amigos Abelardo –dijo cortante, como si la hubiera herido en lo más profundo de su corazón.

    -Es que yo…

    -Tranquilo, comprendo que haya podido tener un error, ¡es usted tan encantadoramente inocente!, pero debe tener cuidado Abelardo, mucho cuidado, hay gente muy mala ahí fuera que intentará que no seamos amigos, debe guiarse usted por los que le quieren Abelardo, por ejemplo su compañera Mari –mira tu quien le fue con el cuento a la directora, ¡será asquerosa!

    -Pero es que yo sólo…

    -¡¡¡No se autojusfique!!! –dijo perdiendo la calma y poniéndose furiosa- ¡es lo que más detesto!, ¿cree que se puede derribar al poder establecido?, ¿cree que se puede derribar a la directora elegida por la gracia de la enseñanza?, ¿se atreve a desafiar los insondables designios de la enseñanza?; ¡pues es lo que ha hecho esta mañana participando en un intento de golpe de directiva!

    -Pero que esta diciendo, yo…

    -¡¡¡Silencio!!! –gritó la subdirectora- ¡nadie le ha dicho que hable!  

    -Ha llegado el momento –continuó la directora más calmada- en el que todos tenemos que decidir entre lo que está bien y lo que es fácil –En ese momento reprimí mi deseo de decirle que le había robado esa frase a una película de Harry Potter- y el sistema debe mantenerse, sino sería el caos, yo soy, y siempre seré La directora –dijo de una forma mesiánica- no lo olvide, querido Abelardo, ahora vuelva al trabajo, llévese esto y memorícelo en su tiempo libre.

          Leí la hoja que me dio, era su currículum, o como ella lo hubiera llamado, una lista con sus “títulos”, en la que venían hasta los cursos de perfeccionamiento de natación. Gracias a Dios mi jornada ya se está terminando, espero despertar en cualquier momento de este extraño sueño, porque no puedo creer que exista realmente un lugar como en el que acabo de estar.

     

    Continuará...

    October 10

    La herencia del Rey loco: capítulo 1; un nuevo relato para la sección Grandes Relatos

          Otra cosa no, pero no se me podrá criticar que no hay donde elegir (aunque si se podría en el caso de la tardanza en la publicación de nuevos capítulos); este nuevo relato lo inicio con enorme ilusión porque aborda muchos de los temas que me apasionan (en el argumento de fondo) y que espero conseguir que os interesen; en cualquier caso, en principio este será el último relato largo que se publique (al menos hasta que se acabe uno de los anteriores), básicamente porque tanto comenzar y nada acabar no puede funcionar, en fin os dejo pues con:
     
    La herencia del Rey Loco
     
    Capítulo 1:
     
          Norberto estaba muerto de excitación "por fin", no dejaba de pensar, "por fin lo he conseguido", la emoción lo desbordaba, y no era sin razón llevaba mucho tiempo deseando aquello: entrar en los archivos del castillo de Neuschwanstein. Lo sabía, estaba seguro de que esa visita que se había conseguido a base de mucho esfuerzo e innumerables trámites burocráticos y de todos los tipos posibles sería muy útil, estaba seguro de que le ayudaría enormemente en su tesis.
           "Y aunque no sea así, cosa que dudo, siempre tendré como compensación el moverme por las partes no turísticas del castillo y descubrir nuevos lugares"; sí, lo cierto es que el sueño de Norberto hubiera sido poder moverse con toda libertad por el castillo, abrir todas y cada una de las puertas y explorar cada una de las habitaciones del magnífico monumento, al fin y al cabo, la parte turística ya la tenía muy vista, de hecho, era capaz de recordar perfectamente su primera visita y como le impresionó, todo ello a pesar de haber visto mil y una veces todas las fotos que pudo conseguir, puesto que su obsesión por el lugar le venía de hace tiempo, mucho tiempo, de hecho, desde su infancia; en realidad todo comenzó cuando vió la película Chitty Chitty Bang Bang en la que el castillo realmente, salía de refilón y cualquiera se hubiera fijado mucho más en el fantástico coche, o sino al menos en el talento de Dick Van Dyke como bailarín, en la voz de Sally Anne Howes o en la hermosa idea transmitida por el guión de Roald Dahl; en cualquier caso, apenas un par de planos del edificio baváro bastaron para que en Norberto arrancara un deseo de saber más sobre el tema; el problema era, claro está, que no tenía por donde empezar, al fin y al cabo, en la película se habían inventado el nombre del país y los falsos y extraños duques que aparecían no eran de más ayuda, la verdad era que Norberto no tenía datos, sólo una imagen.
           Sin embargo no la olvidaría, y no demasiados años después, acompañando a uno de sus padres a una agencia de viajes lo volvería a ver, allí estaba en la portada de una revista de centroeuropa, en medio de la niebla, en medio de un paraje más romántico imposible, con un lago detrás, tal cual como sacado de un cuento de hadas; naturalmente, se llevó la revista (a pesar de su imposibilidad de ir a centroeuropa) y por fín conocía el nombre que tanto se le había resistido: "Neuschwanstein", "castillo de Neuschwanstein en Füssen, Alemania", y le pareció precioso, aunque aún no sabía lo que significaba. En cualquier caso, aquello había sido un oasis en aquel desierto que suponía una busqueda incierta, vale que la revista no le aportó gran cosa en el conocimiento del castillo, pero sí que le había dado lo que más necesitaba.
           Y así fue investigando según iban pasando los años, devoraba todo lo que podía conseguir sobre el castillo, recurrió a la biblioteca pública donde consiguió más datos, y más tarde la aparición de internet en su vida acabó por completarselos; de todos modos la investigación acabó por decepcionarle un tanto en un comienzo, puesto que aquel no era el castillo medieval de cuento de hadas que el se había imaginado había sido construído en el XIX, es decir, no era más que un historicismo; pero conocer esto le llevó a saber más sobre su constructor, el Rey Luis II de Baviera, un interesante monarca del que se enamoró platónicamente después de que cayera en sus manos la película Ludwig (traducida por Luis II de Baviera) de Visconti, y eso hizo que de nuevo su pasión por aquel lugar aumentara hasta el punto de estudiar el primer ciclo de alemán de la escuela oficial de idiomas.
           Finalmente llegó el momento en que tuvo que decidir a que se iba a dedicar, su sueño lo tenía claro, conocer más sobre Luis II y salir en su defensa demostrando que no estaba loco sino que era un genio; eso, y su gusto por la historia en general hizo que se decidiera rápidamente por esa licenciatura, y a pesar de que la universidad estaba muy lejos de ser aquella casa de la cultura de la que le habían hablado y de que en ese tiempo apenas tuvo la oportunidad de profundizar en el tema que le apasionaba a causa de los interminables trabajos, exámenes y profesores maniaticos no desistió en su objetivo (a lo que ayudó mucho un viaje de ecuador a Alemania, donde tuvo la oportunidad de visitar esos lugares que tantas veces había estudiado y que le dieron fuerzas para continuar), consiguió un buen expediente que le abrió las puertas a una recomendación para hacer su tesis en una de las universidades más exigentes y elitistas, la de Munich, capital del estado federado de Baviera de la república de Alemania; y además consiguió que se la guiara el profesor que más había escrito sobre el infortunado monarca y sus espectaculares construcciones.
          Sí, había conseguido lo que llevaba tanto tiempo deseando, es indudable que Norberto tenía muchas razones para explotar de alegría mientras iba por el Condado de Ostallgäu en aquel impresionante descapotable plateado. Naturalmente aquel carísimo y exclusivo coche no era suyo (bastante le costaba ya a su familia mantenerlo en Munich, una de las ciudades más caras de Europa; aunque lo cierto es que siempre le habían apoyado) sino de un amigo hecho allí en Baviera que se lo había prestado para evitar que tuviese que andar gastando en alquiler de coche (el castillo esta en un diminuto pueblo llamado Schwangau) , su nombre era Herman vom Rhein y era el más típico chico joven rico que se pueda imaginar, para empezar procedía de una familia rica por tradición, de hecho, en su arbol familiar había nobles, aunque no de muy alta alcurnia, en cualquier caso, era gente que había sabido moverse muy bien durante la historia, hasta el punto de acumular una de las mayores fortunas de Europa y quizás la mayor de todo el país; y por si esto fuera poco, la familia no se conformaba con tener poder económico, también gozaban de poder político, basta con decir que su padre es Aldous vom Rhein, el primer y poderoso ministro de Baviera, que a pesar de su talante conservador, no siempre bien visto, había sido reelegido una y otra vez durante varias decadas. Y como toda familia importante que se precie, no le faltaban detractores, y las malas lenguas decían todo lo imaginable sobre ellos y sobre los supuestos negocios turbios que manejaban cada vez con más descaro (de hecho, un político llego a hacer una alusión en el parlamento, aunque sin demasiada fuerza), muy especialmente desde que Aldous vom Rheim estaba en el puesto. En cualquier caso, el primer ministro gozaba del cariño de los votantes, quizá debido a su avanzada y poco común edad entre los políticos, tal vez por su gusto por el populismo o, porque no decirlo, por su buena gestión del estado baváro.
           Pero si el padre era un hombre responsable y muy cuidadoso con su imagen, el hijo era igual que él cuando era joven: un crápula sin demasiado sentido común, que, y de eso se había ocupado muy bien su progenitor, afortunadamente no era un personaje público, con lo que seguía en la universidad a pesar de que ya hacía bastantes años que debía haber acabado su doble licenciatura de derecho y económicas, que le capacitaría, o al menos en apariencia, para seguir con los negocios de la familia; futuro que a Herman no le importaba demasiado que sólo pensaba en irse de fiesta y en que capricho absurdo despilfarrar el cuantioso dinero del que disponía. 
           Visto esto, ¿como es posible que dos personas tan diferentes pudieran llevarse bien o tan siquiera haber coincidido en la misma sala? la razón fue la pasión de uno y la obligación de otro; lo cierto es que, debido al ya mencionado caro estilo de vida de Munich, Noberto se vió obligado a conseguir unos ingresos extra, así que comenzó a trabajar como empleado temporal para la conocida casa de subastas Sotheby's, y allí encontró a Herman, un chico que se venía a encargar del papeleo de la última adquisición de la, por lo visto, abundante colección de arte de su familia (según algunos, conseguida durante las guerras mudiales, aprovechandose de la necesidad de los diferentes países de coseguir dinero rápidamente). Comenzaron a hablar, y al poco descubrieron que se podían ser útiles mutuamente, para Herman, Norberto era una forma divertida de conocer historia y de catalogar las obras de arte de su familia además de aprender sobre el tema, cosa que su padre le exigió debido a ser una inversión importante; y para Norberto, Herman le ayudó a salir de su caracola y llevarle a descubrir que después de todo la diversión no sólo está en los libros de historia (además de conocer un montón de sitios exclusivos y a varios famosos).
            Lo cierto es que la suya no era una relación convencional, pero ya se sabe que los polos opuestos se atraen, cosa que Norberto volvió a pensar mientras miraba el tapizado del coche que probablemente había costado miles de euros; pero no pudo pasar mucho tiempo más admirando esto, porque estaba llegando a su destino, delante de él aparecía por fin aquel pequeño y colorido pueblo alemán y sobre él, brillando al sol con su blanco marmoreo uno de los castillos del que dicen que se inspiró Walt Disney para algunas de sus conocidas películas.
     
    Continuará...
     
    July 18

    Tercera parte de Notas de aburrimiento

          ¿Ansiosos por devorar nuevas notas de aburrimiento? ¡pues no sufrais más!:
     
    Nota 3:
     

         Bueno, ¡pues ya estoy preparado para comenzar una nueva vida!, dentro de pocas horas haré mi entrada triunfal en el nuevo instituto llamado, a ver, a ver, “instituto Tomás de Torquemada” umm, ¿de que me suena a mi ese nombre? por el nombre debe ser una figura histórica relevante, ¿tal vez uno de esos múltiples reyes que correteaban por los múltiples reinos de la edad media?, ¿tal vez un importante heróe nacional o un político del XIX?, no, decididamente debe ser un santo, aunque no debe de formar parte de la prole canonizada con el último Papa, porque no me suena... en cualquier caso es un nombre que inspira tranquilidad, "Tomás de torquemada" creo que lo convertiré en mi buena señal del día, en el símbolo de mi bienestar, pensaré en todas sus grandes acciones (cuando me acuerde de una) y me las pondré como ejemplo de conducta para el resto de mi vida, si, decididamente necesito una figura de la que tomar ejemplo. 

     

    Nota 4:

     

         Ohhh, a quien quiero engañar, nunca me han gustado los cambios y esto de fingir seguridad en mi mismo no me funciona jamás, y la verdad, tampoco me ha ayudado mucho que Ildefonso, cuando le dije que se preparara para que fueramos al insituto me haya dicho:

    -¡Sí! iremos cogidos de la mano dando saltitos por el camino de los ladrillos amarillos como en El mago de Oz, estoy deseando que la primera impresión que tengan de mí mis compañeros sea el niño mimado de papa que va junto con él al colegio donde también trabaja.

    -Yo pensaba ir por una acera gris normal y corriente, pero si esa otra ruta te gusta más, ¿por qué no?

    -En serio papa, las primeras impresiones son básicas y bastante tengo con ocultar mi maravilloso nombre, ¿no había uno más normal que no le gustase a ella? -hasta ahora, nos hemos referido a Julia siempre como "ella", algo curioso, porque mi hijo nunca ha tenido el mínimo interés por conocer nada de su madre, a veces pienso que es por pura estrategia, así tiene un padre menos del que avergonzarse mientras él se ocupa de parecer una portada del superpop.

    -Hijo mío, ya sabes que en nuestra familia...

    -hay una tradición de nombres peculiares -dijo con aire ceremonial y en tono de burla- me ocuparé de romperla.

    -No son peculiares, sino originales, así no nos confunden, ¿o acaso te gustaría que en tu clase te llamaran Juan nº 3?, así lo evitas -dije bromeando- y además, te aseguro que un día dejarás de ser "fonso" y utilizarás tu nombre verdadero, y eso significará que has madurado.

    -Tienes un concepto muy peculiar de la madurez, ¿lo sabías?.

    -Por lo menos -le dije- no pretenderás ocultar o negar que soy tu padre durante tres años como en el anterior instituto, ¿no?, con todas tus preocupaciones para ser chachi piruli...

    -No digas eso -me recriminó- me duelen los oídos, debería haber un manual para los padres en el que se dijera que nunca, nunca intenten utilizar expresiones que creen modernas, no hay nada más ridículo.

    -Pues hablando de ridículo, el que hiciste tú cuando todo el instituto sabía que era tu padre y tu parecías ser el único que no lo sabías, aún recuerdo cuando Lola, tu profesora de geografía te pidió que le pidieras a tu padre que te hiciera unas fotocopias y tu vas y le dices:

      -Pero en casa no tenemos fotocopiadora

      -Ve a reprografía -dijo ella pacientemente, a esta altura todo el instituto sabía tu manía de ocultarlo como si fuese un secreto de estado o si fuesemos una especie de espías infiltrados y desvelar mi nombre pudiese suponer que me torturaran para extraerme la información de como conseguía los colores más nítidos de los dos barrios circundantes-, evidentemente.

      -¿A reprografía?, ¿y que iba a hacer mi padre allí?

         Y tengo entendido que la mirada que te dirigió ella y toda la clase fue de las que hacen época, algo que sinceramente, debían haber hecho antes, porque así dejaste de lado esa manía persecutoria; el caso, ¿piensas hacer este año lo mismo? seguro que vuelve a ser divertido hablar en clave sobre cosas de casa, pero tendrás que inventar un lenguaje nuevo, seguro que los malvados que quieren acabar con tu vida social están al acecho preparando malignos planos para que dejes de ser chachi piruli -dije en tono de burla

    -Bueno vale, a lo mejor me pasé un poco -dijo un tanto arrepentido

    -¿Un poco? por favor, fingías no saber mi nombre cuando llevaba una chapa con él.

    -Supongo que este año no haré lo mismo, aunque tampoco hablaré de ello a todas horas.

    -Vamos, que no piensas decir nada hasta que salte la liebre.

         Y se fue, así sin más y aunque no niego que me gustaría que me acompañara, prefiero que sea él quien tenga un buen día, porque con lo temperamentales que son los adolescentes, sino le va bien, luego tendré que ser yo quien le consuele porque se le desataron los zapatos delante de sus amigos o cualquier cosa que a esa edad da la impresión de que se te hunde el mundo, en fin, todos hemos pasado por eso y hay que tratar de comprenderlo.

          Además así podré aprovechar, como entro más tarde que Ildefonso, para visitar por última vez mi antiguo instituto y recoger algunas cosas que me quedaron; aunque tengo entendido que Cari ya me las ha puesto en una bolsa.

         Cari era mi antigua compañera conserje/reprógrafa  en el anterior instituto, y cada vez que la llamo así se crea un malentendido por razones lógicas (cari de cariño) y como todo el mundo lo hace y ella tiene la costumbre de saludar a todo el mundo con dos besos, pues da la impresión de que es la mujer más promiscua del mundo); de hecho, es la persona más incomoda de presentar porque dices:

    -Bueno esta es Cari

    -¡Ah!, Abelardo, ya era hora de que te echaras novia -dice el típico amigo soltero- ¡si es que ese celibato no es bueno!

    -No, su nombre es "Cari"

    -Si bueno, yo a la mía le llamo churri, pero eso es pa gustos...

    -¡Que no, que ella se llama así!, -digo siempre con cansancio- tú Manuel, ella Cari -¡cuanto bien han hecho las películas de Tarzán a la humanidad, especialmente si tienes que presentar a Cari!

    -¡Ah!, ¿pero estáis liados no?

          En ese punto es cuando yo pierdo la paciencia y Cari toma las riendas, lo que es lógico, dado su empeño en ser presentada a todo el mundo (e Ildefonso cree que es él quien tiene problemas con su nombre); pero comienza lo que yo llamo "el proceso de la primera mala impresión", (a que va a ser por eso que él círculo de amistades de Cari es tan cerrado):

    -Mira tío, yo me llamo así y él es mi amigo, ¿es tan difícil de entender?

    -Bueno -continuó Manuel- ¿entonces te gustaría ser mi cari? -dijo con tono lujurioso mientras se acercaba a ella.

            Cuando esto sucede, y siempre hay graciosos por el mundo que lo hacen, Cari toma en cuenta diversas posibilidades, la mayoría son de violencia física, en el caso de Manuel fue una patada en ese órgano que hay entre las piernas; y ese tiempo fue exactamente el que duró su relación: 5 minutos. Con las mujeres no creáis que le va mejor, no soporta las risitas; es una mujer de bastante carácter, aunque muy dulce, amable y comprensiva si la llegas a conocer a fondo.

           Lo más curioso de todo esto, es que el en apariencia "lascivo nombre" de mi amiga oculta un divertido secreto; pues ella es otra de los que Ildefonso llamaría "víctimas de su propio nombre"; pero el caso de Cari es especialmente curioso, puesto que todos parecen ver como impúdico, obsceno y libertino nombre de mi amiga, no es sino la abreviatura de su primer nombre: Caridad; y digo primer nombre, porque ella fue "víctima" de unos padres excesivamente religiosos, casi fanáticos, que le pusieron a su primera hija como nombre las virtudes teologales, es decir Caridad, fe y esperanza; tema del que no salió mejor parada su hermana a la que le pusieron como nombre las cuatro virtudes cardinales es decir, Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza (Dios sabe que hubiera pasado si sus padres llegan a tener un hijo; ¿le hubieran puesto el nombre de todos los Papas?).

           Y así, aunque la hermana pequeña aceptó relativamente bien sus nombres, la mayor no los podía ver delante, así que aunque nunca llegó a cambiarlos por no darle un disgusto a sus padres que llevaban toda la vida diciendole lo importante que era su nombre y como le debía de servir de inspiración; nunca permitió a nadie que le llamara por ellos, de hecho, siempre trata de no enseñar su carnet de identidad como sea (lo cual le trajo más de un problema con la policía), sobre todo para evitar la automática sonrisa que se dibuja en los labios de todo el que lee el nombre; que ella se empeña en fingir que no existe, aunque, no parece darse cuenta de que el nombre "Cari" que adoptó hace tantísimo tiempo, puede que le traiga tantos o más problemas que las tres virtudes teologales juntas. 

         en fin, dejo de escribir que se me cierra la puerta del vagón y ya he llegado

     
    Nota 5:
     
          Como siempre he encontrado consuelo en Cari (que me vino diciendo que no debía preocuparme, que los comienzos siempre son difíciles, pero que merecen la pena porque a veces los cambios pueden ser buenos, además, que yo soy adorable y les encantaré, y aunque no sea así, tengo el mejor trabajo: funcionario; con lo que podré poner todo tipo de excusas para no ir un día o inventar depresiones para faltar varios meses al trabajo; ¡y como no me pueden echar!) aunque los estudiantes no pueden decir lo mismo, ¡que forma de poner orden, nunca me había fijado!, unos retazos de ello sería:
    -¡Eh tía!, ¡dame las fotos de filo! -dice un alumno con rastas
    -¡Eh sobrino!, ¡aprende a hablar y a lo mejor puedo darte algo que no sea una colleja!
          o:
    -Hola, mire yo quería... -dijo un alumno de una forma extremadamente educada
    -Menos parsimonia nene, que no estás pidiendo audiencia a la Casa Real y hay gente en la cola.
          E incluso a los profesores los pone firmes también:
    -Oye Cari -dice Gustavo, el profesor de lengua y literatura- te dejo la poesía del XIX
    -¡ni poesía del XIX ni del XXX! -dice casi gritando y delante de los alumnos- ¡me tienes harta Gustavo!, ¡luego llegan tus alumnos y no saben ni que pedir!, ¡ahora mismo me anotas ahí todos los detalles: profesor, curso, letra, trimestre, lección del libro por el que váis... etc, etc!...
    -Pero es que ahora tengo reunión con el seminario...-dice en vano Gustavo.
    -Pues llegas tarde Gustavo, pues llegas tarde, sino haber hecho bien tu trabajo, ¡hombre por favor!, ¿me has visto cara de puesto de información?, ¡a este paso van a venir aquí a preguntar hasta donde está la Cibeles! y ahora calla un poco que tengo visita, ¿o es que estás ciego Gustavo?; ¡hala cerrado! -dijo mientras cerraba la ventanilla por la que atendemos los pedidos- y al comienzo del segundo recreo ya me lo puedes traer todo bien puesto, ¡sino me vas a oír!
          Mientras, un alumno que llevaba esperando todo ese tiempo detrás del pobre Gustavo le decía:
    -Pero señorita Cari, necesito unas fotocopias para la siguiente clase...
    -¡Ah, pues haber sido responsable y venir antes!...
    -Pero es que las acaban de poner ahora, porque el profesor...
    -¡Esto no es el muro de las lamentaciones!, las quejas allí -y sin más, se dirigió a mi con un tono totalmente distinto, como si padeciera una especie de doble personalidad y me dijo- ¿me decías?
           Ahora ya si que me dirijo a mi nuevo instituto, ¡espero tener suerte y encontrar a alguien tan benevolente como Cari!
     
    Continuará...
    July 03

    La segunda parte de Notas de aburrimiento ha llegado

          Así que no esperes ni un segundo más para partirte de risa con ella, aquí va, ¡no os olvidéis de dejar un comentario!:
     

    Nota 2:

     

          A ese famoso dicho de que es peor una mudanza que un incendio no le falta razón; todas estas situaciones juntas (la compra del nuevo piso, nuestro traslado a un nuevo instituto –para tenerlo todo más cerca- y por último la mudanza) han sido una autentica pesadilla, y no exagero.

          Para empezar, ¿habéis buscado piso alguna vez? Es una encerrona recurras a lo recurras, si vas a ver particulares ellos se ocuparan rápidamente de tapar todos los defectos del piso a tu llegada y pondrán las excusas más absurdas o mentirán con el mayor descaro con tal de librarse de su posesión, recuerdo que en una misma tarde tuve conversaciones como estas:

    -¿aire acondicionado?, ¿en Madrid?, ¡pero si aquí nunca hace calor! –decía el individuo como si hubiese dicho la mayor tontería del mundo, no se de donde se creía que era aquel hombre- además, eso gasta muchísimo, es mejor abrir la ventana de la habitación del fondo y la del salón y que así corra el aire -sí claro, cuando en verano el aire también es caliente y apenas se puede respirar seguro que va a servir de mucho- además, a nosotros no nos gustan esos inventos modernos, no hay nada como un buen abanico, si se lleva usando desde hace siglos por algo será.

    -Cari –dijo su oronda mujer que llegaba de la calle- me han preguntado si en el piso nuevo el aparato del aire acondicionado lo queremos con o sin calefacción.

          Lo cual fue de lo más normal en comparación con esta otra visita:

    -Pues como ve –dijo la mujer con un elegante traje rojo de super ejecutiva- está listo para entrar a vivir, de hecho yo lo hacía hace dos días

    -Desde luego, si fuera un ocupa, sería perfecto para entrar ya, de hecho, no tendría ni que forzar la cerradura.

    -¡Oh bueno!, ¿lo dice por esa tontería de que la puerta se abriera con ese golpe?

    -Señora, lo único que hizo fue petar y se abrió sola –dije casi con indignación

    -Vamos no sea exagerado, ¡pero si está totalmente remodelado!

    -Sin duda, pero en 1953, o eso o aún está en proceso porque la madera del parqué está astillada, el color de las paredes que me parecía tan extraño no es pintura sino humedad, eso ya sin nombrar la taza del váter rota o… ¡¿es eso una rata?!, pero de verdad pretende hacerme creer que vivía aquí hace dos días? francamente, espero que mienta mejor con la edad.

          Eso ya sin nombrar pisos plagados de cuadros (no creo que quedara pared, de hecho dude de que la hubiera), de pelos de animales o en el que habían demolido las paredes para convertirlo en un lugar más “diáfano” (o más bien para ocultar lo diminuto que era)

          Y los de las inmobiliarias tampoco eran moco de pavo, a cada vendedor más peligroso que el anterior, de un manipulador peligroso que ni te imaginas; así por ejemplo, una me llevó a ver un piso, el cual se componía de dos habitaciones (sin salón y sin nada), interior, sin pintura... un horror, y cuando me pregunta que me parece (pregunta clave de todos los agentes que suelen hacer con una sonrisa peligrosa, así que cuidado con lo que respondes) y le digo (por no decir defectos peores) que me parece pequeño, ella va y me dice con todo descaro:

    -¡pues por ese precio no vas a encontrar nada mejor!

           Señora por favor, estuve a punto de decir, que no he nacido ayer y he visto más pisos y más precios. Naturalmente, no tuvo el descaro de volver a llamarme como si hicieron otros como los de la inmobiliaria "buenprecio" (a veces llos nombres resultan irónicos), que me sometieron a un acoso de día y noche durante meses, hasta el punto de que tuve la sensación de que salía con la agente inmobiliaria, y cuando por fin encontré el piso y no fue con ellos, me estaba dando la impresión de que dejaba una relación amorosa con ella, y la escena no fue para menos:
    -Mira -dije con educación- es que verás, ya encontré el piso que quería así que no es necesario que me busques más -dije como si estuviera cortando con ella; a veces soy demasiado tímido

    -Pero, no puedes hacerme esto, tengo un piso fabuloso, es el de tus sueños (si me hubiera dado un euro por cada vez que me lo dijo y otro por las veces que me decepcionó sería millonario).

    -Pero es que ya no hace falta... -dije viendo en que se iba a convertir la escena

    -¡¡¡Puedo cambiar de veras!!!, -gritó de una forma que me dio miedo- ahora ya te entiendo, ya comprendo tus necesidades y que espacio necesitas

    -Pero... -dije desconcertado

    -No me dejes sin verlo, después de todos estos meses contigo, conociendote, ¡ahora se como satisfacerte! -si hasta ahora tenía miedo ahora estaba aterrado, daba la impresión de que me había aprovechado de ella sexualmente durante semanas y que ahora yo, el malo malísimo la dejaba para aprovecharme de otra

    -Pero es que el otro piso ya me encanta... -dije repitiendome, básicamente porque en una situación así no sabes que hacer.

    -Ah, sí, el otro, ya lo había olvidado -dijo con furia, como si fuera un ataque de celos- ¿y acaso crees que tiene algo de lo que te ofrezco yo?, mira, allá tu, pero te estás perdiendo algo muy bueno sólo por un capricho temporal, además, ¿cuanto tiempo llevas viendo a la que te lo encontró? 

    -¿Perdona? -dije ya harto de la escena

    -¿Que crees?, ¿que lo que te ofrece es perfecto?, ¡lo mio es una apuesta de futuro!, llegará un día en que te arrepientas, pero ya no estará ahí, ¡yo ya se lo habré enseñado a otros!

          Y con esto se levantó y se fue airada, mientras yo me quedaba allí con la sensación de haber vivido con una de mis agentes inmobiliarias una turbulenta relación de culebrón televisivo y me sentía culpable por haber dejado escapar tan buen partido.

          Y no era para menos, en el tiempo en el que estuvimos "juntos" nos llamabamos y nos mentiamos (con enorme descaro, no se como alguien puede mentir así cuando dentro de un par de horas vas a ver la verdad) más que cualquier otra pareja de enamorados, bueno, lo hacía ella:

    -¡Hola! -decía siempre con alegría exagerada como si acabara de tomar extasis- ¿que tal?, oyes, ¡¡¡tienes que firmar ya!!!, ¡¡¡pero es que ya!!!, es el piso ideal -primera mentira- se que es el tuyo -segunda mentira- ¡y me lo están quitando de las manos! -técnica típica de vendedor- pero lo he reservado para ti -¡oh por favor!, en esos momentos era cuando más creía que tenía una relación con la agente- ¡¡¡la verdad es que tiene todo lo que pediste!!! -llegados a este punto de mentir con tanto descaro, llegué a pensar que se creía sus propias mentiras, porque es imposible que una persona en su sano juicio pueda pretender que tu también lo pierdas y que no veas la diferencia entre lo que pediste y lo que hay- ¿bueno, que tal si pasas por la tarde a verlo? ya sabes lo rápido que vuelan -otra artimaña de lo más vulgar de vendedor- ¡además el precio es por debajo del que queríamos! -quizás otra de las cosas que me (y le) indujo a pensar que estabamos teniendo una relación era esa manía de utilizar el plural como si nos fueramos a ir a vivir juntos o si nuestros intereses fueran los mismos, cuando no podían ser más diferentes (el suyo encasquetarme cuanto antes el piso y cobrar una comisión que me reservara una hipoteca de por vida; y el mío, que dentro de semejante estafa, no hubiera aún más trampas ocultas en el piso que me hicieran tener que gastar mucho más dinero que no tenía en reformas)

           Y por supuesto, teníamos discusiones como las parejitas, sólo que de otro modo:

    -Bueno, ¿que te pareció?

    -¡Aún lo están construyendo y quiero entrar a vivir! -dije con desesperación por el empecinamiento de esa mujer en hacerme perder el tiempo exaltando pisos que no me interesaban en absoluto.

    -Bueno, pero es obra nueva -argumentó como si poseyera una retórica tan poderosa con la que poder cegarme ante el horror que había visto.

    -Y no tiene garaje...

    -Pero has visto que calle tan ancha y maravillosa, ¡aquí sobra aparcamiento todos los días! -dijo mirando alrededor con mirada de obviedad, mientras yo me exasperaba por no ser capaz de captar esa misteriosa realidad alternativa perfecta en la que todo estaba disponible. 

    -También dije que quería cerca un instituto, un hospital o al menos medios de transporte públicos que pusieran fácil acceder a todo.

    -Bueno, están a unos metros andando.

    -¡Pero que dices, si hemos tenido que venir en coche hasta aquí de lo lejos que está!.

    -Bueno, ¡pero otros pisos no son tan exteriores!

    -claro que no, el hecho de que no tenga ni ventanas hace que esté de lo más ventilado, y por cierto, todas las ventanas daban al patio de luces.

           Después de esa frase me miró como si la acabara de insultar y tuvimos nuestro "primer enfado de enamorados", lo que no duró mucho, porque al día siguiente me estaba llamando para ver, una vez más, "el piso de mis sueños".

          Una vez acabada esa etapa de mi vida de turbulentas relaciones de culebrón inmobiliario, creí que por fin la tranquilidad había llegado, ¡que ingenuidad la mía!, la mudanza, iba a ser algo terrible.

         Tal vez muchos de vosotros no os habréis dado cuenta, pero a lo largo de la vida juntamos una gran cantidad de cosas, especialmente las personas adictas a guardar "recuerdos" como yo, así vas juntando entradas de cine o botes de cristal de cualquier cosa que juras que usarás para convertir en un objeto de decoración aunque luego nunca sacas tiempo para ello... etc; y es entonces cuando la mudanza se vuelve algo verdaderamente letal, porque de repente surgen preguntas peligrosas como "¿realmente necesito esto?" o "lo cierto es que nunca lo utilicé, será mejor que lo tire" y comienza una inquisición sobre que debes llevar a la nueva casa y que no; de este terrible juicio, sólo pueden salir dos sentencias (ambas causadas por un cansancio de días): lo tiras todo, acabas tan frustrado y odiando tanto todo lo que te rodea que deseas tirar hasta lo que necesitas, y no habrá duda de que algo de eso acabará en la basura con todo lo inutil; o, acabas dandote cuenta de que todo es útil y que no hay que seleccionar nada, puesto que esa entrada de cine que compraste hace 15 años es un importante patrimonio personal, cultural e histórico, muestra y extracto sociológico de una época, además de que tienes la esperanza secreta de que algún día se revalorice y que como mínimo acabe expuesta en un museo con tu nombre como donante bien grande en una puerta, por la que harás pasar "por casualidad" a todos tus conocidos (aunque sólo sea de un día) mientras sueltas una risotada pretenciosa como si estuvieras en las carreras de Ascott, porque tú has invertido en arte como la gente culta y conservas preciados tesoros como si fueses la baronesa Thyssen; sin pararte a pensar que al fin y al cabo sólo es una simple entrada de cine.   

          Pasado este proceso vital, llegará una guerra, una guerra terrible que enfrenta a dos bandos irreconciliables, tú y la empresa de mudanza, que desde el principio y desde la oficina te inspiran confianza con frases como "sabemos la importancia sentimental que tiene todo y por eso mandamos a los trabajadores más cualificados", los cuales por cierto, debieron sufrir una transformación en el camino, pues de repente aparecieron unos hombres toscos incapaces de pronunciar una frase sin una palabra malsonante de por medio y que parecían creer que todo objeto no demasiado pesado era como un balón de rugby con el que se podía jugar.

          Esa fue la razón de que comenzara la segunda parte de la guerra: el desgaste; en el que Ildefonso (si, tuve que utilizar a mi hijo en esto) y yo nos atrincheramos para vigilar a los hombres aquellos en todo momento y asegurarse de que no causaran demasiadas catastrofes.

          Y por fin llegó la batalla final, la llamada "batalla del piano" que quedará registrada para siempre en los anales de la historia de las mudanzas:

          Por fin casi todo había sido trasladado a la nueva casa, pero vi como se iba dejando de lado, por alguna razón inexplicable, el piano; hasta que un día, el tipo aquel me dijo:

    -Mira jefe -como si también hubiese entablado con él una relación de íntima amistad; debe ser algo propio del sector- lo del piano vas a tener que venderlo porque no los transportamos

         Primera ofensiva con la infantería ligera, aún así capaz de amedentrar a una persona no demasiado avispada.

    -¿Perdone?, desde cuando, a mi su empresa no me dijo nada de eso.

         No mande demasiadas tropas pensando que la lógica y la razón se impondrían en el campo de batalla, aún no había aprendido que aquí la clave era vencer o morir

    -Ya, bueno, eso yo no se, pero no lo hacemos.

    -Bueno, pues ahora llamo para quejarme -dije indignado- ¿desde cuando se seleccionan los objetos que llevan?, ¡esto ya es lo que faltaba!

          Por fin había sacado la caballería.

    -No mire -dijo casi quitandome el telefono- ¡vendalo! es muy viejo y yo es que no tengo bien la espalda.

    -A ver si lo entiendo, ¿quiere que venda mi piano porque usted no es capaz de hacer su trabajo? -dije con ironía esperando una cara de arrepentimiento

    -Sí -dijo con tal confianza en sí mismo como si acabara de decir la frase más razonable del mundo.

         Obviamente ya se estaba sacando la artillería

    -Mire señor, pues o lleva el piano o pida la baja pero a mi no me venga con cuentos.

    -Es que no tengo contrato, así que vendalo y así puede comprar uno nuevo

    -¡No quiero un maldito piano nuevo, quiero el mío, pero a usted porque le pagan!, ¿le pagan no?

    -Bueno, pues yo no lo llevo, si quiere puede intentarlo usted con la ayuda del chico -no podía creer que estuviera insinuando que yo y mi hijo hicieramos su trabajo.

          Aquella testarudez eran los tanques que empezaban a acabar con mis defensas; pero de repente, algo vino rápidamente a mi cabeza, era la aviación que nos daría la victoria.

    -Espere, ha dicho que no tenía contrato, ¿no? bien, pues vamos a ser amigos, usted me baja el piano sin protestar y yo no les denuncio.

    -Jajaja -dijo con una risotada- no se atreverá.

         Pero yo ya estaba fingiendo que llamaba a la policía.

          Finalmente el hombre claudicó y gané la guerra, y tengo mi piano en casa. ¿ha acabado la tortura?, no, para nada, ¡ahora hay que instalarlo todo en la nueva casa!, nos esperan días muy duros....

     

    Continuará...

    June 29

    La guerra de Daisy: Capítulo 6

          Y en un mismo día dos entregas (y serían más si hubiera comentarios que me animaran a ello), a cada cual más interesante que la anterior, porque si en la anterior el pasado de Daisy ha ejercido una gran fascinación sobre vosotros, esperad a leer este nuevo y maravilloso capítulo (todos los anteriores capítulos en esta misma categoría de Grandes Relatos), ¡espero que os guste!:
     
    Capítulo 6:
     

          Y lo peor era que no había tomado ninguna decisión, la verja y una cancilla semiabierta estaba ahí como esperándola, ya era una hora adecuada para hacer una visita de cortesía, aunque realmente ¿no son todas las horas adecuadas para una hija o hermana que llevas años sin ver?, sabía que no podía echarse atrás y como si una fuerza la empujara, entró y se dirigió por el hermoso y celosamente cuidado jardín, “el jardín de las tres flores” pensó Daisy.

          Llamó en la vieja puerta de madera rodeada de un porche del mismo material de una casa al más típico estilo inglés, blanca y con ventanas de nogal pintadas de verde y rodeada de un jardín, sólo algo rompía ese estilo, y era una galería de madera llena de ventanas de cristal, con forma circular que se extendía por el lateral derecho de la casa y que expandía el jardín al interior de la casa, pues dentro su madre había montado un precioso invernadero con varias plantas comunes y otras más exóticas (ahora se entendía el misterio de cómo su padre podía conseguir especimenes tan raros para la colección de su esposa), y así era muy especialmente en verano, cuando se abrían las puertas con las que contaba y daba la impresión de estar fuera aún estando dentro y bajo sombra.

           La puerta fue abierta por una joven menos delgada que Daisy, rubia con ojos azules (que contrastaban con los ojos castaños de la artista; quizás porque, aunque a ella ahora no le gustara reconocerlo, ella había salido más a su padre) y de piel tan pálida como la de la anterior y de aspecto inocente y llano que vestía con ropa ligera y anticuada, un vestido de encaje de color beige con un lazo de un verde apagado que rodeaba la cintura y que se notaba que tenía años, por el inevitable deterioro a pesar del cuidado y múltiples arreglos que en él se habían efectuado.

    -¡Daisy! –dijo con asombro la joven que había abierto la puerta mientras se lanzaba a abrazarla sin ningún tipo de recato

    -Hola hermana –dijo Daisy mientras le devolvía el abrazo de una forma más tímida

    -¡Madre ven corriendo! –exclamó loca de alegría- ¡nunca adivinarás quien ha venido!

          Del piso de arriba bajó por las escaleras de buena madera una delgada anciana con cierto aire señorial e imponente (lo que se debía quizás al vestido violeta oscuro con algunos gastados encajes negros, y que era extremadamente anticuado, pues no sería muy posterior a la ropa creada con la desaparición de los miriñaques) pero no por ello parecía menos cercana; muy bien conservada para su avanzada edad, cuyo pelo era totalmente blanco y sus ojos de un color azul tan hermoso como el de su hija menor, sin duda esta última había salido más a su madre.

    -Hija mía –dijo la anciana casi con lágrimas en los ojos al poder volver a ver a su hija mayor después de tantos años- no sabes cuanto me alegro de verte; cielo –dijo dirigiéndose a su hija pequeña-, ¿puedes preparar el desayuno para servirlo en la galería? Me encantaría enseñarle a Daisy como han crecido las gardenias.

    -Por supuesto –dijo alegremente su otra hija- ya verás Daisy, son una maravilla, aunque a una chica de ciudad como tu seguro que no le impresiona ya nada…

    -Las personas que viven en la ciudad –dijo la matrona con tono maternal mientras conducía a Daisy hacia el lugar donde se había decidido tomar el desayuno- son precisamente las que más deben desear asistir al gran espectáculo de la naturaleza puesto que la ciudad, por mucho que ofrezca, nunca podrá darles esa impagable belleza.

          Daisy no dijo nada porque rápidamente vio que aquel tono no admitía réplica, y tampoco hubiera podido dársela a una mujer que ni en tiempos mejores había sido caprichosa, sino siempre austera puesto que ella sólo deseaba gozar de los pequeños placeres, los cuales son totalmente gratis; motivo por el cual, quizás, nunca había habido necesidad en aquella casa.

          Así fue conducida a aquella galería que daba al jardín (aunque las puertas estaban en aquel momento cerradas) y los recuerdos volvieron a asaltarla furiosamente, “el jardín de las tres rosas” volvió a su cabeza, lo recordaba como si fuera ayer, su padre decía cariñosamente que realmente el jardín había quedado precioso, pero que ellas eran sus flores más bellas, lo que no dejaba de ser un juego de palabras, puesto que su esposa se llamaba Rose (Rosa), su hija mayor Daisy (Margarita) y su hija menor Violet (violeta) y que aquel jardín siempre sería de las tres rosas, puesto que ellas eran las reinas de este y todas las flores que las rodeaban eran su corte que las servía con devoción (palabras que podían medio enfadar a Rose en algunos momentos debido al enorme trabajo que daba cuidar todo aquello). ¿Les habían puesto aquellos nombres a sus hijas a propósito? Nunca lo tuvo claro, pero de lo que si estaba segura es de que aquel juego, aquella comparación era uno de los recuerdos más dulces de su infancia, en la que creía que siempre viviría como la princesa de ese jardín entre aquellos leales súbditos; ¡cuantas vueltas había dado la vida desde aquella y que fácilmente había desaparecido aquella bonita fantasía infantil como tantas otras que todo el mundo suele hacer!.

          Una vez se sentaron en la mesa y las sillas de hierro pintado de blanco Daisy se quitó la capa enseñando su indumentaria, la cual no dejó de impresionar negativamente a aquella mujer que siempre había llevado trajes que tapaban el cuerpo hasta el último extremo; y a pesar de que no pudo evitar hacer un gesto de asombro con los ojos (como Daisy esperaba por otra parte) no dijo nada, al fin y al cabo, para una vez que estaba su hija en casa no pensaba discutir por algo tan superficial, además de que ella era consciente de que ignoraba las costumbres del otro lado del océano; así pues Rose decidió iniciar la conversación:

    -¿A que mi pequeño jardín interior está más hermoso que nunca? –dijo disimulando lo anterior e intentando buscar una situación cómoda- deberías quedarte varios días para ver como evoluciona, creo que pronto se abrirán nuevas flores y no creo que haya encanto comparable en Nueva York.

    -¡Oh si quedate! –dijo Violet con entusiasmo mientras llegaba con una enorme bandeja con tres desayunos típicamente ingleses

    -Lo cierto es que sí que está hermoso madre –contestó Daisy de forma incomoda ante aquella proposición tan evidente como habitual cada vez que venía- pero no debes olvidar que no voy a Nueva York por que quiera, sino porque debo trabajar, los contratos de los espectáculos son muy rigurosos y no admiten retrasos –dijo la hija mayor de la misma forma hábil y sibilina que su madre había utilizado.

    -¡que vestido más bonito! –dijo la hermana menor intentando evitar una confrontación, no siendo capaz de ver que el tema que se había evitado hablar al principio podía ser incluso peor- ¡seguro que es la última moda en Nueva York!

    -Bueno más o menos –dijo Daisy no atreviéndose a decirle a su hermana que aquel vestido estaba un tanto pasado de moda y que si hubiera llevado esa misma indumentaria en la ciudad norteamericana la hubieran tomado por una puritana.

    -Entonces –dijo Rose llendo al grano y sin admitir más retrasos en la respuesta- ¿Cuánto tiempo piensas quedarte?

    -Lamentablemente sólo podré quedarme hoy, esta noche embarco de nuevo hacia Estados Unidos –dijo Daisy con firmeza

          Tanto la madre como la hermana intentaron contener la enorme decepción y el enorme chasco y casi enfado que les provocaba que aquella mujer que intentaban reconocer como su pariente, después de tantos años pensaba quedarse apenas un día en la que había sido su casa durante tantos años.

           El resto del desayuno y del día transcurrieron muy tranquilos y felices, tanto que Daisy se olvidó totalmente de aquello en lo que tanto había pensado, en lo que influyó poderosamente el hecho de que su hermana le prestara uno de sus vestidos holgados tan atractivos para pasear y tumbarse en el campo, y que tal vez fuera anticuado y de colores horriblemente apagados, vulgares y que jamás se pondría en Nueva York (y de hecho temblaría con la sola posibilidad de que alguna de aquellas damas de la alta sociedad con las que solía relacionarse o aquellas actrices pretenciosas hasta decir basta pudieran adivinar lo que llevaba), pero no le importaba, aquello era un mundo aparte donde la felicidad volvía a ser posible aunque sólo fuera por unos efímeros instantes. Sólo se interrumpió cuando su hermana dijo:

    -¿Sabes?, se porque te fuiste y porque odias Inglaterra, madre no lo comprende aunque yo lo intento; pero, ¿eso no significa que nos odies a nosotras verdad?

    -Claro que no Violet, quizás debí volver después de la guerra, pero las vidas cambian y evolucionan, y a mi ahora me gusta la mía, después de conocer todo lo que he conocido y estar en la cresta de la ola no se si podría volver aquí, donde todo el tiempo es eterno y todo lo que hay que hacer es cuidar un jardín, no se si lo soportaría.

    -Por lo que dices –dijo Violet- no se hasta que punto fue bueno conocer Nueva York

    -Quizás algún día –intentó decir con tono de promesa Daisy, aunque los recientes acontecimientos parecían negar esa posibilidad- cuando la revista pase de moda vuelva y acabe aquí, pasaremos nuestros últimos días todas juntas.

    -Sí, no olvides cuando te vayas que tu principado te espera.

    -Sí –dijo Daisy con aire ausente- aun sigo siendo una princesa

          Cuando el día se acabó y se despidió de su familia no les había dicho nada de lo que había pasado, se dio cuenta de que eso era quizás lo mejor, ahora comprendía mejor el punto de vista de su padre (aunque no lo justificaba), al fin y al cabo, ¿para que preocupar innecesariamente a esas adorables e inocentes criaturas que eran su madre y su hermana?, si ellas querían seguir viviendo ingenuamente en su reino de flores, ¿Por qué impedirselo?.

          Pero mientras agitaba la mano despidiendose, Daisy tuvo por primera vez la impresión de que lo hacía por última vez, porque esta vez no se iba simplemente a empezar una nueva vida en otro continente, o a firmar un gran contrato de estrella con el señor Ziegfeld; esta vez no sabía lo que le deparaba el destino, y su futuro era tan extremadamente incierto y misterioso como lo había sido la desaparición de su padre tantos años atrás, tal vez aún seguía siendo princesa tal como decía su hermana, ¿pero por cuanto tiempo?  

     

    Continuará...

    La guerra de Daisy: Capítulo 5

          Después de una larga espera (lo reconozco) escribo un nuevo capítulo de la apasionante historia de esta mujer a la que se ofrece ser espía para evitar una nueva guerra en Europa (todos capítulos anteriores en esta misma categoría de Grandes Relatos), ¿que sucederá?, la respuesta sólo aquí, en esta categoría del espacio Universo de A. Espero que os guste y no dudéis en dejarme vuestra opinión:
     
    Capítulo 5:
     
           Daisy pensaba, pensaba y no había parado de hacerlo en toda la noche, de modo que no había dormido. Todo aquello era demasiada información, demasiada información que se debía de haber repartido durante años y que ahora venía de golpe, quizás aquellos que decían que escapar de los problemas no era la solución no les faltaba razón, puesto que al final, aquel pasado del que había huido interponiendo incluso un océano por medio había vuelto y le había pegado toda una bofetada, bueno, si sólo fuera eso, más bien le había pegado una autentica paliza y ahora sabía, más que nunca, que ya no podría huir nunca más, porque en cualquier lugar de la tierra ellos irían a por ella, aquello no era una simple oferta de trabajo que se pudiera rechazar así como así….

          Todos esos pensamientos seguían estrujando su mente en el compartimento del tren en el que viajaba hacia el pueblo de Windsor mientras fijaba sus ojos en aquel bello paisaje nublado de primeras horas de la mañana, aunque realmente, no era capaz de verlo, su mente estaba muy, muy lejos; y lo cierto es que ya llevaba tiempo así, puesto que debido al insomnio producido por la preocupación decidió adelantar su viaje para ver a su familia; naturalmente Daisy podía permitirse un taxi, pero no quería aparecer allí como una gran estrella, sino de la forma más simple y campechana posible, lo que hizo que escogiera la ropa más discreta y austera que tenía para hacer aquella visita, lo cual, teniendo en cuenta sus gustos en materia de ropa (extremadamente sofisticada y cara), no fue precisamente fácil y le llevó un tiempo bastante largo, lo cual no fue del todo malo ya que la ayudó a concentrarse en algo y no pensar en lo que no paraba de volver a su cabeza una y otra vez. Finalmente, optó por un vestido largo hasta las rodillas de un color granate apagado que acababa en unas lentejuelas de un color aún más apagado, recto, ceñido con mangas hasta los codos; y para tapar todo esto optó por una capa de terciopelo negro que le llegaba hasta la rodilla; a esto sólo lo acompañaría un sombrero cloché y un largo collar de perlas, tan de moda en aquel momento (vestuario tal vez muy adecuado para el moderno y loco Nueva York de la época, pero quizás un tanto atrevido y llamativo para la Inglaterra rural de aquellos años).

           Pero por mucho que durara esa distracción, aquella actividad no era eterna, así que, aunque había planificado ir a ver a su familia después de mediodía, decidió adelantar su viaje y salir del hotel inmediatamente, como si pudiera dejar en recepción los recuerdos que la torturaban con la llave de la habitación.

           Y fue de aquella cuando se dio cuenta de que necesitaba pensar, necesitaba tiempo, ¿debía proporcionarle esa información a sus ingenuas madre y hermana que habían tenido durante años a un espía en casa y ni siquiera lo habían sospechado?, bien era cierto que ella tampoco, pero, ¿que derecho tenía a robarles la tranquilidad que a ella le habían quitado tan vilmente?, como si no hubiera sido bastante disgusto para ellas el que se hubiera marchado a otro continente y a penas supieran de ella, especialmente tratándose de una familia en la que los lazos eran por tradición extremadamente fuertes, o por lo menos lo habían sido hasta que ese extraño se había metido en sus vidas, sí, su padre era el culpable de todo, ¿pero de que sirve culpar a los muertos?.

          Por eso decidió coger un tren, un transporte cargado de recuerdos puesto que en él iba a ver la capital en su infancia, allí había visto el gran parlamento y su Big Ben, la abadía de Webminster donde estaban enterrados todos los reyes o la Torre de Londres, aunque probablemente, cuando su padre las llevaba no era para hacer turismo, lo que explicaría sus pequeñas ausencias o algún encuentro extraño en algún pub “ser miserable” pensaba Daisy con enorme rabia contenida “no venías a Londres por nosotras, sólo venías por tu secretito”.

          Cuando el tren hubo acabado su corto trayecto, Daisy seguía necesitando tiempo, así que decidió ir andando de forma pausada a pesar de que la casa en la que su madre y su hermana llevaban viviendo toda la vida estaba en las afueras del pequeño pueblo, lo cual constituía una importante caminata, especialmente en aquellos zapatos de raso de tacón alto que podrían deteriorarse fácilmente o por lo menos agotar enormemente a Daisy; cosa a la que ella no prestaría atención, pues su mente estaba tan ocupada y tan confusa que no era capaz de pensar ni tan siquiera en su malestar físico.

          Así atravesó el nebuloso camino por el pueblo que aún dormía y continúo hacia las afueras donde se extendían bellos campos verdes bañados por el rocío que estaba especialmente esplendido aquella mañana, pero Daisy no era capaz de apreciar la belleza de la naturaleza, de aquellos prados por los que había corrido y jugado en tiempos más felices y sobre todo de ignorancia “cuanto se equivocan aquellos que dicen que la ignorancia no proporciona la felicidad” pensaba; al fin y al cabo ¿Cómo podía ver belleza en unos recuerdos que ahora veía como dolorosos pues daba la impresión de que toda su vida había sido una gran mentira?; que lejos quedaban ahora aquellos días de picnic y de sonrisas de familia feliz y que falsos, que ficticios parecían ahora, “que enorme mentira” sentía deseos de gritar Daisy a la nada.

          Pero el tiempo de pensar se había agotado, allí, a pocos pasos ya se hallaba su casa, la casa en la que había vivido una parte muy importante de su vida y de la que pensaba que ya nunca podría volver a mirar con los mismos ojos.  

     

    Continuará...

    December 03

    1er cumpleaños de Universo de A: el homenaje de Grandes relatos

         Confesemoslo, Grandes Relatos se quedó sin monólogo teatral porque la sección Teatro ante el apuro, tenía mas necesidad de un homenaje que ella; pero, ¿significa ello entonces que no va a haber homenaje de esta sección?, ¡por supuesto que no!, Grandes relatos se ha reservado para si uno de los temas más jugosos y con los que se lleva especulando más tiempo, el cual es ¿que significa realmente "Universo de A"?, así que preparemonos para escuchar todas las especulaciones, pues sólo una de ellas podría ser cierta, o tal vez todas, o quien sabe, quizás, ninguna; en cualquier caso, vamos pues a concer la leyenda de Universo de A:
          Aunque esto podría liar más a todo el mundo (o quizás aclarar muchas cosas), en realidad, Universo de A no se llamaba así en origen, el nombre que nunca llegó a adoptar puesto que ya estaba ocupado era Universo A, lo cual, arroja cierta luz sobre el asunto, ya que en cierto modo nos da a ver que la preposición que siempre va en el nombre pudo ser una simple y mera excusa para poner un nombre parecido, de modo, que el significado más o menos quedaba inalterado, ya que si decimos Universo A, parecerá que el universo en cuestión se llama así; pero si decimos Universo de A podría ser que el universo se llame así, sumandole la A tal como diríamos el nombre de cualquier pueblo compuesto.
          Esta es una teoría, pero, ¿que pasa si esa preposición en realidad no es simplemente eso sino que en realidad nos está indicando un posesivo?, de repente ese universo pasaría de ser sólo un nombre para querer sgnificar que pertenece a algo o a alguien; y ahí comienza el debate de que es A, ¿este universo pertenece a una letra?, por la imagen oficial así lo parece, pero entonces, ¿porque esa y no otra?, ¿hay acaso un Universo de b o de B; o lo habrá en el futuro?. Otros creen que esa letra podría significar algo especial para el autor y de ahí la elección, e incluso, hay quienes se atreven a decir que en realidad nos está confesando un dato muy personal del autor del espacio.
          Otras teorías en cambio, dicen que el título no debe ser interpretado en ningún caso literalmente, puesto que lo que muchos creen que es una "a" es en realidad un

    a es decir, un alfa, la primera letra griega y de la que provendría la letra "a", lo cual tiene mucha lógica si nos paramos a analizar la a de "Universo de A", que como se puede apreciar, perfectamente podría ser un alfa mayuscula. En este caso, Universo de A no se podría leeer así sino que se tendría que leer Universo de Alfa.

          Dentro de ambas teorías podemos encontrar a un grupo importante que serían los que podríamos llamar los "simbolistas", los cuales ven que ambas letras (especialmente la griega por el significado que siempre ha tenido en el arte) son el simbolo del comienzo, del principio; con lo cual, Universo de A no sería el universo de un ente material o incluso inmaterial; sino que en realidad el título presentaría todo un programa filosófico que habla del espacio y de como este espacio que estamos viendo es un universo que comienza a todo y que no parece tener final pues no aparece ninguna letra z o W (omega, última de las letras griegas, también con un gran simbolismo en el arte) y claramente abierto a todo, puesto que no parece tener un límite marcado en ningún sitio.

          ¿Cual es la verdadera de todas estas teorías?, ¿es que acaso hay alguna que lo sea?, lamento decir, que todas me parecen tan hermosas que, aunque yo conozco la real y efectivamente está entre todas las citadas, no diré cual es la verdadera hasta que llegue un momento en el que realmente crea que debe ser dicha, porque, creo que en este caso el misterio favorece al asunto y le da un encanto especial, porque, ¿acaso no es la incertidumbre de que será real y que será fantasía lo que le da ese encanto especial a todas las leyendas?, pues con la leyenda de Universo de A pasa lo mismo.

    November 02

    ¡Llega un nuevo relato cómico a Universo de A!, os presento Notas de aburrimiento

         Pues aquí llega un nuevo relato para esta sección de Grandes relatos, que ha nacido, quizás en parte, porque ahora que el primer aniversario de Universo de A se acerca más y más y para cumplir esa promesa pendiente de que debía de haber más de una historia; por eso, y porque considere que ya había un relato dramático, decidí dirigirme a un terreno más cómico y crear Notas de aburrimiento, una historia contada de una forma muy innovadora, por una persona que se deja notas a sí misma, pero eso ya nos lo contará el personaje protagonista del relato, que con su particular estilo pretende hacernos reír con su punto de vista acerca de la vida y de las personas que circulan por ella; espero sinceramente que os divierta y que os ríais mucho y como siempre, que dejéis un comentario diciendo lo que os gusta y lo que no, dando vuestra opinión e incluso dando ideas; basicamente, porque resulta mucho más gratificante a la hora de escribir que haya gente que siga estas notas y que disfrute comentandolas.
        Por otra parte, es necesario aclarar, que La guerra de Daisy el otro relato de esta sección, no ha terminado, sino que aún continuará mucho tiempo, y que aunque ahora tendré que ocuparme de ambas historias, no voy a descuidar ninguna y seguiré avanzando en ellas todo lo que pueda; espero que ambas os gusten y que os enganchéis a ellas. Comenzamos pues el relato:
     
    Notas de aburrimiento
     
    Nota 0: (o los primeros intentos):
     
    emmmmm, estoy en el metro, paramos en una estación, sube gente. Que estupideces estoy poniendo, esto no fue buena idea.
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    Estamos en un otoñal día de noviembre, en los parques caen las hojas, las liebres saltan en el campo, los pajaritos cantan, las nubes se levantan... arggggggggggggg, dejalo ya por Dios.
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    Vale un último intento, ya sé, comenzaré de una forma más convencional, a ver si así:
     
    Nota 1:
     
          Mi nombre es Abelardo Bueno (cosa que ya se, básicamente porque soy yo el que escribo la nota) y dada mi ajetreada vida y mi escasez de relaciones sociales a causa de lo que ya contaré luego, he decidido crear estas notas a las que llamaré notas de aburrimiento, básicamente porque las escribiré sólo cuanto tenga que hacer estas típicas y aburridas esperas que todos los días nos tiene reservada la vida, me refiero naturalmente a cuando hacemos la cola para la panadería, cuando se nos cuelga el adsl, cuando vamos al metro, o simplemente cuando vamos al médico de la seguridad social en el cual la hora de visita nunca jamás coincide con la hora a la que nos han mandado ir (eso sí, todo esto tiene una ventaja, ejercitamos esa gran virtud de la paciencia que en estos días tenemos tan olvidada) y que cada uno aprovecha como bien puede, algunos leyendo, otros poniendo cara de haber desayunado vinagre y por último los que cazan al vecino de al lado y se ponen a clamar al cielo y decir: primero lo mal que está el sitio donde estás, luego el país y luego el mundo, añadiendo además que ellos lo harían muchísimo mejor y que lo solucionarían con sólo dar una palmada cual genio de Aladín (viendo esto, ¡cuantas vocaciones políticas hemos perdido!); ¡ah, si!, y ya lo olvidaba, los que esperan resignadamente y sin protestar (que cada vez son menos) y aguantan el rollo del anterior tipo. Supongo que ahora nacerá una nueva clase de "figuras esperantes" (umm, esto podría ser una disciplina científica): el que escribe notas de aburrimiento.
          Pero ya he dicho que yo no escribo estas notas sólo porque me aburra, más bien todo lo contrario, porque estoy saturado y necesito desahogarme, y si bien escribir no es gran cosa, es lo único que me queda realmente; porque cuando eres padre soltero de un adolescente de trece años, las cosas no son fáciles y ni no te queda mucho tiempo para grandes relaciones sociales, además de que no soy partidario de convertir a mi hijo en una especie de confidente, que bastante tiene el ya con la edad que tiene (aunque aún no se ha puesto demasiado repelente).
           Umm, la verdad es que no dejo de reflexionar acerca de como llegué a esta situación; a ver, recapitulemos, cuando yo aún estaba en la veintena y tenía una mata de pelo que creía eterna, tenía una novia llamada Julia obsesionada por el compromiso y por tener todo lo más tradicional, petición de mano y un bodorrio que superara al de todos los principes europeos juntos (y lógicamente, algo azul, algo prestado, algo viejo... etc); como era graciosa, entre chiste y chiste acabó arrastrandome al altar donde me dí cuenta de que aquella broma había acabado por ser mucho menos graciosa de lo que imaginaba, puesto que cuando el cura te dice "quieres a esta mujer por legítima esposa..." no puedes contestar "¿puedo pedir el comodín del público?" y creedme, lo se porque yo lo hice y fue en ese momento cuando descubrí que la simpatiquísima Julia si se tomaba algo en serio y me lanzó tal mirada que mis siguientes palabras fueron "Si, si, si quiero, ¡pero casenos ya!".
           Acabado aquello, creí que a Julia se le habían acabado las obsesiones y que a partir de ahí viviríamos una vida de risa continúa. Pero me equivoqué, porque en realidad, si bien parecía que la obsesión por casarse era un fin, resultó que no, en realidad sólo era un medio para tener hijos porque según Julia "es una necesidad natural de toda mujer" y "se nos han aportado estos maravillosos organos para ser las mejores madres y poblar el universo de vida, es decir de adorables niños", y cuando decía esto le brillaban los ojos tanto o más que cuando de soltera me hablaba de lo "maravilloso que es comprometerse en un vínculo eterno con otra persona" y de "la vida esplendida y carente de preocupaciones que llevan los casados pues ya han cumplido una función con la sociedad, con el mundo y con la historia" (y pensar que me tome todas estas cosas a chiste, la de veces que me reí y lo bien que me estaba engañando la muy bruja).
           Visto todo lo anterior, me dí cuenta de que ella no pararía hasta tener un hijo con el que obsesionarse, eso sin contar el terror que le provocaba "la idea de no poder cumplir con su función natural como mujer"; así que casi para no escucharla más día tras día con el mismo tema, decidimos tener un hijo.
          Y así poco después pasaron nueve largos meses en los que tenía una barbaridad de caprichos a los que llamaba "antojos" del tipo de que quería correr por la rosaleda del retiro a la una de la mañana o coger unas clases de bailes de twist de los años 40 a 100 euros la matrícula, antojo que desaparecía una vez pagadas las clases por las que luego, mira tu, ya no sentía el más mínimo interés. Eso sin nombrar las contracciones que supuestamente tuvo desde que supimos que estaba embarazada y que utilizaba junto con las nauseas y los mareos para que yo tuviese que encargarme de toda la casa mientras ella, que mientras tanto se había autoproclamado "dictadora plenipotenciaria (aunque realmente no sabía lo que significaba esta palabra) de la casa", entre rabieta y rabieta, contrataba la tele por cable y compraba enormes suministros de palomitas para no perder ni una sola película mientras yo me ocupaba de la casa (y de traer dinero a esta).
          Por fin llegó el noveno mes y pensé que mi regimen de esclavitud y vasallaje a la "dictadora plenipotenciaria" había terminado y por fin podríamos restablecer la igualdad; así que comenzó el proceso del parto que hasta aquella se había llamado "el momento más maravilloso en la vida de una mujer" pero que durante el proceso pasó a convertirse en "¡este niño me quiere asesinar!, ¡sacadlo ya aunque sea con alicates!" y que llevaba a reflexiones teológicas acerca de personajes bíblicos del tipo "¡Si la zorra de Eva se hubiese comido una pera ahora no estaría teniendo yo este problema!", inspirador, realmente inspirador.
          Al fin se había acabado aquello, pero poco después, cuando Julia ya se sentía mejor y se había recuperado del parto me llamó para que hablaramos, conociendola, recuerdo que pensé querrá que nos mudemos a una casa más grande para que el niño tenga un cuarto de juegos donde meter los cientos de juguetes a pilas y peluches que se irán acumulando día de reyes tras día de reyes, cumpleaños tras cumpleaños, y celebraciones varias y que probablemente sólo usará una vez en su vida. Pero no, en realidad, Julia siempre fue una caja de sorpresas, así que decidió darme otra, pues me dijo:
    -Oye, lo he estado pensando y no estoy preparada
    -Cariño, tenemos que salir del hospital algún día, la enfermera ya me ha dicho varias veces que dentro de tres días le asignará la cama a otra embarazada, estés tu o no.
    -No me refiero a eso, lo que quiero decir -dijo mirando hacia el suelo- es que no estoy preparada para ser madre, me equivoque.
    -Perdona, ¡¡¡¿¿¿que???!!!, ah claro, ya lo cojo, es una de tus bromas, después de tanto tiempo agria como un limón ya te ha vuelto el humor con el que me llevaste vilmente a delante del cura.
    -No Abelardo, no es una broma, lo siento, pero sería una madre horrible, no puedo comprometerme tanto, ¡necesito volver a ser libre!
    "¿¿¿¡¡¡que no puedes comprometerte tanto!!!???", recuerdo que pensé, "o sea, que pasaste todo el noviazgo hablandome de las bendiciones de la vida conyugal, durante esta de lo mucho que alegran los hijos la vida y ¿ahora no puedes comprometerte?"; creí que aquello eran desvaríos post-parto así que opté por tranquilizarla.
    -Vamos Julia, ahora estás afectada porque has pasado por algo muy duro, pero ya verás cuando nos llevemos el bebe a casa...
    -¡Es que no puedo hacerlo!, ese niño piensa llorar toda la maldita noche y dará la vara hasta que se independice, probablemente, tal como está este país, a los 50 años, y yo quiero hacer surf, quiero hacer puenting y conocer gente.
    -Pero que me dices -no podía creer que estuviera dando el discurso que ella me daba antes de casarnos- de la estabilidad y la felicidad de la vida conyugal
    -El matrimonio ya lo he probado, ya lo tengo muy visto, ahora quizás pruebe el arrejuntamiento o quizás una relación con una lesbiana, ¿crees que Mari lo es? para mi que sí, además no está nada mal; por otra parte ya te he dado un hijo, ¿no era eso lo que querías? -en ese momento estuve a punto de saltarle encima y asesinarla allí mismo- y ahora aún tengo que plantar un arbol y escribir un libro.
         "Vale," reflexioné, "Julia me está dejando para enrrollarse con otra tipa, hacer puenting, plantar bosques y escribir obras que pasaran a la historia de la literatura universal inspirandose en la tragedia de una madre que debe abandonar a su marido y a su hijo porque la pluma de escribir la llama a gritos en el momento más inoportuno. 
    -¡Oh que bien! -dije irónicamente- tu primer libro podría ser de autoayuda, ¿puedo sugerite el título? que tal "como ser una tarada y arruinar la vida a un hombre normal en tan sólo 10 pasos"
    -Adios cielo, he sido muy feliz contigo mientras duró.
         Y salió por la puerta; creí que desvariaba, y que no tardaría en volver a casa pues ese era un "post-antojo" de los suyos, pero si lo es, debería ser estudiado científicamente, pues ha durado trece años y no parece haber perspectivas de que acabe a corto plazo porque nunca volví a saber de ella.
          Curiosamente, lo que en principio pareció ser una faena, ha resultado ser lo mejor y aunque Ildefonso (el nombre de mi hijo, que elegí finalmente porque sabía que Julia lo odiaría) y yo hemos pasado tiempos duros y complicados al estar solos, estoy muy feliz de como estamos y no podría imaginarme la vida de otro modo; hasta tal punto es así, que no me molesté en buscar a Julia y ni tan siquiera en pedirle el divorcio, así que legalmente, aún sigo casado, es una situación extraña, pero nada fue normal desde que Julia entró en mi vida (me pregunto cuantas vidas habrá arruinado en todos estos años).
          Por eso, creo estas notas, porque un diario parece de quinceañera y los psicologos están muy caros (especialmente para mi sueldo); y de algún modo tengo que desahogarme, luego, las meteré en un cajón bajo tres llaves y un candado en mi escritorio y santas pascuas; y quien sabe, a lo mejor acabo quemandolas en la próxima fiesta de S. Juan o quizás publicandolas y tal vez gane el novel de literatura; y naturalmente, después de hacerlo, iré directo a plantar un arbol; y todo ello sin necesidad de abandonar a ninguna familia ni de arruinarle la vida a nadie; ummm, sí, creo que estas notas van a ser una gran ayuda psicológica.
          Upss, mi parada, ¡que se me cierran las puertas del vagón!
     
    Continuará...
    June 18

    La guerra de Daisy: Capítulo 4

          Y aquí llega otra entrega seguida de este emocionante relato (nunca tanto se avanzó en tan poco tiempo), del que, como ya sabéis podéis ver desde el principio en la sección Grandes Relatos, espero que lo disfruteis:
     
    Capitulo 4:
     
          El hombre abrió la puerta y Daisy entró, a continuación el lo hizo también, cerró la puerta y caminó hacia los que parecían ser sus compañeros aunque no les dijo nada.
          Daisy observó donde estaba, aquel pasillo que en principio sólo daba la impresión de que fuera de las oficinas comunes, la había llevado en realidad a un despacho monumental y precioso. Para comenzar era enorme, y era todo de madera, con una gran biblioteca que parecía rodearlo todo, alfombras... etc, todo destilaba elegancia, estaba claro que no se hallaba en el despacho de un funcionario cualquiera, aunque desgraciadamente no había podido leer el nombre del propietario, tal vez lo habían quitado a proposito antes de que ella llegara.
          En el centro se hallaba un escritorio estilo victoriano de madera oscura enorme, que hacía juego con las estanterías, y en la butaca que lo acompañaba, se sentaba un hombre extremadamente delgado, calvo, de rasgos afilados pero astutos con aire reflexivo y que parecía ser el más importante de ellos o al menos el que iba a llevar la conversación, puesto que los otros dos hombres (incluyendo al que la había traído) permanecían de pie, el que se había identificado como de Scotland Yard se había apoyado en otra mesa próxima y el que no conocía era relativamente joven (al menos mucho más que el resto) tendría cerca de unos 35 años y una gran mata de pelo en la cabeza, no obstante, y a pesar de ser el único de ellos que estaba en mangas de camisa, vestía y tenía gestos de perfecto caballero inglés, y en aquel momento estaba mirando por el amplio ventanal del despacho que tenía las cortinas semibajadas, mientras se ponía la mano en la boca, como si le preocupara algo de afuera.
          Como todo el mundo se comportaba como si no estuviese, Daisy optó por no llamar la atención, así, tal como ellos, podría ordenar sus ideas.
          Finalmente, el hombre de la butaca tras el escritorio victoriano abandonó sus reflexiones y dijo con voz tranquila y prestando atención a la mujer que estaba de pie delante de él:
    -Por favor, sientese señorita Grover -dijo con una dulce amabilidad, como si todo el tiempo que hubiera estado pensando lo hubiera empleado en decidir como dirigirse a ella- disculpe que la hayamos traído así...
          "Menudo cambio del que me trajo a este" pensó de forma rápida Daisy. 
    -pero ha de tener en cuenta -continuó el hombre de la butaca- que ni había demasiado tiempo ni formas de traerla aquí con la suficiente discreción, a veces el factor sorpresa es fundamental, evita que la gente reaccione de un modo u otro, y dado que algunos de ellos pueden ser muy perjudiciales, este metodo ha resultado ser el mejor. 
          En este momento pareció que llegó a la parte que a todos les interesaba de la conversación, pues todos los presentes en la sala comenzaron a prestar atención.
    -Señorita Grover, ¿cual es su nacionalidad? -continuó el hombre.
    -Soy norteamericana -dijo Daisy con seguridad.
    -No está diciendo la verdad, señorita Grover -dijo el hombre de la butaca con paciencia.
    -Por supuesto que sí, aquí tiene mi pasaporte -dijo mientras enseñaba el documento que llevaba en el bolso.
    -Usted sabe que no hablamos de su actual nacionalidad, sino de donde usted nació, de la que debería ser su patria y que parece que finje olvidar -dijo el hombre comenzando a ponerse ligeramente nervioso.
    -Lo lamento, no se de que me hablan -dijo Daisy de forma orgullosa.
    -¡¿No lo sabe?!, -explotó el hombre que hasta aquel momento no había dicho nada- pues aquí está su partida de nacimiento, y toda la documentación que pudimos encontrar durante su infancia y adolescencia en Inglaterra, ¡hasta sus primeras notas! -dijo mientras tiraba los documentos que había nombrado y muchos más al escritorio-, con lo que hablemos claro señorita, está hablando nada más y nada menos que con el el director del MI6, el de Scotland Yard y conmigo, Vernon Kell, director del MI5.
          Daisy se quedó impresionada y sin saber como reaccionar; esos hombres con los que estaba eran nada más y nada menos que los directores de las diferentes agencias secretas del Reino Unido; el del MI6 para el extranjero; el de el MI5 para el interior; y Scotland Yard era la propia policía, ¿que significaba todo aquello?, la guerra mundial había acabado hacía más de 4 años, que se suponía que hacían ahora, y lo que es más importante, ¿que era lo que querían de ella?; en cualquier caso, estaba tan atemorizada, el asunto había llegado a esferas tan altas, de hecho mucho más de lo que podía imaginar, lo único que podría sorprenderla en aquel momento es que resultara que aquellas estanterías guardaban una puerta secreta que fuese directa al palacio de Buckingham y que saliera también el Rey Jorge V con la corona de S. Eduardo para interrogarla. Por suerte para que pudiera mantener su salud mental, tal cosa no ocurrió.
    -¡Basta! -medio gritó el que ahora sabía director del MI6- ¿¡se puede saber en que estabas pensando!?
    -En algún momento había que decirselo -respondió de forma impaciente e impertinente el del MI5
          El del MI6 iba a contestar pero el de Scotland Yard los interrumpió diciendo con su habitual tono seco:
    -Caballeros, ese no es el tema -y todos volvieron a fijar su mirada en Daisy.
    -Verá, señorita Grover -volvió a comenzar amable el hombre del MI6- sabemos bien porque no le agrada su país, opina que se metió en una guerra innecesaria que por encima se llevó a su padre al que tanto quería, ¿no es así?
          Al momento volvieron a Daisy multitud de recuerdos dolorosos que pensaba que había encerrado en el baúl de los recuerdos para siempre, un baúl que había dejado precisamente allí, en Inglaterra. Tuvo que esforzarse por contener las lágrimas.
    -Pero la verdad, es que cree eso, porque no conoce la visión de conjunto -continuó el hombre adoptando un tono comprensivo- porque su padre, no era un simple funcionario que trabajaba en Windsor para la familia real, sino mucho más.
          Daisy contuvo el aliento, ahora ya no sólo era lidiar con terribles recuerdos de perdida y dolor, sino que empezaba a temer que iban a decirle algo que no estaba segura de que quisiera escuchar.
    -Al igual que cuando su padre fue a la guerra, no fue como un soldado más -aclaró el del MI5
    -exacto, fue como espía
          Daisy ya no podía contenerse más y exclamó:
    -Entonces, ¿está vivo? -dijo ya con lagrimas en los ojos.
    -No lo sabemos, desapareció antes de que terminara la guerra, no se volvió a saber de él a pesar de que la operación que estaba llevando a cabo salió bien, probablemente murió en ella -dijo como dándole el pésame.
    -Pero, ¿porque no supimos nada de su doble vida, porque? -dijo Daisy sin saber muy bien como reaccionar ante la noticia.
    -Probablemente porque quería protegerlas, él siempre dijo lo mucho que amaba a su familia y trataba de mantenerla totalmente alejada de su trabajo o doble vida como usted la llama; de hecho, siempre intentó crear una vida como espía y otra como padre de familia; llegó a crear dos identidades distintas, incluso oficialmente (lo cual, no hace falta añadir que está prohibido), para lograrlo e impedir arrancar a su familia de la inocencia de una vida feliz y bucólica en el campo; es incluso muy probable que ni tan siquiera su madre nunca supiera nada de esa vida, siempre me resultó sorprendente el como podía combinar ambas facetas sin volverse loco -dijo de forma nostálgica- pero creo que solía decir que era que cuando estaba aquí era un espía con una misión, y cuando estaba en Windsor un marido y padre amante; de ese modo conseguía mantener el equilibrio; y la verdad, muchos agentes necesitan contarselo a alguien de confianza, esta profesión tiene bastante presión... 
    -Pero lo importante -continuó el de Scotland Yard viendo que su compañero empezaba a divagar- es que fue un patriota que amó a su país y a su Rey y decidió que salvar a sus conciudadanos, entre los que se incluía su familia, era lo más importante y lo que debía de estar por encima de todo; porque cuando vió que su reino estaba en apuros, no dudo en acudir a socorrerlo.
    -Y ahora vuelve a estarlo -añadió el del MI5
    -Por eso, y dado el magnífico historial de su padre -continuó el del MI6- habíamos pensado que usted nos podría ayudar con ciertas misiones insignificantes en norteamerica, a la que va volver pronto, y en la que usted es considerada norteamericana, pues usted misma se ha ocupado, muy habilmente hemos de admitirlo (lo que fue otro de los motivos por los que decidimos contactar con usted) de ocultar su origen inglés; y por tanto sería una infiltrada ideal.
    -Perdone -interrumpió bruscamente Daisy- creo que se equivoca, no se que tienen entre manos, si piensan declarar otra guerra injusta en la que muera más gente o cualquier barbaridad, pero bajo ningún concepto voy a suceder a mi padre, no me importa lo que hiciera, ¡nos abandonó!, por muy noble que fuera su causa dejo a su familia de lado y optó por el ente abstracto que es su país, pueden estar seguros de que yo no tomaré la misma decisión.
    -Pero si ya lo ha hecho -contestó sarcásticamente el del MI5- ¿es que acaso usted ha estado con su familia? tan pronto supo lo de la desaparición de su padre y tuvo la oportunidad, se marchó en medio de la guerra a norteamerica porque pensaba que allí no participarían, dejando a su familia sola, y más tarde pasó años intentando borrar una identidad a la que sentía tirria mientras escribía cartas de lo más afectuoso a su familia (lo que resulta bastante hipócrita), aunque no todo le salió bien, ¿no? al final los EEUU se unieron al final de la guerra; digame, ¿como le sentó eso?, ¿pensó en mudarse entonces a Arabia Saudita?, aunque no le hubiera convenido, uno de esos bailes y canciones suyos por los que se ha hecho famosa y la hubieran apedreado.
    -Se acabó- contestó Daisy mientras se levantaba- me parece que no me tienen nada más que decir y yo tampoco, rechazo su amable oferta y no hablare jamás a nadie de esta reunión que yo misma deseo olvidar cuanto antes, buenas noches.
    -¡Espere señorita! -dijo como siempre amable el del MI6- creo que nos ha malinterpretado todo, verá su padre tampoco quería una guerra, de hecho luchó por evitarla porque sabía que le separaría de forma definitiva de su familia; pero al final resultó ser inevitable; aún nos estamos reconstruyendo de esta y lo menos que queremos es otra.
    -¿Otra?, ¿pero es que el mundo se ha vuelto loco?, ¿cuando se ha declarado otra guerra en Europa?
    -Se ve que su trabajo en Norteamerica la tiene alejada de las noticias Europeas -dijo el del MI5 mientras sacaba unos periódicos de una carpeta de las estanterías- observe, la situación, en Italia un loco se ha hecho con el poder y habla de imperialismo, y todos sabemos lo que ello implica.
    -Por si fuera poco -aclaró el de Scotland Yard- en Alemania parecen estar pasando un proceso parecido con un tal partido nazi que por lo visto dirige un austriaco llamado Adolf Hitler; eso sin contar la aparición de un gobierno también de talante autoritario en España para reprimir el continuo desorden; o el auge del comunismo en Rusia. En definitiva, Europa sigue muy mal a pesar de haber acabado la gran guerra y se ha convertido en un caos.
    -Lo que queremos decirle -continuó el del MI6- es que a menos que lo evitemos, para lo cual necesitamos su ayuda, en no demasiado tiempo podría haber otra terrible guerra que destrozara Europa de nuevo.
    -Reconozco que eso sería desagradable -afirmó Daisy- pero no tiene nada que ver conmigo, como ya he dicho, soy una ciudadana norteamericana y los asuntos europeos no me interesan -dijo mientras se daba la vuelta para dirigirse a la puerta.
    -En ese caso -dijo el de Scotland Yard- si no lo hace por su país o por sus ciudadanos, hágalo por su familia inglesa, ¿o es que acaso ha olvidado las penalidades de la guerra?, ¿cree que no las sufrirían?, antes tenían el sueldo de un agente importante del servicio secreto, ahora poco más que una pensión de viuded, ¿como cree que les irá en la guerra?, ¿acaso no recuerda la situación de familias menos afortunadas que usted?.
    -Lo único que le pedimos, -dijo el del MI6- es que lo piense, no será gran cosa, no pensamos somenterla a grandes peligros, e incluso lo que haga por su país y para su majestad podría resultarle útil a usted, a su carrera en norteamérica y por supuesto a su familia. Por si fuera poco, gracias a nuestra reciente reestructuración con el arreglo de 1921, podemos proporcionarle visitas sin problemas ni peligros para informar a nuestro embajador e incluso inmunidad diplomática. Y tampoco olvide que a su padre le hubiera gustado que su hija hiciera lo posible para evitar una guerra que podría destrozar su familia por segunda vez.
          Daisy llevaba ya horas allí agobiada por aquellos hombres, así que decidió ceder parcialmente.
    -Y si aceptara, ¿que tendría que hacer?
    -Muy simple, sólo asegurarse de que los EEUU apoyarían al Reino Unido y a nuestros aliados en caso de otra guerra e informarnos de todos los movimientos y decisiones respecto a eso de ese país, pues eso despertaría el temor de nuestros enemigos y evitaría que la declararan; para ello, naturalmente se codeará con altos dignatarios, con lo cual le puedo asegurar que a partir de ahora, su carrera será empujada por el servicio de inteligencia de su majestad, y puedo asegurarle que somos buenos en eso. Como puede comprobar es una misión sencilla en la que no se corre ningún riesgo y sólo afectará para bien a su vida, su carrera y su familia.
         "Sí, ya veo que lo está empezando a hacer" pensó Daisy con sarcasmo.
    -Naturalmente, no tiene porque contestarnos hoy, no esperamos que tome ya la decisión, -volvió a decir el del MI6 comprensivo- pero tenemos entendido que actuará en el Copacabana de Nueva York dentro de dos semanas, momento en el cual, nuestro embajador en EEUU se sentirá tan fascinado por su esplendida actuación que la invitará a la embajada, el día en que sea citada, deberá dar la respuesta a nuestra pregunta ese día, no habrá mas retrasos. Bueno, es tarde así que no quiero entretenerla más tiempo, así que puede irse si no quiere decir nada más, el mismo taxista que la trajo aparecerá de nuevo en la puerta y la llevará a su hotel si así lo desea, buenas noches.
          Dijo el del MI6 mientras se despedía y el de Scotland Yard acompañaba a Daisy a la entrada para llevarla de nuevo por el camino por el que habían llegado.
         Cuando los dos directores de los servicios secretos se quedaron solos y estuvieron seguros de no ser oídos por nadie, el del MI5 dijo:
    -¿Y si descubre la verdad sobre su padre una vez que ya sea espía?
    -Tranquilo Vernon -dijo con una frialdad absoluta que no había mostrado a Daisy el del MI6 que se llamaba Hugh "Quex" Sinclair y que estaba a punto de suceder al director real del MI6 Cumming que moriría al año siguiente, y que de hecho, ya se ocupaba de muchas de sus facetas- yo me encargaré de ocultar eso de momento y asegurarme de que la chica no lo sepa; y ambos sabemos que es inevitable que acabe descubriendo la verdad, pero para cuando lo haga, puedo asegurarte que ya será tarde -concluyó mientras sorbía la última gota de su té con limón que se había quedado frío después de una noche tan larga.
     
    Continuará...
    June 17

    La guerra de Daisy: Capítulo 3

          La verdad es que Grandes Relatos siempre fue una de las secciones que quise hacer, y me ha parecido injusto haberla dejado descuidada durante tanto tiempo, por lo que voy a poner algun capítulo más seguidos (no demasiados porque sino descuidaría al resto de secciones) ya que al paso en que vamos esta novela no se acabará nunca, aunque soy consciente de lo mucho que disfruto haciendola, espero que tanto como vosotros leyendola:
     
    Capítulo 3:
     
          Aquella fría noche inglesa de 1922 no era lo más agradable para dar un paseo, y si bien el inexcrutable hombre que la acompañaba no parecía tener el más mínimo frío, tal vez porque él mismo era más frío que el propio tiempo; si que lo tenía aquella artista de piel clara, casi palida; labios dulces y rojos y hermoso y brillante cabello negro corto; que aquella noche no había previsto un paseo por Londres y que no llevaba más que un lígero abrigo de piel que servía más para dar a los que lo vieran sensación de elegancia que para cubrir aquel cuerpo delgado y atletico, que se había formado así gracias a las complicadas coreografías que ella misma solía diseñar para sus canciones y que exigían un entrenaminento diario pues se podían a llegar a hacer varias acrobacias seguidas (una de las cosas que más impresionaba al público y que en parte la había catapultado a lo más alto hasta llegar a actuar en Broadway y convertirse en una de las chicas Ziegfeld, cosa muy importante en la época); a pesar de eso, la chica era delicada y lo cierto es que estaba bastante acostumbrada a las comodidades; así que entre aquel frío y aquel hombre igualmente helado; el primero le congelaba el cuerpo, y el segundo el alma.
         Daisy nunca se había caracterizado por quedarse sin palabras, con lo cual, sorprendida por su actitud, decidió romper el silencio aún a riesgo de provocar una situación más incomoda y formuló una pregunta que estaba deseando hacer mientras ya se iban aproximando al desertico Picadilly Circus que por el día hubiese sido una de las zonas más concurridas de la ciudad:
    -Digame señor... -dijo Daisy esperando que el hombre completara su frase con su nombre, como no lo hizo, decidió continuar- estoy intrigada, ¿como supo como iba a reaccionar y lo que iba a hacer esta noche?, como por ejemplo, ¿como sabía por donde iba salir del teatro, cuando lo iba a hacer, que iba a reclamar a un policía... etc?
    -Es mi trabajo saberlo -dijo el hombre cortante- ah, mire, ahí está nuestro taxi, puntual como siempre.
         Daisy estaba desconcertada, en una misma noche estaba siguiendo a un desconocido, se estaba montado en un taxi con él e iba a tener una supuesta reunión en la sede de Scotland Yard; aquello no parecía real, sino una pesadilla de la que deseaba despertar cuanto antes.
          Una vez dentro del taxi, el hombre no dijo nada al taxista que por una misteriosa razón sabía perfectamente a donde ir sin que nadie le diera ninguna dirección (rapidamente Daisy dedujo que el taxista era mucho más que eso; lo que no hacía más que inquietarla aún más, ¿a que venía tanto secretismo?).
          Pronto se alejaron del centro y comenzaron a ir por calles menos iluminadas; mientras eso sucedía, nadie pareció tener nada que comentar hasta que el hombre dijo:
    -Señorita Grover, va a tener una reunión totalmente secreta, estrictamente confidencial, espero que entienda lo que digo, esto jamás ha sucedido, y no debe contarselo a absolutamente nadie, al menos de momento, ni siquiera a su madre Julia o su hermana Violet a las que pensaba visitar mañana en Windsor antes de volver a nortemerica en dos días...
    -¿Pero como... -dijo entre asombrada y escandalizada Daisy
    -Como ya le he dicho -dijo con la expresión de quien está harto de repetir una y otra vez algo- es mi trabajo saberlo. Como le iba diciendo, tendrá una reunión inexistente con unos caballeros que jamás habrá visto; en la reunión procure evitar su tendencia a hacer continuas preguntas y responda con claridad y sinceridad, especialmente lo último, como acaba de comprobar, sabemos todo lo que hay que saber de usted, probablemente más de lo que pueda imaginar -aquel hombre claramente sabía como intimidar a alguien- y sobre todo sea consciente de la relevancia de esta reunión, tanto para su vida como para su país.
         El coche paró, al fin habían parado ante un edificio bastante grande que aparentemente estaba cerrado y en el que parecía que no había nadie, pero que tan pronto aparcaron se notó la presencia de alguien detrás de la puerta que parecía dispuesto a abrirla y cerrarla lo más rápido y discretamente posible tan pronto entraran.
         Daisy seguía sin saber muy bien como reaccionar, aquella maravillosa introducción del hombre tétrico que la había ido a buscar no era lo mejor para coger confianza; no obstante, decidió mostrar sus grandes dotes dramáticas y fingió tener una gran seguridad en si misma la cual reafirmó cuando confirmó por un enorme cartel que efectivamente aquella era la sede de Scotland Yard, lo cual hizo mientras ascendía con sus elegantes zapatos de tacón alto la escalera que llevaba a la puerta con la misteriosa persona detrás; sin tener ni idea de lo que la aguardaba allí.
         Tal como había supuesto, el hombre abrió la puerta tan pronto llegaron y el policía casi la empujó dentro rapidamente. Estaban dentro del edificio.
         Siguieron andando mientras seguían al hombre de la puerta al que Daisy no llegó a verle la cara, por un amplio y oscuro vestibulo hasta unos ascensores donde se hizo todo lo posible por ocultar a la chica a que piso subían "tal vez" -reflexionó- "todo está oscuro no sólo por otras personas, sino también por mi, para que no pueda describirlo en un futuro", la artista siguió reflexionando sobre esto mientras subían.
         Por fin, llegaron al piso correspondiente y el hombre de la puerta se quedó en el ascensor, mientras Daisy seguía siendo escoltada por el hombre que la había ido a recoger y al que siguió por un largo pasillo oscuro en el que sólo se advertía la luz de la luna que entraba por las ventanas de los despachos acristalados pero con todas las persianas bajadas y las puertas hermeticamente cerradas que se extendían por aquel, en opinión de Daisy, infinito pasillo.
         Finalmente, se acercaron a una puerta con un cristal cercana al final, en la que se adivinaba una pequeña luz.
    -Pase -dijo con cierta cortesía por primera vez el hombre- ya sabe que la estabamos esperando. 
     
    Continuará...